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domingo, 10 de mayo de 2026

La Asimetría del Diálogo entre amigos



 La Asimetría del Diálogo


El Derecho a la Palabra y el Deber del Respeto:

Tengo amigos en medio mundo. Con frecuencia, nuestras conversaciones atraviesan fronteras y husos horarios gracias a la tecnología. En esos intercambios, suelo aplicar una regla de oro que considero la base de cualquier civilidad: el respeto a la soberanía del otro. Jamás me permito juzgar el sistema de gobierno de un amigo en Europa, las tensiones sociales en el Cono Sur o las contradicciones políticas en Norteamérica. No lo hago por falta de información, sino por una convicción profunda: solo quien camina las calles de un país y respira sus crisis tiene la legitimidad para dictar sentencia sobre su destino.

Sin embargo, ese respeto rara vez es recíproco. Con una frecuencia que agota, recibo mensajes de esos mismos amigos donde la crítica a Cuba, a su gobierno y a nuestra forma de vida es abierta, punzante y, a menudo, cargada de una condescendencia que hiere.

La Ilusión de la Superioridad Informativa

Existe una premisa arrogante en el centro de estos mensajes: la idea de que ellos, por estar "afuera", tienen una visión más clara de mi realidad que yo mismo. Es un colonialismo informativo que asume que el cubano es un sujeto pasivo, alguien que "no entiende" su propia circunstancia o que carece de la inteligencia necesaria para analizar su entorno.

Cuando recibo esos diagnósticos externos, siento que se invalida mi agencia. Se ignora que estar aquí —ya sea por resistencia consciente o por la falta de recursos para emigrar— es un acto que requiere una fortaleza intelectual y emocional inmensa. No necesitamos ser "iluminados" desde el extranjero; lo que necesitamos es ser escuchados con la humildad de quien reconoce que no posee todas las respuestas.

La Asimetría del Respeto

Esta dinámica refleja una asimetría global. Las naciones pequeñas hemos aprendido a practicar la no injerencia como un principio de supervivencia. Sabemos que el derecho ajeno es sagrado porque el nuestro ha sido violado sistemáticamente.

Por el contrario, quienes habitan en los grandes centros de poder parecen creer que su estándar de "normalidad" —basado a menudo en el consumo y la estabilidad que les provee el orden global— es el único molde válido para la civilización. Cualquier alternativa, cualquier camino propio que intente priorizar valores sociales sobre los de mercado, es tachado automáticamente de "fallido" o "anormal".

El Desprecio Disfrazado de Preocupación

A veces, detrás de la preocupación por nuestra situación, se esconde un cuestionamiento sutil a nuestra capacidad de elegir. Se nos trata como a niños que han tomado una mala decisión y necesitan ser rescatados. Esa actitud ignora siglos de formación intelectual cubana y la capacidad de nuestro pueblo para ser el arquitecto de su propia historia, con todos sus aciertos y sus desgarraduras.

La verdadera amistad, como la verdadera diplomacia, debería basarse en el reconocimiento de que la soberanía no es solo un concepto geográfico, sino también intelectual y cultural. El hecho de que yo no critique su casa no es falta de criterio; es exceso de respeto. Sería saludable que, de vez en cuando, el mundo intentara mirarnos con esa misma cortesía.


Humberto. Tours en la Habana. Historia, Arte, Sociedad. WhatsApp+5352646921  

Cuba Ahora.

 Cuando el negocio debe pensar en mañana (y no solo en hoy)

Hoy me pasó algo que, aunque parece una simple conversación sobre comida, en realidad dice mucho sobre cómo están funcionando los negocios en Cuba.

Me encargaron organizar el menú para una pequeña celebración importante. Estamos hablando de más de 100 personas. Como es lógico, contacté con un restaurante para pedir presupuesto. Y la propuesta fue bastante sencilla: cobrar cada plato exactamente al mismo precio que aparece en la carta.

Es decir, como si uno entrara al restaurante, se sentara en una mesa y pidiera arroz, frijoles, carne, postre y refresco. Solo que, en este caso, no serían dos o tres personas, sino más de cien.


Y ahí fue donde me quedé pensando.

¿No debería ser más barato?

Creo que en casi cualquier parte del mundo, cuando un cliente garantiza un pedido grande y, además, la posibilidad de repetirlo varias veces al año, lo normal es negociar un precio especial.

Tiene toda la lógica del mundo, digo yo.

Si un restaurante sabe que hoy va a servir 100 comidas de una sola vez, que será para llevar, que el restaurante le quedará disponible, y que dentro de unos meses probablemente vuelva a recibir otro pedido parecido, ya no está ante un cliente ocasional. Está frente a una relación comercial estable.


Y eso vale mucho.


La propuesta

Entonces pensé en una idea que, siendo honestos, todavía no es muy común en Cuba.

En lugar de pagar siempre los precios habituales de la carta, propuse algo diferente: establecer un acuerdo a largo plazo donde el restaurante trabaje con un margen de ganancia razonable, por ejemplo un 30 %, y no al casi 80% como se hace en casi todos, a cambio de recibir pedidos recurrentes.


No se trataría de fijar un precio rígido para siempre, porque los costos cambian. Lo importante sería otra cosa: que el negocio aceptara ganar menos en cada operación individual, pero con la seguridad de vender más y con mayor frecuencia.

En otras palabras: ganar menos por cada pedido, pero ganar de forma constante.


El problema de pensar solo en el corto plazo


Y aquí está uno de los grandes retos de muchos negocios en Cuba.

Con frecuencia, la prioridad es obtener la mayor ganancia posible en el menor tiempo posible. Es comprensible: la incertidumbre es grande, los costos cambian y nadie sabe qué pasará mañana.

Pero esa misma mentalidad puede convertirse en una trampa.

Cuando los precios suben demasiado y cada negociación se vuelve difícil, muchos clientes terminan buscando otras opciones. El negocio gana mucho hoy, sí, pero no construye relaciones duraderas. Y sin relaciones duraderas, es muy difícil crecer.

Es como querer cosechar un árbol el mismo día que lo siembras.

La confianza también produce ganancias


En muchos países, las empresas entienden algo muy simple: la estabilidad tiene valor.

Un cliente que vuelve una y otra vez puede ser más importante que una venta aislada con un margen enorme. La confianza, la constancia y el buen trato terminan siendo tan valiosos como el propio producto.


Y la verdad es que esa forma de pensar también está empezando a abrirse paso en Cuba, poco a poco, conversación tras conversación.


Un cambio silencioso


Tal vez esta negociación no termine exactamente como la imaginé. Quizás el restaurante acepte, quizás no.

Pero lo interesante es que estamos hablando de otra manera de hacer negocios.

Una forma más madura, más estratégica y, sobre todo, más sostenible.


Porque un negocio no debería limitarse a sobrevivir unos meses. Lo ideal es que pueda mantenerse, crecer y convertirse en un aliado confiable para sus clientes.


Y eso, al final, beneficia a todos.


Así que sí, entre arroz, frijoles, postres y refrescos, hoy terminé pensando que en Cuba también estamos aprendiendo algo importante: a veces, la mejor ganancia no es la más grande, sino la que se repite en el tiempo.

viernes, 24 de abril de 2026

Cabezas de Playa Ideológicas: La Nueva Estrategia de Injerencia

 Hace ya muchas décadas, la geopolítica entre Cuba y Estados Unidos ha creado un campo de batalla ideológico que trasciende las fronteras. Pero hay algo que sucede hoy, en nuestros tiempos, que es sutil, aunque no menos real: Estados Unidos, en vez de recurrir solo a la fuerza militar como lo hizo en Bahía de Cochinos, ha buscado crear cabezas de playa desde dentro: no ya con soldados, sino con una disidencia interna que en general es pequeña, pero que, amplificada por las redes sociales, se convierte en un símbolo global.





Lo que pasa en Cuba es un ejemplo claro. La mayoría del pueblo, día a día, entiende que las dificultades económicas, las escaseces, no son solo fallos internos, sino la consecuencia directa del bloqueo y las sanciones impuestas por Estados Unidos. Sin embargo, esa narrativa se distorsiona. Hay una pequeña minoría, alrededor de un 2 o 3 por ciento de la población, que emigra, muchas veces hacia Estados Unidos, y desde allí su voz se amplifica. No es que no puedan tener razón, es que su visibilidad en los medios y su capacidad de influir en la opinión pública es desproporcionada en relación con su tamaño. Así, se crea una ilusión: esa minoría, aunque pequeña, se presenta como si fuera la verdadera oposición, y se usa su voz para argumentar que el gobierno cubano es un estado fallido. Esto no solo es un fenómeno cubano; en Irán, en Venezuela, sucede algo similar. Las tensiones internas, amplificadas desde el exilio, se convierten en una fuerza que desbalancea la narrativa global, haciendo que la minoría sea la protagonista en lugar de la mayoría silenciosa. Al final, esta manipulación de la opinión no es solo un juego de números, es un arma que, desde dentro, busca debilitar la estabilidad, abrir grietas y, en última instancia, justificar nuevas intervenciones. Lo importante es que, al entender esto, seamos capaces de desactivar esa manipulación y ver las causas reales detrás de las crisis, sin perder de vista que las narrativas se construyen, pero la vida cotidiana es más compleja y profunda de lo que a veces nos quieren hacer creer.



Hace ya décadas, la batalla entre Cuba y Estados Unidos dejó de ser solo un asunto de soldados y playas. Hoy, la estrategia es más silenciosa, más interna: se trata de crear cabezas de playa ideológicas. Una pequeña élite, conectada al exilio de derecha que va hacia Estados Unidos, amplifica su voz con un poder económico y mediático enorme. Lo dan todo por una causa: justificar una intervención, no ya solo militar, sino cada vez más violenta, más cruda, en un mundo que se resiste a confrontar la fuerza económica de Estados Unidos. Las protestas, las disidencias internas, no son solo voces sueltas, son engranajes de un engranaje mayor. Porque, al final, no solo se busca cambiar un gobierno en La Habana, sino desestabilizar a un país desde adentro, erosionar su cohesión y abrir paso a un camino más cruento. Es hora de entender que, cuando vemos esas cabezas de playa, no solo vemos pequeños grupos disidentes, sino una maquinaria invisible, articulada, que hoy se juega en el destino de la soberanía de muchos países.


https://habana-havana.blogspot.com/2026/05/fachadas-guerra-fria-dallas-habana.html