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domingo, 10 de mayo de 2026

La Habana : cuando la ayuda encuentra su camino

Carta de un cliente a mi solicitud. 


He viajado por medio mundo y, si algo se aprende cuando tienes la suerte de nacer en una burbuja de comodidad, es a desconfiar. He visto la pobreza convertida en espectáculo y la ayuda convertida en un negocio turbio donde el dinero parece evaporarse antes de llegar a quien lo necesita. Por eso, mi viaje a Cuba iba a ser uno más: fotos bonitas, un poco de historia y esa distancia prudencial que uno pone para que la realidad no le duela demasiado.

Pero entonces conocí a este guía. No era el típico que te intenta vender la cena más cara o te pide una propina desesperada. Fue una experiencia diferente desde el principio. Cuando surgió el tema de las carencias del país y le pregunté cómo podía echar una mano, su respuesta me descolocó: " Si de verdad quieres ayudar, acompáñame y ponlo tú mismo en las manos correctas".

Esa transparencia me rompió los esquemas. Me llevó a un hogar de niños pequeños, hijos de madres que están en prisión. El lugar, mantenido por monjas cubanas, españolas, portuguesas, estaba impecable, lleno de amor, pero las carencias gritaban en silencio. Ver a esos niños de menos de cinco años, que no tienen la culpa de las decisiones de sus padres, te sacude por dentro. No hubo intermediarios, no hubo sobres cerrados. Estábamos allí, viendo la necesidad real frente a frente.

Luego fuimos a la sacristía de una iglesia. Allí ocurre algo que te parte el alma y te la reconstruye al mismo tiempo. Conocí a familias que vienen de provincias lejanas a La Habana porque sus hijos tienen cáncer. Llegan buscando una cura, una consulta de un dia y regresar a casa lo antes posible , y todo sale completamente diferente ante la terrible noticia, y se encuentran con que no tienen dónde dormir, ni sábanas limpias, ni lo más básico para subsistir mientras dure el tratamiento. Es gente que lo ha dejado todo por salvar a sus hijos y se encuentra en una ciudad desconocida sin nada en los bolsillos.

Lo que más me impactó no fue solo la dureza de la situación, sino la forma de canalizar la ayuda. Esta persona quería que yo viera el rostro de quien recibía la sábana, el medicamento o el recurso. Eso es lo que te quita la sospecha y te hace querer involucrarte más.

A veces, en nuestros países del primer mundo, también tenemos problemas, claro que sí. Pero ver esa vulnerabilidad extrema en los ojos de un niño enfermo y saber que tu ayuda va a llegar íntegra, sin que nadie le muerda un pedazo en el camino, te da una satisfacción que no se compra con nada. Me fui de allí con menos peso en la maleta y mucho más peso en el corazón, entendiendo que la verdadera generosidad no es dar lo que sobra, sino asegurar que lo que das realmente cambie un pedacito del mundo.

Espero que, si alguna vez visitan la isla, tengan la suerte de cruzarse con que no les pida, sino que les enseñe dónde hace falta. Es la diferencia entre ser un simple turista y ser, por un momento, un ser humano conectado con otro.



Humberto. Maestro y guia en la Habana.

Whatssap: +5352646921

Instagram: humberto_habana








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