La Asimetría del Diálogo
El Derecho a la Palabra y el Deber del Respeto:
Tengo amigos en medio mundo. Con frecuencia, nuestras conversaciones atraviesan fronteras y husos horarios gracias a la tecnología. En esos intercambios, suelo aplicar una regla de oro que considero la base de cualquier civilidad: el respeto a la soberanía del otro. Jamás me permito juzgar el sistema de gobierno de un amigo en Europa, las tensiones sociales en el Cono Sur o las contradicciones políticas en Norteamérica. No lo hago por falta de información, sino por una convicción profunda: solo quien camina las calles de un país y respira sus crisis tiene la legitimidad para dictar sentencia sobre su destino.
Sin embargo, ese respeto rara vez es recíproco. Con una frecuencia que agota, recibo mensajes de esos mismos amigos donde la crítica a Cuba, a su gobierno y a nuestra forma de vida es abierta, punzante y, a menudo, cargada de una condescendencia que hiere.
La Ilusión de la Superioridad Informativa
Existe una premisa arrogante en el centro de estos mensajes: la idea de que ellos, por estar "afuera", tienen una visión más clara de mi realidad que yo mismo. Es un colonialismo informativo que asume que el cubano es un sujeto pasivo, alguien que "no entiende" su propia circunstancia o que carece de la inteligencia necesaria para analizar su entorno.
Cuando recibo esos diagnósticos externos, siento que se invalida mi agencia. Se ignora que estar aquí —ya sea por resistencia consciente o por la falta de recursos para emigrar— es un acto que requiere una fortaleza intelectual y emocional inmensa. No necesitamos ser "iluminados" desde el extranjero; lo que necesitamos es ser escuchados con la humildad de quien reconoce que no posee todas las respuestas.
La Asimetría del Respeto
Esta dinámica refleja una asimetría global. Las naciones pequeñas hemos aprendido a practicar la no injerencia como un principio de supervivencia. Sabemos que el derecho ajeno es sagrado porque el nuestro ha sido violado sistemáticamente.
Por el contrario, quienes habitan en los grandes centros de poder parecen creer que su estándar de "normalidad" —basado a menudo en el consumo y la estabilidad que les provee el orden global— es el único molde válido para la civilización. Cualquier alternativa, cualquier camino propio que intente priorizar valores sociales sobre los de mercado, es tachado automáticamente de "fallido" o "anormal".
El Desprecio Disfrazado de Preocupación
A veces, detrás de la preocupación por nuestra situación, se esconde un desprecio sutil a nuestra capacidad de elegir. Se nos trata como a niños que han tomado una mala decisión y necesitan ser rescatados. Esa actitud ignora siglos de formación intelectual cubana y la capacidad de nuestro pueblo para ser el arquitecto de su propia historia, con todos sus aciertos y sus desgarraduras.
La verdadera amistad, como la verdadera diplomacia, debería basarse en el reconocimiento de que la soberanía no es solo un concepto geográfico, sino también intelectual y cultural. El hecho de que yo no critique su casa no es falta de criterio; es exceso de respeto. Sería saludable que, de vez en cuando, el mundo intentara mirarnos con esa misma cortesía.
