viernes, 10 de abril de 2026

Nos Acosa el Carapálida

 


Nos Acosa el Carapálida: Del Conquistador con Armadura al del Traje de Marca


Existe una imagen que los pueblos originarios de América del Norte supieron leer con una claridad que la historia oficial nunca ha querido reconocer. Cuando nombraron al invasor europeo carapálida, no estaban insultando. Estaban diagnosticando. Estaban describiendo, con una precisión que ningún tratado académico ha superado, la fenomenología del poder que llegaba sobre caballos armados a reclamar como propio lo que siempre había pertenecido a otros.

Cinco siglos después, el carapálida sigue aquí.

Ha cambiado de ropa. Ha cambiado de instrumento. Pero la lógica es la misma: llegar, tomar, destruir lo que no puede tomar.


El Conquistador No Ha Muerto: Solo Se Ha cambiado de Traje

El conquistador llegaba con armadura, con cruz y con espada. La Inquisición era su departamento jurídico: quemaba en la hoguera lo que no podía convertir, torturaba lo que no podía doblegar. La violencia era directa, visible, orgullosa de sí misma.

El carapálida de hoy llega en traje de marca italiana, con resoluciones del Congreso y comunicados del Departamento de Estado. La armadura se llama ahora sanción económica. La hoguera se llama bloqueo. La espada se llama interés nacional.

Pero el resultado es el mismo: pueblos que no pueden comprar medicamentos, niños que crecen bajo escasez fabricada desde afuera, economías estranguladas no por su propia incapacidad sino por la voluntad deliberada de quien decide que ese pueblo no merece prosperar mientras no se arrodille.

Nos acosa el carapálida. Nos acosa con la espuela, el sable y el arnés. Caballería asesina de antes y después.

 Cara Pálida Tiene Nombre, Pero También Tiene Disfraces

Sería demasiado cómodo reducir el carapálida a una sola figura. Sí: hay una imagen que en este momento histórico concentra la esencia del método con una transparencia casi pedagógica.

Donald Trump es el carapálida sin disfraz. Es la versión que dejó caer la máscara de la diplomacia y mostró la lógica desnuda del conquistador: tú tienes algo que yo quiero, y si no me lo das voluntariamente, encontraré la manera de quitártelo.

Pero sería un error mirarlo a él y no ver a los que están detrás, a los lados, a los que vinieron antes y vendrán después con trajes más elegantes y retórica más pulida. El carapálida europeo en su sede de Bruselas, calculando qué sanciones aplicar a qué país . El carapálida financiero en sus oficinas de Wall Street o la City de Londres, decidiendo qué deuda es impagable y qué economía debe colapsar. El carapálida tecnológico que controla las plataformas donde los pueblos del sur global intentan existir digitalmente y que un día, por decreto de Washington, simplemente los borra.

Todos tienen la misma cara. Todos comparten el mismo método.

Las Nuevas Armas: Bloqueos, Sanciones y la Destrucción de la Mente

El conquistador del siglo XXI ha aprendido a ser mas perverso: matar lentamente, y hacer que la víctima parezca responsable de su propia agonía.

El bloqueo económico es la Inquisición moderna. No quema en la hoguera: deja sin medicamentos a los hospitales, sin repuestos a las fábricas, sin acceso a los mercados internacionales a los productores locales. Mata con la misma eficacia que la espada, pero con la ventaja adicional de que el ejecutor puede lavarse las manos. "Nosotros no les hacemos nada", dice el carapálida. "Son ellos los que no saben administrarse."

Y cuando el cuerpo resiste —cuando el pueblo no colapsa— llega el ataque a la mente. La industria cultural como arma de guerra. Las plataformas digitales diseñadas para colonizar la imaginación de los jóvenes, para convencerlos de que el único futuro posible es el futuro que el carapálida ha diseñado para ellos: consumidores, nunca productores; espectadores, nunca protagonistas; individuos atomizados, nunca pueblo organizado.

Nos acosa con su elixir de la prostitución. Nos acosa con su forma de ver, su estética, su ángulo, su estilo, su saber. Nos acosa con sintetización y quiere hundirnos el alma con tuercas de robot.

El maestro que enseña historia propia es su enemigo. El médico que cura sin depender de sus farmacéuticas es su enemigo. El periodista que nombra lo que ocurre sin usar sus categorías es su enemigo. Por eso el carapálida lucha contra maestros y médicos: no porque sean peligrosos en abstracto, sino porque la conciencia y la salud son las dos formas más básicas de soberanía, y la soberanía es lo que el conquistador ha venido a destruir desde el primer día.

Cuando la Guerra Sutil No Basta: El Monstruo

Hay un momento en el método del carapálida que es su verdad más desnuda. Es el momento en que la guerra sutil —el bloqueo, la sanción, la colonización cultural, el financiamiento de la oposición interna— no logra su objetivo. Cuando el pueblo, contra todos los pronósticos y todas las presiones, insiste en existir en sus propios términos.

Entonces aparece el monstruo.

El monstruo tiene forma de portaviones en el Caribe. Tiene forma de base militar en ciento cincuenta países. Tiene forma de golpe de estado ejecutado con precisión quirúrgica en la mañana, seguido de un comunicado preocupado por la democracia en la tarde. Tiene forma de bomba inteligente que cae sobre infraestructura civil y es presentada en los noticieros del norte como operación de precisión.

Nos acosa con su monstruo de radiactividad, su porvenir de arena, su muerte colosal.

Esta no es retórica. Es la historia documentada de Hiroshima y Nagasaki. Es Corea, Vietnam, Iraq, Libia, Siria y ahora Irán. Es la amenaza permanente que pesa sobre cualquier país que decida que sus recursos naturales, su política exterior, su sistema de gobierno, no están a la venta.

El carapálida no acepta el "no". Nunca lo ha aceptado. Desde que llegó a estas costas hace cinco siglos con sus cruces y sus arcabuces, la negativa del otro ha sido interpretada como una declaración de guerra.

 Somos la Tierra, el Agua, el Aire y el Fuego

Frente a todo esto, la canción que inspira estas reflexiones no propone resignación ni odio

La tierra nos quiere arrebatar. El agua nos quiere arrebatar. El aire nos quiere arrebatar. Y sólo fuego, y sólo fuego vamos a dar.

La tierra no es metáfora. Es el lugar donde vivimos, donde producimos, donde enterramos a nuestros muertos y nacen nuestros hijos. Arrebatarla es el primer acto del conquistador y también el último que pretende realizar. El agua es recurso y es derecho y es argumento de las guerras que vienen. El aire es el espacio que compartimos, el clima que estamos heredando destruido por siglos de industrialización sin consecuencias para quienes la ejercieron.

Y el fuego: no destrucción, sino energía irreductible. La voluntad de existir que ningún bloqueo ha logrado extinguir del todo. La convicción de que somos nuestra tierra, nuestro aire, nuestra agua, nuestro fuego, y que eso no se negocia, no se cede, no se entrega en ningún trueque de uno a mil.

 Hasta Que Todos Juntos Le Demos Su Lugar

El carapálida vive de acosar. Necesita del acoso como necesita del oxígeno: sin él, sin la extracción permanente del trabajo, la riqueza y la soberanía ajenos, su propio sistema no puede sostenerse. Por eso no para. Por eso no puede parar. La violencia  es su método.

Pero tiene un límite. Siempre ha tenido un límite.

Ese límite somos nosotros: cuando dejamos de mirarnos como víctimas individuales de un acoso individual y reconocemos la estructura, cuando nombramos el método, cuando comprendemos que el que bloquea a Cuba y el que sanciona a Venezuela y el que amenaza a Irán y el que financia golpes en África y el que controla los precios del trigo en Asia son expresiones del mismo impulso conquistador que llegó hace cinco siglos a estas costas creyendo que el mundo era suyo.

Nos acosa el carapálida que vive de acosar hasta que todos juntos le demos su lugar.

Darle su lugar no es venganza. Es historia. Es reconocer al enemigo con claridad, sin los eufemismos que él mismo fabrica para protegerse, y actuar en consecuencia con la unidad que él más teme.

La cara pálida, con todo su bronceado artificial y sus trajes de marca y sus portaviones y sus sanciones, no es eterna. Ninguna forma de dominación lo ha sido jamás.

Somos la tierra. Somos el fuego.

Y el fuego no pide permiso.

sábado, 4 de abril de 2026

El secuestro que no aparece en los noticieros

Sobre las familias cubanas divididas, el chantaje afectivo y el dinero como arma. 

Hay un secuestro que ocurre en silencio, sin titulares ni condenas internacionales. No es la familia la que está presa —es la familia la que hace la prisión. Y muchos ni siquiera se dan cuenta.

Hace tiempo, Fidel Castro reconoció públicamente que se había equivocado al tratar la emigración cubana como un fenómeno exclusivamente político. Fue una admisión notable, aunque tardía. Porque lo cierto es que la emigración cubana —como casi toda emigración en el mundo— tiene raíces mucho más humanas y cotidianas que ideológicas. Gente que se fue buscando trabajo, buscando familia, escapando de una crisis económica, huyendo del racionamiento o simplemente persiguiendo una vida diferente. En los años 60, la crisis de octubre, las tensiones geopolíticas, las invasiones —todo eso empujó a personas que no eran necesariamente disidentes, sino seres humanos en busca de algo más estable.

Pero al enmarcar esa salida como acto político, se creó un efecto perverso: muchos que emigraron por razones puramente materiales terminaron politizándose con el tiempo. El vivir en Estados Unidos principalmente, el resentimiento acumulado, la comunidad receptora, los medios, la nostalgia —todo contribuye a convertir lo que era una decisión de vida en una posición ideológica.

Y ahí empieza el problema.

Hace poco, una joven cubano-americana —nacida en Estados Unidos, criada lejos de la isla— visitó a su familia en Cuba. Lo que dijo a su regreso merece detenerse a pensarlo: su familia en Cuba, dijo, estaba secuestrada. No por el gobierno. Por ellos mismos. Por la familia en el exilio.

Eso es exactamente lo que pasa. En la Cuba de hoy, con el bloqueo apretando y la economía en situación crítica, muchas familias dependen de las remesas que llegan del exterior. Ese dinero salva vidas, compra comida, paga medicamentos. Es real. Es urgente. Y es, también, una cadena.



Porque quien manda el dinero —con frecuencia alguien que lleva décadas fuera, que ha construido una narrativa sobre por qué tuvo que irse, que carga con un complejo de culpa enorme por haber dejado atrás a sus ancianos, a sus hijos, a su barrio— ese alguien tiene una condición implícita o explícita: que tú pienses como él piensa. Que repitas lo que él necesita escuchar. Que confirmes su relato.

Y entonces la familia en Cuba aprende a mentir. No por maldad. Por supervivencia.

No puedes decirle a tu prima en Miami que entiendes ciertos logros de la revolución, porque si lo haces, como se dice en Cuba, te cortan el agua y la luz. Se acabó el dinero. Y eso, en las circunstancias actuales, no es una discusión filosófica —es hambre real.

Así funciona el chantaje: no hace falta decirlo con palabras. Todos saben las reglas. El que está acá sabe lo que tiene que decir. El que está allá sabe lo que quiere escuchar. Y el dinero muchas veces circula sobre ese acuerdo tácito de falsedad.

Lo curioso —y lo triste— es que esto parece ser una particularidad de la diáspora cubana. No es lo que ocurre con las comunidades mexicanas, dominicanas, salvadoreñas, y de otros paises. Cuando alguien en esas comunidades manda dinero a su familia, lo hace porque es su familia. La ayuda es humanitaria, no ideológica. Nadie le exige a su abuela en Oaxaca que condene al gobierno mexicano como condición para recibir los dólares de fin de mes.

En el caso cubano, la emigración fue tan marcada por la política —tan convertida en símbolo de un lado u otro de una guerra fría que nunca terminó del todo— que el afecto familiar quedó contaminado por la geopolítica. Y la familia que quedó en la isla paga ese precio cada vez que abre la boca, o cada vez que decide no abrirla.

¿Quién tiene la culpa? Esa es la pregunta fácil y también la menos útil. El bloqueo creó la necesidad económica. La politización de la emigración creó la dependencia ideológica. Y en el medio, personas concretas —con sus miedos, sus culpas, sus amores y sus rencores— reproducen un sistema de control que no necesita uniformes ni cárceles.

Se llama secuestro. Y la cerradura está hecha de dólares y euros

domingo, 29 de marzo de 2026

En Cuba: ¿Para que usar Facebook ?

 Todos pueden llegar al mundo (pero algunos llegan mucho más lejos que otros)



Hay una frase que se repite en casi todas las presentaciones de marketing de las grandes plataformas digitales, en los discursos de emprendimiento y en los tutoriales de cualquier gurú del contenido: "Con internet, cualquiera puede llegar a cualquier parte del mundo." La escuchamos tantas veces que terminamos absorbiéndola como verdad sin cuestionarla demasiado.

Pero hay algo en esa frase que no cierra del todo. Si fuera cierta del todo, ¿por qué existe tanta diferencia entre el alcance de un creador de contenido en California y otro en Cuba? ¿Entre una marca consolidada en Berlín y una que intenta despegar en la Habana? ¿Entre alguien que escribe en inglés y alguien que construye su audiencia en criollo haitiano, en quechua o en tigriña?

La respuesta incómoda es que esa diferencia no solo existe, sino que es estructural. No es cuestión de esfuerzo, creatividad o calidad del contenido. 

Una plaza pública que en realidad es un centro comercial

Lo que en realidad existe no es una plaza pública, sino una infraestructura privada diseñada con un objetivo muy concreto: generar dinero a través de la atención. Y eso lo cambia todo, porque cuando el objetivo central es monetizar la atención, el contenido empieza a evaluarse por su valor dentro del sistema publicitario.

 el modelo no es el de la comunicación libre entre personas. Es el de capturar datos de comportamiento, procesarlos y venderlos como predicciones a anunciantes que quieren influir en decisiones de consumo. El usuario no es el cliente. Es la materia prima.

No todos los usuarios valen lo mismo para el mercado

El usuario en un mercado con menor poder adquisitivo genera menos ingreso publicitario. No porque sea menos inteligente, menos creativo o menos interesante. Sino porque el sistema que distribuye visibilidad está calibrado para maximizar rentabilidad, no para democratizar voces.

Esto es el resultado natural de un modelo de negocio que se optimiza solo. Nadie en una sala de reuniones decidió que los creadores de contenido en el sur global merecen menos alcance. Pero el algoritmo, que aprende a maximizar los ingresos publicitarios, llega a ese resultado de todas formas.

Infraestructura, tiempo y recursos: las desventajas que nadie menciona

Hay otro nivel de desigualdad que rara vez aparece en las conversaciones sobre contenido digital, y tiene que ver con algo mucho más concreto: los recursos físicos que se necesitan para competir.

Un creador de contenido con acceso a fibra óptica estable, un equipo de grabación decente, software de edición, tiempo libre para producir y una cuenta bancaria que le permita invertir en promoción no está en las mismas condiciones que alguien que administra sus datos móviles, graba con lo que tiene a mano, edita entre turno y turno y no puede permitirse gastar en pauta publicitaria.

No hace falta que haya una política explícita de discriminación. Alcanza con que el sistema esté diseñado para funcionar en condiciones que no son las de la mayoría del mundo.

El idioma que no se ve pero pesa

Existe una barrera que opera de manera casi invisible porque nunca está escrita en ningún lado: el peso diferencial de los idiomas 

El inglés domina internet de una manera que va más allá de la cantidad de usuarios. Las plataformas fueron construidas en inglés, con lógicas culturales anglosajonas, pensando en mercados donde ese idioma es el nativo o el hegemónico. Y aunque hoy esas plataformas funcionan en decenas de idiomas, la manera en que el sistema distribuye visibilidad no es neutral respecto al idioma: el contenido en inglés tiende a cruzar fronteras con más facilidad. Genera más interacciones transnacionales. Es más frecuentemente amplificado hacia audiencias que no lo buscaban activamente. El contenido en otros idiomas, incluso cuando tiene calidad y relevancia, tiende a quedar más confinado a comunidades lingüísticas específicas.

Lo que se viraliza no siempre es lo que importa

la desinformación se difunde más rápido y más lejos que la información verificada. Y la razón es bastante simple: genera reacciones emocionales más inmediatas e intensas.

El algoritmo no evalúa si algo es verdad. Evalúa si genera interacción. Y las emociones rápidas, la indignación, el miedo, el humor extremo, el escándalo, generan más interacción que los argumentos matizados, las explicaciones complejas o las narrativas que requieren contexto para entenderse.

 No hay una salida limpia.

Moderación de contenido y el sesgo que nadie admite

Las políticas de moderación de plataformas como Facebook, Instagram o YouTube son desarrolladas principalmente por equipos ubicados en Estados Unidos y Europa, desde marcos culturales, políticos y legales muy específicos. Esas políticas luego se aplican de manera global, a contextos diversos.

El resultado puede ser que contenido perfectamente legítimo dentro de ciertos contextos culturales sea marcado como problemático por moderadores que no tienen el contexto para interpretarlo. O que ciertos temas, por su sensibilidad en el contexto político donde se diseñaron las reglas, reciban menos distribución aunque sean de interés público legítimo.

¿Por qué estas redes son inútiles para un hombre de negocios en Cuba, pero perfectamente funcionales para sembrar el desorden y apoyar el bloqueo?

Esta pregunta merece una respuesta directa, porque toca algo que generalmente se esquiva en los debates sobre tecnología y democracia digital.

Un empresario cubano que quiere usar Facebook, Instagram o cualquier plataforma de Meta para hacer crecer su negocio se enfrenta a un muro que no es metafórico. Es técnico, legal y financiero al mismo tiempo.

Las sanciones del bloqueo económico impuesto por Estados Unidos se extienden al mundo digital de maneras muy concretas. Las plataformas estadounidenses tienen prohibido ofrecer servicios comerciales a entidades cubanas bajo las regulaciones OFAC del Departamento del Tesoro. Eso significa que un emprendedor en La Habana no puede monetizar su contenido en YouTube. No puede usar Facebook Ads para promocionar su negocio. No puede integrar pasarelas de pago. No puede acceder a las herramientas básicas que cualquier pequeño empresario en otro país usa sin pensarlo dos veces.

Y si a eso le sumamos las limitaciones de conectividad, los precios del acceso a internet que resultan prohibitivos para la mayoría, y la inestabilidad del servicio, el panorama es claro: las herramientas que supuestamente democratizan el comercio global no están disponibles, en la práctica, para quien quiere hacer negocios legítimos desde Cuba.

Pero aquí viene la paradoja que pocas veces se señala con suficiente claridad.

Esas mismas plataformas, que le cierran la puerta al empresario cubano, funcionan perfectamente bien para otro tipo de operaciones. Las cuentas que difunden desinformación sobre Cuba, que coordinan campañas para amplificar protestas, que promueven narrativas de desestabilización o que organizan desde el exterior acciones orientadas a generar desorden interno, no tienen ningún problema técnico para operar. No enfrentan restricciones de monetización. No necesitan pasarelas de pago cubanas. No dependen de infraestructura local.

Operan desde Miami, desde Madrid, desde cualquier lugar fuera de la isla, con todas las herramientas disponibles, con presupuestos publicitarios en dólares, con acceso a las funciones avanzadas de segmentación que permiten dirigir mensajes específicos a audiencias específicas dentro de Cuba.

 Es una asimetría política con consecuencias muy concretas: el mismo sistema que bloquea las herramientas económicas del emprendedor cubano permanece abierto y funcional para quienes buscan desestabilizar el tejido social del país desde afuera.

Esto no ocurre porque Mark Zuckerberg haya firmado un memorando contra Cuba. Ocurre porque las regulaciones del bloqueo, que las plataformas están obligadas a cumplir bajo pena de sanciones multimillonarias, fueron diseñadas para asfixiar la economía cubana. Y en el mundo digital, eso se traduce en que el comercio queda bloqueado pero la propaganda no.

Las licencias OFAC tienen excepciones explícitas para ciertos tipos de contenido, especialmente aquel vinculado a la "libre circulación de información". El activismo político, la difusión de narrativas de oposición, la coordinación de campañas de presión: todo eso cabe bajo la excepción. Vender artesanías o promocionar un restaurante en La Habana, no.

Es una arquitectura construida con precisión. No es un efecto secundario accidental del bloqueo extendido al mundo digital. Es su expresión más sofisticada.

 conviene no olvidar: no son herramientas neutrales que el poder utiliza de manera oportunista. Son infraestructuras que, en determinados contextos geopolíticos, funcionan de manera selectiva. Abiertas para unos usos, cerradas para otros. Y esa selectividad no es aleatoria. Responde a quién define las reglas, desde dónde las define y a quién le conviene que funcionen así.

Entonces, ¿de qué sirven las redes?

El problema no es que no funcionen. El problema es creer que funcionan igual para todos, desde todos los contextos, con todos los recursos, en todos los idiomas.

Una forma más honesta de pensarlo sería esta: las redes sociales no eliminan las desigualdades del mundo, las reorganizan dentro de un nuevo sistema de visibilidad. Algunas barreras caen. Otras se levantan en lugares diferentes. Las jerarquías se mueven, pero no desaparecen.

Una estrategia más realista

Si alguien está intentando construir presencia digital desde un contexto con menos recursos, desde un idioma con menos peso en el ecosistema global o desde una realidad que no encaja fácilmente en los formatos que el algoritmo premia, hay algunas cosas que vale la pena asumir desde el principio.

La primera es que no se compite en igualdad de condiciones. Reconocerlo no es pesimismo ni resignación. Es el punto de partida para construir una estrategia realista en lugar de una basada en promesas que no se cumplirán.

La segunda es que el alcance orgánico masivo y global es la excepción, no la norma. Sucede. Pero es el resultado de una combinación de factores que incluyen suerte, timing y contexto, además de calidad. No es un resultado que se pueda planificar con certeza.

La tercera es que la estrategia tiene que adaptarse al sistema real, no al ideal que venden los tutoriales.

Y quizás lo más importante: entender el algoritmo como un entorno con sus propias reglas, no como un sistema justo que premia al mejor. Funciona mejor quien entiende las reglas del juego que quien asume que el juego es lo que parece.

Para terminar

El caso cubano no es una anomalía del sistema. Es su expresión más visible y más honesta. Un espejo donde se puede ver, sin adornos, qué tipo de comunicación protegen estas plataformas y qué tipo de comunicación bloquean. No la que democratiza el comercio. No la que da voz al emprendedor local. Sí la que sirve a los objetivos políticos de quienes controlan las reglas.

No basta con tener voz. Hay que entender quién controla el micrófono, cómo decide a quién escucha y bajo qué lógica distribuye la amplificación.




La Vara Rota: El doble rasero con que el Norte mide el privilegio ajeno

 La Vara Rota: El doble rasero con que el Norte mide el privilegio ajeno



 Cómo las élites globales normalizan sus propias opulencias mientras estigmatizan como "corrupción" hasta la luz eléctrica de un líder  en un país bloqueado. 

Hay una pregunta que los grandes medios de comunicación nunca se hacen: ¿con qué unidad de medida se pesa el privilegio? La respuesta, invariablemente, depende de quién lo detenta y en qué latitud del planeta se ejerce.

  I. El escándalo selectivo: cuando tener agua corriente es un crimen de Estado 

En los últimos años, hemos visto una práctica mediática que ya no sorprende pero sigue indignando: la cacería del detalle doméstico como herramienta de deslegitimación política. Un presidente latinoamericano que tiene luz en su despacho, un dirigente caribeño que dispone de agua potable en un contexto de bloqueo total, un líder africano que viaja en avión para representar a su pueblo... La prensa convierte estos hechos triviales en titulares de indignación moral. 

Lo que se omite cuidadosamente en ese relato es el contexto estructural: esos países viven bajo sanciones económicas, bloqueos financieros y embargos comerciales impuestos precisamente por las mismas potencias que luego señalan con el dedo. Si hay cortes de luz, es porque se impide la compra de piezas de repuesto. Si hay escasez de agua, es porque se bloquean los créditos para infraestructura. Y cuando un gobernante, en ese contexto de cerco, logra mantener las condiciones mínimas de funcionamiento del Estado, eso se presenta como privilegio escandaloso. 

Llamar "privilegio" a que un jefe de Estado tenga electricidad en un país bloqueado es una operación ideológica, no una denuncia moral. Es la lógica del carcelero que le reprocha al preso no tener mejores zapatos. 

II. La opulencia normalizada del Norte: lo que nadie titula  

Veamos el otro lado del espejo. ¿Cuánto gasta un CEO del Fortune 500 en un solo vuelo privado? El promedio ronda los 10.000 dólares por hora de vuelo, según datos de la industria aeronáutica privada. Elon Musk, en un solo año, registró más de 130 viajes en su jet privado personal, con emisiones de carbono equivalentes a las de cientos de familias obreras durante toda su vida. Jeff Bezos posee un superyate de 127 metros que requiere un segundo yate auxiliar solo para transportar su helicóptero. 

Ningún titular de The New York Times, Le Monde o El País ha presentado estas cifras como un "escándalo de privilegio incompatible con la democracia". No hubo informes especiales sobre "el lujo de los ejecutivos mientras la gente pasa hambre". Tampoco se convocaron paneles de expertos para debatir si un hombre puede legítimamente poseer más riqueza que el Producto Interno Bruto de cincuenta países combinados. Eso es, simplemente, el funcionamiento normal del sistema. No es noticia. No es escándalo. Es "éxito". 

Privilegio que no se cuestiona:

- CEO con jet privado de 15.000 USD/hora

- Billonario con isla privada en el Caribe

- Político del G7 con escolta permanente de 80 agentes

- Familia real con 775 habitaciones en Buckingham

- Hedge fund que evade 50.000 millones en paraísos fiscales

Privilegio que indigna a los medios:

- Presidente de país bloqueado con generador eléctrico

- Líder  con acceso a agua potable

- Ministro del Sur Global que viaja en avión comercial

- Gobierno popular que tiene una flotilla de vehículos oficiales

- Dirigente social con teléfono satelital 

 

 III. La función ideológica del doble rasero: deslegitimar sin debatir 

No se trata de un error periodístico. No es ingenuidad ni ignorancia. El doble rasero es un instrumento político consciente, parte de la caja de herramientas del entorno mediático. Su función no es informar sobre el bienestar o la austeridad de los gobernantes: su función es crear el terreno moral desde el cual atacar a los gobiernos que no se alinean con Washington, Bruselas o el FMI. 

La mecánica es sencilla: se establece un estándar de austeridad espartana que solo se le exige a los líderes del Sur. Si un presidente  cubano, nicaragüense o zimbabuense no vive en condiciones de pobreza demostrativa, es "hipócrita con su pueblo". Si un presidente norteamericano pasa sus fines de semana en una mansión de Mar-a-Lago o en la residencia de Camp David con helipuerto propio, eso es simplemente "la dignidad de la función presidencial".

 $434 mil millones — Patrimonio combinado de los diez hombres más ricos del planeta en 2024. Ningún medio hegemónico lo enmarca como un problema de justicia distributiva con la misma intensidad con que se critica el automóvil oficial de un mandatario del tercer mundo. 

Esta trampa ideológica tiene además una capa más sofisticada: sitúa el debate en el plano de los gestos individuales y no en el de las estructuras sistémicas. En lugar de preguntarse por qué un país está bloqueado, en lugar de analizar el impacto de las sanciones sobre la población civil, en lugar de examinar cómo la deuda externa funciona como instrumento de sometimiento, el relato mediático reduce todo a: "¿tiene o no tiene aire acondicionado el gobernante?". Es la espectacularización de lo accesorio para ocultar lo esencial. 

 IV. El bloqueo como arma de guerra y su invisibilización mediática 

Existe un crimen que los grandes medios rara vez nombran como tal: el bloqueo económico unilateral. Cuando una potencia impone sanciones que impiden a un país importar medicamentos, alimentos, combustible o tecnología, está ejerciendo una forma de violencia colectiva sobre una población entera. Los muertos del bloqueo no aparecen en estadísticas de conflictos armados. Pero mueren igual. 

En ese contexto, la figura del líder que gobierna bajo asedio adquiere una dimensión completamente distinta a la del gobernante  que administra un Estado en condiciones de normalidad capitalista. Uno opera con los recursos de la hegemonía global a su disposición. El otro debe administrar la escasez inducida artificialmente por actores externos que no rinden cuentas a nadie. Medirlos con la misma vara no es objetividad: es complicidad. 

Cuando el bloqueo produce escasez y la escasez produce sufrimiento, los medios culpan al bloqueado. Es la lógica de acusar a la víctima de haber recibido el golpe. 

Cuba lleva más de seis décadas bajo el bloqueo más largo de la historia moderna. Haití fue saqueado durante siglos y todavía paga, literalmente, la "deuda de la independencia" a sus propios colonizadores. Zimbabwe fue sometido a sanciones que devastaron su economía. Irán, Venezuela, Nicaragua: el patrón se repite. Y en cada caso, cuando la situación se deteriora, el análisis hegemónico concluye que el problema es el socialismo, el populismo, o la personalidad del líder.Nunca el bloqueo. Nunca las sanciones. Nunca el extractivismo histórico. 

V. Una ética consecuente: el mismo rasero para todos 

Una postura política consecuente no significa defender acríticamente cualquier acto de cualquier gobernante del Sur. Significa aplicar los mismos criterios de exigencia con independencia de la orientación política del país evaluado. Significa que si se critica la concentración de recursos en manos del poder, esa crítica debe alcanzar con igual fuerza a Jeff Bezos, al Rey de Arabia Saudita y al de España, a los lobbies farmacéuticos y a los partidos europeos financiados por fondos de capital privado. 

Significa también entender que el privilegio es sistémico, no individual. El problema no es que un líder popular tenga acceso a bienes básicos. El problema es que el sistema capitalista global produce y reproduce una concentración obscena de riqueza en pocas manos, mientras decenas de millones de personas carecen de lo más elemental. Eso no se resuelve exigiendo austeridad simbólica a los líderes del Sur.

Mientras esa discusión no se ponga en el centro, el doble rasero seguirá siendo lo que siempre ha sido: un arma ideológica al servicio del orden que dice cuestionar. 

 En conclusión 

La próxima vez que un medio hegemónico publique un reportaje escandalizado porque un dirigente popular del tercer mundo tiene agua caliente, electricidad o un vehículo oficial, hágase una sola pregunta: ¿ese mismo medio dedicó un reportaje igualmente indignado al yate de tres pisos, al jet privado o a la mansión de un ejecutivo de Wall Street? La respuesta a esa pregunta revela todo lo que necesita saber sobre quién escribe la historia y para qué sirve. 

jueves, 19 de marzo de 2026

NUESTRO SUFRIMIENTO NO LOS HACE TRIUNFADORES

Cuba: La Lucha Eterna de un Pueblo Imperecedero – Nuestro Sufrimiento no es su Victoria 

 (pero le da esperanzas al mal)








Los cubanos hemos sufrido mucho por esta batalla entre el bien y el mal. Cada uno identifica al mal y al bien, pero no hay nada preciso. Puedo hablar en primera persona, pero no lo haré por cuestión de dignidad, que a veces duele.

Hemos pasado hambre. Hemos tenido que rogar por ayuda a los que nos dieron la espalda. Hemos tenido que trabajar por centavos o incluso por un jabón. Nos han envenenado la comida, nos han rociado epidemias, nos han tumbado aviones con gente joven y prometedora en ellos, nos han negado medicamentos para tratamientos tan sensibles como el cáncer por solo mencionar uno. Nos hemos endeudado hasta los huesos y no sabemos cómo pagar no digo ya la deuda sino los intereses, porque cada paso que se da en una dirección nos lo sabotean. Han confiscado cuentas en bancos extranjeros, un dinero hecho con sangre y sudor. La lista sería interminable.

Pero nuestro sufrimiento no los hace vencedores. Nuestro sufrimiento tiene múltiples orígenes, y todos generados por la codicia y el ego de los poderosos, por la manipulación de un pueblo enorme de corazón y que quizás se esté convirtiendo en algo diferente en lo que queríamos convertirnos, pero que nunca desistirá en ser mejor y diferente a la decadencia de principios en que se está llenando el mundo.

En todo caso la nueva realidad que se abre en la Cuba de hoy hace renacer las esperanzas del mal.

Y aunque no sirva de nada decirlo en el universo actual, a veces es importante hasta gritarlo: Si, somos pobres, muy pobres, pero no de alma.

MIEDOS 2023

LEYENDO EL PERIODICO EL PAIS

CONFESIONES 

MEDIACION SOBRE CUBA

KABUL-HABANA . LECCION DE HISTORIA


domingo, 1 de marzo de 2026

MENTES COLONIZADAS . LA BATALLA

 

La Batalla Silenciosa por Nuestras Mentes:  Reconocer y Resistir la Colonización Mental

No se trata de rechazar el mundo. Se trata de no permitir que el mundo nos reemplace.



Hay una guerra que no aparece en los noticieros. No hay tanques, no hay soldados, no hay invasiones visibles. Pero sus efectos son profundos y duraderos: la colonización mental, ese proceso silencioso mediante el cual una sociedad deja de confiar en sí misma y comienza a mirarse con los ojos de otros.

No es teoría. Es algo que vemos cada día: en el joven que siente vergüenza de su acento, en el adulto que repite "aquí nada funciona" como mantra incuestionable, en la familia que considera automáticamente superior todo lo que viene de afuera. Es la erosión lenta de la capacidad de pensar, crear y decidir por cuenta propia.

Las Diez Señales de una Mente Colonizada

Reconocer el problema es el primer paso para combatirlo. Una mente colonizada muestra estos patrones:

  1. Pérdida de confianza en los saberes locales – Desconfiar sistemáticamente de lo que producimos nosotros mismos.
  2. Idealización de lo extranjero – Asumir que lo de afuera es mejor por definición, sin análisis.
  3. Internalización de jerarquías – Aceptar como natural nuestra supuesta inferioridad cultural.
  4. Apatía política – Resignación ante las decisiones que nos afectan.
  5. Búsqueda constante de validación externa – Necesitar aprobación foránea para valorar lo propio.
  6. Desconexión con la propia historia – Ignorancia o desprecio por nuestro pasado.
  7. Falta de creatividad – Limitarse a copiar modelos externos sin adaptarlos.
  8. Inseguridad cultural – Vergüenza de tradiciones, estética o expresiones locales.
  9. Consumo acrítico de medios externos – Absorber narrativas globales sin cuestionamiento.
  10. Resignación ante las desigualdades – Aceptar como inevitable lo que debería indignarnos.

Cómo Se Fabrica el Daño

La colonización mental no ocurre por accidente. Se construye metódicamente a través de varios canales:

La educación que desvaloriza las narrativas locales y enseña la historia desde perspectivas ajenas. Los medios de comunicación que normalizan modelos de vida importados. Las élites económicas que replican patrones externos por conveniencia. Una cultura de consumo que privilegia lo global sobre lo local.

Pero hay algo más profundo y contemporáneo: los algoritmos. Hoy la colonización simbólica entra por las redes sociales, por los contenidos virales, por las burbujas informativas que nos muestran el mundo según intereses que no controlamos. El control ya no se logra con censura; se logra con saturación dirigida.

Diez Estrategias Prácticas de Resistencia

Aquí está el núcleo del asunto. No podemos quedarnos en el diagnóstico. Necesitamos acciones concretas:

1. Educación Crítica (No Memorística)

Objetivo: Formar criterio, no repetidores.

2. Producción Cultural Propia (No Solo Consumo)

El problema: Consumir cultura extranjera sin producir la propia.

3. Independencia Informativa

Riesgo: Monopolio narrativo externo. Si no cuentas tu historia, otros la contarán. Y raramente te favorecerá su versión.

Quien controla el relato moldea la percepción.

4. Valorar lo Nacional Cuando Tiene Calidad

No se trata de defender lo local por patriotismo ciego. Se trata de reconocer excelencia donde existe, sin complejos ni prejuicios.

5. Revalorización Práctica de la Historia

No como propaganda, sino como comprensión profunda.

Sin memoria histórica, la identidad se vuelve reemplazable. Somos lo que recordamos ser.

6. Alfabetización Mediática y Digital

Hoy la colonización simbólica entra por algoritmos. Necesitamos:

  • Entender cómo funcionan las redes sociales
  • Identificar manipulación emocional en contenidos virales
  • Evitar burbujas informativas
  • Reconocer cómo nos rastrean y perfilar

El control contemporáneo no se logra con censura; se logra con saturación dirigida de contenidos.

7. Autoestima Cultural Sin Chauvinismo

Podemos admirar lo ajeno sin despreciarnos. Podemos valorar lo nuestro sin despreciar a otros.

8. Lenguaje y Narrativa Propia

Nombrar el mundo es una forma de poseerlo. Cuando importamos acríticamente términos y conceptos, importamos también las formas de pensar que los crearon.

9. Espacios Comunitarios Reales

Comunidad fuerte = identidad resistente.

El Elefante en la Habitación: La Contradicción Entre Discurso y Acción

Aquí viene un tema incómodo que debemos abordar con honestidad brutal.

He conocido personas en radio y televisión que se expresan de una manera delante de la cámara o el micrófono, y de otra forma —a veces hasta opuesta— en ambientes públicos. Es obvio que sus mensajes y textos cuando están trabajando suenan huecos y vacíos.

Cada reunión, cada congreso, cada seminario analiza estos temas y los formula magníficamente. Pero entre el discurso y la práctica hay un abismo. Se nota la apatía, la falta de iniciativas genuinas más allá de las consignas.

No basta con hablar de identidad cultural si luego promovemos contenidos mecánicos, sin emoción implícita, sin verdadera conexión con lo que decimos representar.

La colonización mental también se combate con coherencia. Con autenticidad. Con hacer realmente lo que decimos creer.

La Verdad Incómoda: No Todo Viene de Afuera

A veces atribuimos todo a influencias externas cuando la realidad es más compleja:

  • La desigualdad interna erosiona la autoestima colectiva
  • El sistema educativo a menudo no fomenta pensamiento crítico
  • Las élites locales replican patrones coloniales por conveniencia
  • La falta de oportunidades hace que lo externo parezca la única salida

No todo viene de fuera. A veces somos nosotros mismos quienes mantenemos las cadenas.

La Idea Central: Colonización No Es Imposición, Es Renuncia

Esta es la clave para entenderlo todo:

Ninguna cultura desaparece porque otra exista. Desaparece cuando deja de:

  • Crear
  • Pensar críticamente
  • Narrarse a sí misma
  • Confiar en su valor

Un país no pierde su identidad porque otros influyan. La pierde cuando deja de pensar, crear y decidir por sí mismo.

El Riesgo de la Cultura Museo

Hay una trampa sutil: convertir la identidad cultural en folclor congelado, en espectáculo turístico, en cliché autoparódico.

Cultura colonizada: Reduce la identidad a estereotipos simplificados, adapta tradiciones para complacer expectativas externas, convierte lo auténtico en producto comercial.

Cultura viva: Evoluciona sin diluirse, dialoga con lo contemporáneo, mantiene profundidad más allá de los clichés.

Si una cultura se reduce a caricatura turística, pierde complejidad. Y esto afecta tanto la percepción externa como la autoimagen nacional.

La cultura debe evolucionar o se vuelve museo. Y un museo es un espacio para lo muerto.

Lo Que Podemos Aprender de Quienes Han Resistido

Hay países que han logrado mantener identidad cultural fuerte en medio de la globalización. Sus estrategias comunes:

  1. Control del ecosistema informativo – No censura, sino promoción activa de plataformas y narrativas propias
  2. Producción masiva de cultura contemporánea – Identidad que se vuelve moderna sin dejar de ser auténtica
  3. Educación patriótica con excelencia técnica – Orgullo cultural combinado con competencia global
  4. Protección simbólica del idioma – Adaptación, no sumisión lingüística
  5. Soft power con identidad propia – Exportar cultura para fortalecer autoestima interna

Cómo Aplicar Esto en la Vida Diaria

Todo esto puede parecer abstracto. Bajémoslo a tierra:

Nivel personal:

  • Cuestionar lo que consumimos mediáticamente
  • Valorar lo local con criterio, no por obligación
  • Conocer nuestra historia real, con matices
  • Consumir medios diversos, no solo mainstream

En la educación:

  • Enseñar a detectar sesgos mediáticos
  • Comparar narrativas históricas de distintas fuentes
  • Analizar publicidad y sus mensajes implícitos
  • Debatir estereotipos culturales

En el trabajo cultural:

  • Crear contenidos que reflejen vida cotidiana real
  • Evitar la caricatura y el cliché
  • Promover orgullo sin propaganda
  • Reconocer contradicciones sin autodesprecio

La identidad comienza en casa. En las pequeñas decisiones diarias. En lo que consumimos, en lo que creamos, en cómo nos narramos a nosotros mismos.

Conclusión: La Resistencia Comienza Hoy

La colonización mental es real. Sus efectos son profundos. Pero no es inevitable.

Cada vez que cuestionamos una narrativa importada, cada vez que valoramos genuinamente un logro propio, cada vez que creamos algo desde nuestra realidad, cada vez que enseñamos a pensar críticamente, estamos resistiendo.

No se trata de nostalgia. No se trata de aislamiento. No se trata de superioridad.

Se trata de dignidad cultural. De mantener la capacidad de mirarnos con nuestros propios ojos. De construir un futuro donde seamos protagonistas de nuestra propia historia, no extras en la película de otros.

La pregunta no es si podemos resistir. La pregunta es si tendremos el coraje y la coherencia para hacerlo.

La batalla por nuestras mentes ya comenzó. ¿De qué lado estamos?


La verdadera resistencia no es rechazar lo externo. Es desarrollar una cultura capaz de dialogar sin diluirse. Capaz de crear sin copiar. Capaz de evolucionar sin traicionarse.

Mentes colonizadas

 Hay una tragedia mayor que la invasión militar de un país: la invasión mental de sus ciudadanos. 



En medio de la crisis regional, duele ver compatriotas celebrando las amenazas de Washington como una salvación. A estas personas es necesario hablarles con brutal honestidad: son las grietas del dique por donde se cuela el agua que terminará ahogándonos a todos. Abrirle la puerta al invasor es un suicidio, no una liberación. 

El primer error de la mente colonizada es creer que Estados Unidos viene a poner orden para luego irse.

 La historia demuestra todo lo contrario. Cuando una potencia entra por la fuerza, no lo hace para cambiar el gerente, sino para quedarse con la empresa. ¿Llegó la democracia a Irak o la prosperidad a Libia? No. Llegó el saqueo y la devastación.

 El invasor no viene a salvarte de tu presidente, viene por tu petróleo, tu litio y tu agua. Y cuando se lo lleven, estarás en las mismas condiciones, pero ahora sin país. 

Esperar dignidad de quien históricamente ha asfixiado la región es un síndrome de Estocolmo geopolítico. Es la lógica de creer que si sonríes, el abusador dejará de golpearte. 

La violencia imperial no distingue entre buenos ciudadanos y rebeldes. Para el capital transnacional, todos somos prescindibles. Creer que por apoyar la invasión te sentarán a la mesa de los vencedores es una fantasía infantil. Te dejarán, si acaso, recogiendo las migajas. 

 El gobierno es temporal, la nación es permanente. Desear que invadan tu tierra por odiar a un líder político es como incendiar tu casa con tu familia dentro solo porque no soportas al padre.

 El líder quizás caiga, pero las bombas, el hambre y la destrucción las pagarán tú, tus hijos y tus nietos. Pedir intervención externa es renunciar a la adultez política y admitir que somos incapaces de resolver nuestros propios problemas. Si el dique se rompe, el agua no seleccionará a quién ahogar.

 La invasión es una aplanadora que no respeta ideologías. Entender esto no te obliga a amar a tu gobierno, sino a defender tu suelo. En una colonia no hay ciudadanos, solo súbditos. Y a los súbditos nunca les va mejor, porque aplaudir las cadenas no te hace libre.

Humberto. Tours en la Habana. Historia, Arte, Sociedad. WhatsApp+5352646921  

Instagram: humberto_habana

CUBA. TRUMP. BLOQUEO PETROLEO DIARIO

 30 enero








Diario — Día 1

Después del día uno de que Trump decidió bloquear a Cuba en todos los sentidos con el petróleo y sancionar a los países que directa o indirectamente suministren petróleo a Cuba, la primera reacción que tuve fue enviar un mensaje por WhatsApp a los amigos por ahí para despedirme. Les dije que si desaparecía, no se preocuparan: que sencillamente, posiblemente, la compañía telefónica no tuviera petróleo, que Cuba no tendría petróleo.

Puede parecer un poco anticipado. Puede sonar exagerado. Pero realmente estas experiencias las vivimos, y nos sorprendieron ya varias veces en la historia de Cuba.

En mi generación, la primera sorpresa grande fue cuando desapareció la Unión Soviética y comenzó el Período Especial. Todo lo que vivimos después fue terrible. Lo que pasa es que en ese momento pensábamos que el problema iba a durar un tiempo, que no iba a ser tan dramático. ¿Por qué? Pensábamos que el gobierno podía encontrar una solución.

Pero claro, existía ya una ley Torricelli y, varios años después, vino la ley Helms-Burton, que eliminó casi toda probabilidad de solucionar. Pasamos muchos años comiendo muy mal, con grandes apagones… y aun así persistíamos. Pero sí existió una figura como Fidel Castro. Fue una presencia constante, una brújula emocional en medio de tanta incertidumbre.

Y luego, hasta que en el 1998, 1999, surgió Chávez en Venezuela, hubo una esperanza. Esa esperanza nos hizo resistir, quizás dos años más, hasta que Chávez estuvo bien consolidado como para comenzar a venderle petróleo a Cuba primero y después enviarlo en situaciones de mucha emergencia.

Después vino la pandemia —la reciente, entre 2019 y 2021— y nuevamente quedó la economía cubana en cero. El gobierno se gastó todo el dinero manteniendo una población de casi 11 millones de personas en sus casas, alimentándolos. Inclusive en aquella época no había grandes problemas con el petróleo y por lo tanto no hubo apagones tan severos, pero el Estado se quedó sin dinero. Terminó la pandemia y Estados Unidos aprovechó la situación, supo todo esto y apretó aún más.

Y entonces, los dos primeros 20años posteriores a la pandemia fueron los de grandes emigraciones —el 20, el 2021, el 2022— hacia Estados Unidos y todas las crisis que sabemos que hoy existen.

Sé que no va a alcanzar por muchas precauciones que tomemos, por mucho que almacenemos, por mucho que nos preparemos. Las circunstancias pueden ser terribles. Muchas personas pueden morir si se mantienen las condiciones tal como están.

Pienso que mi mamá puede morir por la edad, por las enfermedades.

Me acuerdo que en todos estos tiempos, sobre todo en el 1994, hubo dengue de todas las maneras posibles, pero también neuropatías, que todavía las personas arrastran hoy en día, como arrastramos hoy en día el chikungunya, que coincidentemente vuelve a aparecer en un momento de crisis.

En mi opinión, la CIA está haciendo un muy buen trabajo, pero bueno… es una opinión que solamente indica la experiencia, no la realidad.

Y, en fin, ese fue el primer día. Realmente hizo un frío muy fuerte, no pude casi dormir y me levanté todo alterado al día siguiente por falta de sueño, por preocupación, por angustia.

Y eso, que alguien poderoso decidió que no hay reglas.

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Dia 3-4 (en febrero)  


La gente ha perdido el sentido del peligro. Están como si nada, al menos la gente que yo veo. El que cocinaba con electricidad ahora compra carbón sin mayor preocupación. La gente está muy relajada. No tienen sensación del peligro, de lo que pueda pasar. Aunque lo hayamos vivido otras veces, esta vez no es lo mismo.

Hace mucho frío en La Habana estos días, lo que empeora la sensación. Estamos encerrados en las casas con este frío intenso. Son días grises. Todo tiende a la tristeza y la depresión. Pero la gente no la veo realmente muy preocupada.

Hay un gran contraste entre todo lo que se ha dicho hasta ahora y la realidad actual. Todavía había personas que decían que el bloqueo no existía. De repente esto ha sido como un mazazo.

Es similar, supongo, a los venezolanos que creían que Trump no estaba por el petróleo sino por la libertad de Venezuela. Se lo creyeron y ahora es un golpe duro, porque realmente está solamente por el petróleo. Lo mismo ha pasado ahora: se dan cuenta de que es el cierre total. Ya no tienen excusa para decir que no hay bloqueo.

Internacionalmente no veo mucho movimiento. El mundo... es una situación muy compleja. Cuba apostó por el BRICS porque se ha vendido como una plataforma de multilateralismo. Esta es la primera prueba importante del BRICS para demostrar si realmente el mundo puede ser multipolar o no, y para tomar las medidas necesarias.

Si no actúan, van a arrastrar este estigma toda la vida. Dondequiera que vayan, donde se paren, siempre habrá quien les eche en cara la pasividad y el haber abandonado a Cuba.

Por lo demás, cierro por hoy.

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Días 5 al 8 – Después del bloqueo petrolero Americano


Ya empezaron a tomarse medidas más fuertes: limitación del transporte, restricciones en hospitales, ajustes en las conexiones básicas. Lo que ha pasado otras veces.

Me ha sorprendido, independientemente de que es una situación dramática, la cantidad de cosas que se han ido haciendo para prevenir algo parecido. Por eso era algo que tarde o temprano pasaría con Cuba. No solamente por el conflicto directo que tiene Estados Unidos con nosotros, sino por cómo va el mundo. Hay muchas guerras, muchos conflictos, sube el precio del combustible. Los acuerdos, por ejemplo, para que Rusia nos enviara petróleo ahora son casi imposibles de concretar porque no se le da paso por el Mediterráneo, por el Mar Negro. Sería casi imposible.

La gran sorpresa, que sucedió con la pandemia y ahora vuelve a suceder, es que se empezó a distribuir gas licuado. Llegó un barco de nombre Sandino del que no se sabe cómo obtuvo petróleo ni de dónde vino. El silencio tiene que ser porque hay cosas que para lograrlas deben mantenerse ocultas, el famoso dicho de José Martí.

En Estados Unidos están preparando el banquete de bodas. Aquí la gente ya tiene un poco más de conciencia después de los primeros días, pero sin sustos, sin miedo.

Un día como hoy les puedo decir: no creo que vaya a haber invasión militar. Sería un desprestigio total. Habría que orquestar una manipulación, y algo orquestado así ya nos tendría atentos. Surgió un grupo que se llama "Desde el Cuartico" o algo así. No sé cuántos serán, creo que tres o cuatro. Enseguida los identificaron y los sacaron de circulación. Trabajando para el enemigo no hay manera de que puedan quedarse activos.

La mayoría de las actividades se cancelaron. Sobre todo para que los trabajos sean de lunes a jueves, dejando viernes, sábado y domingo la energía para las casas.

Una de las cosas que me ha sorprendido es la cantidad de paneles solares que están instalando. No ya para suministrar electricidad en grande, sino en casas de maestros, de médicos, en el campo, en consultorios de familia, en escuelas. Lugares donde es difícil llevar la electricidad por cables y postes. Están entrevistando a los beneficiados y están muy contentos. No es lo mismo 12 horas sin electricidad que dos. Dicen que incluso en días nublados pueden cargar perfectamente en cuatro horas.

Los afortunados que tienen familia en el extranjero con dinero pueden comprar sus paneles solares y tener electricidad para cocinar y otras necesidades.

Hasta el día de hoy, independientemente de que existen preocupaciones—a nivel gubernamental bastantes, se nota por el tono de las palabras—también hay relax todavía. Estamos totalmente calmados.

Donde se nota es en el servicio de los hospitales y supongo que en los próximos días en los alimentos. No en la producción, sino en que lleguen a la ciudad, porque aunque hay muchos autos eléctricos y cosas que facilitan el transporte, inevitablemente le van a subir el precio. Ya sabes cómo son los revendedores.



 

miércoles, 18 de febrero de 2026

LA ONU CONTRA EL BLOQUEO A CUBA

 La Asamblea General de la ONU acaba de pedir por trigésimo tercera vez consecutiva el fin de uno de los crímenes más longevos de Estados Unidos: el bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba impuesto hace 65 años.

La resolución presentada por La Habana obtuvo 165 votos a favor, 7 en contra y 12 abstenciones, y me parece necesario enumerarlos a todos para que les conozcamos de cara. Antes de hacerlo, aclarar para quienes todavía no lo tienen claro.

El embargo a Cuba contempla no solo un veto para comerciar con ese país, sino también sanciones a todo aquel que se atreva a hacerlo. No pueden comprar medicinas porque Estados Unidos sanciona a quien se las vende, no pueden comprar maquinaria, fertilizantes, gasolina, no pueden enviar dinero y quien les lance un salvavidas queda bajo la amenaza de ser castigado.

Todo ello complica la logística, la encarece, eleva los riesgos y, en última instancia, termina generando un descontento interno que, en el imaginario maiamero, podría finalmente llevar a un cambio de régimen. Y así, por más de 60 años ya.

 Votos a favor del bloqueo ayer en la ONU, en orden alfabético: Argentina, Hungría, Israel, Macedonia del Norte, Paraguay, Ucrania y Estados Unidos. El resto de los 165 países del mundo votaron en contra del bloqueo. El año pasado la resolución logró 187 votos favorables y solo dos en contra: los de Estados Unidos e Israel.

 Este año una docena de países modificó su postura, no vaya a ser que se enfade Donald Trump. El muy soberano Ecuador de Daniel Novoa, por ejemplo, ese país que hace 13 años le dio asilo político a Julian Assange, ayer no se decidió a votar en contra de asfixiar a una isla que tiene a unos 1200 kilómetros de distancia. La lunático libertaria argentina de Javier Milei, atada de manos y pies al FMI, y a Donald Trump como mínimo hasta el año 2027, también se sumó a la moción.

 La posición de distintos países respecto al embargo de Cuba es una suerte de prueba de fuego de su humanidad. Esta imagen es un espejo que cada país debería ponerse delante para ver si se es cómplice voluntario y consciente de un crimen contra la humanidad o no. Afortunadamente, la abrumadora mayoría de los países del mundo no lo son, y eso da una pequeña esperanza, aunque el hecho de que este año sea el que más países votaron a favor, por más que fueran solo siete, también da una idea de hacia dónde nos dirigimos y de quién está al frente del imperio.