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viernes, 6 de noviembre de 2026

EL EFECTO MARIPOSA

Cuando el mundo ignora las injusticias pequeñas, termina enfrentándose a las grandes tormentas

Bloqueo herbicida a Cuba

Los pueblos y los gobiernos siembran, muchas veces sin saberlo, lo que luego cosechan. La historia está llena de ejemplos de cómo las injusticias que se toleran lejos de casa, cuando parecen afectar únicamente a países pequeños o a pueblos sin suficiente poder para defenderse, terminan transformándose en problemas que alcanzan a todos.

Existe una peligrosa costumbre en la política internacional: medir la importancia de una injusticia por el tamaño del país que la padece y no por la gravedad de lo que representa. Si la víctima es pequeña, si carece de poder económico o militar, si no puede amenazar los intereses de las grandes potencias, entonces parece que su sufrimiento puede esperar. Se condena de vez en cuando, se emite alguna declaración diplomática y se continúa adelante.

Pero la historia no funciona así. Las injusticias no desaparecen porque el mundo decida ignorarlas. Se acumulan, generan resentimientos, modifican alianzas, condicionan decisiones y terminan alterando el equilibrio internacional. Lo que hoy parece un problema menor puede convertirse mañana en una tormenta de dimensiones imprevisibles.

A eso podríamos llamarlo el efecto mariposa de la política internacional.

Cuba es uno de esos ejemplos que el mundo debería haber aprendido a mirar de otra manera.

Durante más de seis décadas, Estados Unidos ha mantenido un régimen de sanciones económicas, comerciales y financieras contra una pequeña isla del Caribe. Una política que ha condicionado las relaciones económicas de terceros países y ha impuesto obstáculos a empresas, bancos, navieras y entidades que mantienen vínculos con Cuba.

El embargo no es una abstracción diplomática. Tiene consecuencias sobre la vida cotidiana de millones de personas. Afecta al acceso a combustible, transporte, alimentos, medicamentos, electricidad y servicios esenciales. Y cuando las restricciones se extienden a quienes podrían comerciar con la isla, la presión deja de ser una cuestión bilateral y se convierte en un problema para la libertad de comercio y la soberanía de otros Estados.

En 2026, la presión sobre el suministro de petróleo ha agravado todavía más la crisis energética cubana. Las restricciones estadounidenses dirigidas también contra terceros países que abastezcan de combustible a la isla han contribuido a profundizar una situación que ya era extremadamente difícil. 

El problema es que el mundo ha conocido esta realidad durante décadas. La ha discutido, la ha condenado en Naciones Unidas y, sin embargo, no ha conseguido modificar sustancialmente la política que la produce.

En octubre de 2026, la Asamblea General de Naciones Unidas volvió a pedir el fin del embargo, esta vez por 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones. Pero una cosa es reconocer una injusticia y otra muy distinta estar dispuesto a asumir el costo político de enfrentarse a quien la ejerce.

Y aquí comienza el verdadero efecto mariposa.

Una potencia que comprueba que puede imponer durante décadas sus decisiones a un país pequeño, sin que exista una respuesta internacional efectiva, aprende una lección peligrosa: que su poder no tiene límites prácticos. Que puede ignorar las protestas, imponer condiciones y convertir sus intereses nacionales en obligaciones para los demás.

No hace falta que esa potencia declare semejante principio. Basta con que actúe repetidamente como si fuera cierto.

Y los demás países, al aceptar esa realidad, terminan modificando su comportamiento. Unos buscan protección, otros establecen alianzas alternativas, otros se someten para evitar represalias. 

Lo mismo sucede cuando analizamos la historia de las relaciones entre Rusia y Occidente después de la desaparición de la Unión Soviética. Durante las negociaciones de la reunificación alemana, en 1990, dirigentes occidentales ofrecieron a los representantes soviéticos garantías y mensajes sobre la futura arquitectura de seguridad europea. Documentos diplomáticos desclasificados muestran que James Baker habló con Mijaíl Gorbachov de que la jurisdicción de la OTAN no avanzaría hacia el este. No hubo, sin embargo, un tratado general que prohibiera las futuras ampliaciones de la Alianza, y existe un debate histórico sobre el alcance exacto de aquellas garantías.

Las percepciones de seguridad, la confianza entre Estados y la credibilidad de los compromisos diplomáticos también forman parte de la historia. Ignorarlas fue contribuir a una desconfianza que terminaría condicionando profundamente las relaciones entre Rusia y Occidente.

No se puede explicar toda la confrontación actual a partir de una sola decisión. Pero tampoco se puede comprender el deterioro de la seguridad europea sin examinar los errores, las decisiones y las oportunidades diplomáticas desperdiciadas durante las décadas posteriores a la Guerra Fría.

El mismo peligro aparece cuando hablamos de Irán.

Durante años, el programa nuclear iraní ha sido presentado en buena parte del discurso político occidental como una amenaza que exigía respuestas cada vez más contundentes. Existieron negociaciones, acuerdos y mecanismos de inspección que demostraron que la diplomacia podía ofrecer alternativas a la confrontación.

El acuerdo nuclear de 2015 fue precisamente un intento de limitar el programa iraní mediante compromisos verificables y supervisión internacional. La retirada estadounidense de ese acuerdo en 2018 contribuyó a debilitar ese marco diplomático.


La cuestión fundamental consiste en preguntarse qué sucede cuando las grandes potencias sustituyen la negociación por la imposición, cuando convierten las preocupaciones de seguridad en argumentos para abandonar los mecanismos de diálogo y cuando terminan haciendo más difícil cualquier solución política.

Las consecuencias pueden extenderse mucho más allá de las fronteras de los países enfrentados. 

 Sí debemos comprender que las decisiones geopolíticas, las sanciones, las guerras y la destrucción de los mecanismos diplomáticos tienen consecuencias económicas que terminan pagando ciudadanos que nunca participaron en aquellas decisiones.

Y ese es precisamente el hilo que conecta todas estas historias: la incapacidad de reconocer que ningún conflicto permanece aislado y que ninguna injusticia es verdaderamente pequeña cuando se convierte en precedente.

El dinero que se consume en armamento, guerras, operaciones de presión económica y mecanismos de confrontación deja de estar disponible para otras prioridades. La inestabilidad encarece la energía, alimenta la inflación, aumenta la incertidumbre y obliga a los gobiernos a dedicar recursos crecientes a gestionar crisis que podrían haberse evitado o contenido mediante la cooperación.

En un mundo donde se acumulan grandes fortunas y se concentran enormes recursos económicos, la educación, la salud pública, la protección social y las libertades civiles siguen sometidas a presiones . La humanidad encuentra recursos extraordinarios para financiar la confrontación, mientras discute constantemente si puede permitirse garantizar derechos y servicios esenciales.

Y las consecuencias políticas de esa contradicción tampoco se quedan fuera de las fronteras.

Europa vive sus propias tensiones sociales y políticas. Estados Unidos experimenta profundas divisiones internas. 

La soberanía de un país no debería depender de que sus decisiones coincidan con los intereses de una potencia extranjera. Tampoco debería existir una doble vara de medir según quién sea el aliado y quién el adversario.

Cuando se acepta que una potencia puede intervenir en los asuntos de otros países, condicionar sus decisiones o utilizar su peso económico para determinar sus políticas, se está debilitando un principio que protege a todos: el derecho de los pueblos a decidir su propio futuro.

Y cuando ese principio se debilita en un país pequeño, no desaparece al cruzar sus fronteras. Se convierte en un precedente que otros pueden utilizar.

Por eso Cuba no es la causa de la tormenta internacional. Es uno de los ejemplos más visibles de cómo se ha ido construyendo.

Durante años, muchos gobiernos consideraron que defender a Cuba frente a las medidas estadounidenses tenía un costo diplomático demasiado alto. Otros entendieron que era mejor guardar silencio para no perjudicar sus relaciones comerciales o estratégicas con Washington. Algunos condenaron el embargo, pero no hicieron nada que pudiera incomodar realmente a quien lo imponía.

Y así, poco a poco, se fue normalizando lo que nunca debió normalizarse: que el poder de un Estado pudiera imponerse sobre la voluntad de otro sin encontrar una resistencia internacional efectiva.

Hay una ironía histórica en todo esto. Cuba, pese a sus limitaciones  ha participado durante décadas en misiones médicas internacionales. Durante la pandemia de COVID-19, profesionales sanitarios cubanos viajaron a Italia y a otros países para colaborar en la atención de enfermos. Aquella cooperación recordó que la solidaridad internacional no debería depender de la riqueza de quien ayuda ni de la afinidad política de quien recibe.

Sin embargo, cuando llegó el momento de defender el derecho de esa misma población a vivir sin las consecuencias de un cerco económico, la solidaridad de muchos de aquellos beneficiarios resultó mucho más limitada.

No se trata de pedir que el mundo comparta el modelo político cubano. 

Pero el mundo que estamos construyendo no será más seguro por el hecho de que los países pequeños aprendan a obedecer. Tampoco será más libre porque las grandes potencias puedan imponer sus decisiones sin consecuencias.

El efecto mariposa consiste precisamente en eso: en comprender que los acontecimientos aparentemente pequeños pueden desencadenar transformaciones enormes, que las decisiones tomadas lejos de nosotros pueden alterar nuestra vida cotidiana y que el silencio ante una injusticia no nos coloca al margen de sus consecuencias.

Un país pequeño puede parecer insignificante en el tablero de las grandes potencias. Pero la forma en que el mundo permite que sea tratado revela mucho sobre el orden internacional que está dispuesto a aceptar.

Quizá el mayor error de las grandes potencias no haya sido subestimar la fuerza de Cuba, de Rusia, de Irán o de cualquier otro país que haya desafiado sus decisiones. Quizá haya sido subestimar las consecuencias de construir un mundo en el que la fuerza sustituye al derecho y la obediencia se confunde con la paz.

Porque las tormentas no siempre comienzan con un gran estruendo.

A veces comienzan con el aleteo de una mariposa que nadie quiso mirar.

Y cuando finalmente llega el huracán, ya no basta con preguntarse dónde comenzó. Hay que preguntarse cuántas veces pudo haberse evitado.


Las grandes tormentas internacionales no siempre comienzan con grandes acontecimientos. A veces comienzan cuando el mundo permite que sucedan pequeñas injusticias porque considera que afectan a países demasiado pequeños, demasiado débiles o demasiado lejanos como para que merezca la pena defenderlos..


AYUDA AMIGOS O FAMILIA. El costo emocional. 

LA ANSIEDAD COMO ARMA

lunes, 8 de septiembre de 2025

¿GOBERNANZA GLOBAL o COMUNISMO?

 Muchos amigos, alumnos y personas en general me han preguntado recientemente si la llamada “Gobernanza Global”, propuesta por China en distintos foros internacionales, no es en el fondo una reedición de las ideas del comunismo. Otros, con genuina curiosidad, me interrogan sobre cómo sería en realidad una sociedad comunista, esa utopía tantas veces prometida y pocas veces descrita con detalle.

Como se supone que fui formado en esas ideas también se supone que  puedo  dar respuestas, pero no es tan fácil. Es mejor soñar.

La mejor manera de responder a esas inquietudes es con una reflexión abierta y optimista sobre cómo podría funcionar un mundo donde la política, la economía y la vida social estuvieran guiadas no por la lucha de poder, sino por el conocimiento, la cooperación y la búsqueda compartida de la felicidad.

Lo que sigue es un ejercicio de imaginación : un intento de dibujar cómo sería una sociedad verdaderamente post-escasez, sin dinero, sin fronteras y sin gobiernos tradicionales. Una sociedad donde la educación, el arte y la ciencia estén al servicio de liberar lo mejor del ser humano.

En otras palabras, esta es quizás la respuesta  a la pregunta: ¿cómo sería el comunismo entendido como la etapa más avanzada de la sociedad humana, esa hacia la cual todavía falta mucho por caminar? No se trata de un sueño perdido en el pasado ni de una promesa inmediata, sino de una posibilidad lejana que solo podrá alcanzarse cuando la humanidad haya resuelto sus problemas materiales y dado un salto en su desarrollo ético y cultural.


La Gobernanza Global: ¿Un Futuro Posible para la Humanidad?

1. Una Nueva Estructura de Gobierno

En esta visión de futuro, no existe un “gobierno” en el sentido tradicional. Han desaparecido políticos, partidos, ejércitos, fronteras y estados-nación. La Tierra se administra como un único sistema unificado, guiado por el conocimiento y no por la ambición.

La máxima autoridad sería algo así como un  Consejo de la Economía, integrado no por burócratas, sino por científicos, ingenieros, psicólogos, historiadores y otros expertos en distintas disciplinas. Su función no es mandar, sino planificar y optimizar la economía global para el bienestar de todos. Analizan datos, prevén necesidades y asignan recursos de forma eficiente y lógica.

La exploración espacial estará en manos de un Consejo Científico, que trabajará bajo los lineamientos del Consejo de la Economía. La colonización de otros sistemas solares sería considerada el gran proyecto común de la humanidad, al que se destinarían las mejores mentes y recursos.


2. La Base de la Sociedad: Conocimiento y Abundancia

El gran punto de partida fue la abolición de la escasez. Gracias a la energía abundante (fusión nuclear controlada u otra fuente similar) y a la automatización avanzada, la sociedad produce más de lo que necesita. El dinero ya no existe.

Los bienes y recursos estarian disponibles para todos, sin necesidad de acumular capital ni competir por sobrevivir. El trabajo repetitivo y alienante estaria en manos de máquinas y sistemas automatizados.

En este contexto, la vida humana se organiza de otra manera: las personas ya no trabajan para subsistir, sino para realizarse en su vocación creativa.


3. El Trabajo como Vocación Creativa

El concepto de “empleo” desaparece. Lo que existe es la actividad creativa, el impulso interno de cada persona a hacer lo que ama y lo que puede aportar al bien común.

La motivación ya no proviene de un salario, sino de la curiosidad, el deseo de crear, la pasión por aprender y el orgullo de contribuir. La mayor satisfacción es saber que el talento personal tiene valor para la comunidad.

La jerarquía social se mediría en términos de mérito intelectual y moral, no de poder ni riqueza. Los más admirados serían los grandes científicos, artistas, maestros y exploradores, aquellos que expanden el conocimiento o crean belleza.


4. La Educación: Descubrir el Potencial Único

La educación es el corazón de esta sociedad. Su objetivo no es uniformar, sino descubrir y nutrir la vocación innata de cada persona desde la infancia.

  • Detección de talentos temprana: se observan inclinaciones naturales y se personaliza la enseñanza para cultivar las capacidades únicas de cada niño.

  • Integración de saberes: ciencia y arte no están separados; el desarrollo físico, mental y creativo son partes de un mismo proceso.

  • El rol del maestro: los educadores son guías y mentores respetados, que inspiran en lugar de imponer.

  • Fin de la competencia: no existen exámenes como carrera por notas. La evaluación consiste en medir el progreso personal y la satisfacción interior.

De este modo, cada individuo se convierte en una persona completa, capaz de razonar con rigor científico, crear con sensibilidad artística y desarrollarse físicamente con plenitud.


5. El Nuevo Ser Humano

Quizás el cambio más profundo no es tecnológico, sino psicológico. La humanidad ha superado sus viejos demonios y ha dado origen al “Hombre Nuevo”.

  • Altruismo natural: egoísmo, envidia, avaricia y agresión son vistos como enfermedades del pasado, como nosotros vemos hoy la peste bubónica.

  • Racionalidad y lógica: las decisiones se toman en función de la razón y el bien común, no de prejuicios ni emociones primitivas.

  • Salud y longevidad: la medicina avanzada ha eliminado enfermedades y ralentizado el envejecimiento. Las personas son bellas, saludables y llenas de energía.

  • Felicidad activa: la realización personal proviene de la vocación y del aporte a la comunidad.


6. El Arte: Belleza como Necesidad Universal

En esta sociedad, el arte deja de ser un lujo para convertirse en una necesidad vital, tan fundamental como la ciencia o la educación.

  • Arte verdadero: expresa la belleza, la armonía y los ideales más elevados de la humanidad.

  • Función del arte: elevar el espíritu, fortalecer la empatía y recordar la grandeza alcanzada colectivamente.

  • Lenguaje común: con la unificación de la Tierra, el arte sintetiza lo mejor de todas las culturas y funciona como un idioma universal. Incluso se contempla que sea el medio para comunicarse con otras civilizaciones inteligentes.


7. La Felicidad Humana: Fundamento de la Utopía

La felicidad no se concibe como un placer pasivo, sino como la consecuencia natural de una sociedad sana y coherente.

  • Erradicación de la escasez: sin dinero ni propiedad privada, desaparecen guerras, crímenes y explotación.

  • Vocación como realización: cada persona encuentra su lugar en la comunidad a través de lo que ama hacer.

  • Evolución ética: la empatía, la razón, la creatividad y la cooperación se convierten en los impulsos dominantes.

  • Plenitud física y mental: la salud prolongada permite disfrutar una vida larga, activa y productiva.


Conclusión: Un Futuro Reconciliado con lo Humano

La gobernanza global no es un poder coercitivo, sino la administración científica de una sociedad pos-escasez. Es una tecnocracia benevolente donde las decisiones las toman los más sabios y capacitados, no los más poderosos o populares.

La humanidad, liberada de la escasez y de sus demonios internos, se une bajo un propósito común: explorar el cosmos, expandir el conocimiento y vivir en cooperación pacífica.

Este modelo afirma que el ser humano no es inherentemente conflictivo. Sus peores instintos han sido producto de sociedades enfermas. Al transformar la organización social, se libera el verdadero potencial humano: crear belleza, compartir conocimiento y alcanzar juntos la felicidad.

Humberto. Tours en la Habana. Historia, Arte, Sociedad. WhatsApp+5352646921 .

martes, 1 de marzo de 2022

Diario. Dias de Ucrania y Rusia Marzo 2022

 En estos días ha comenzado otra guerra. Rusia ha invadido a Ucrania y siempre me vienen a la mente la gente común de ambos lados. Los que tenían una vida ya elaborada después de tantos años de paz. Los que tenían planes, negocios, los que ya están muy mayores para comenzar nuevamente, los que están enfermos o muy débiles, en fin, nosotros.

Recuerdo los días en que desapareció la URSS  y el resto de los paises socialistas de europa oriental y nos quedamos literalmente sin poder comerciar, a quien venderle nuestros productos, los que nos vendían el petróleo y compraban el azúcar. Fue el comienzo de una pesadilla que solo podemos contarla los que la sufrimos.

Comenzaron las enfermedades y el hambre. El hambre profunda, la que trae desnutrición crónica y enfermedades como las neuropatías que te tiran en cama porque cada célula de tu cuerpo duele por falta de vitaminas. Fue el momento que Estados Unidos y sus aliados cubanos en Miami se tiraron a la yugular para rematar al gobierno cubano, es decir a nosotros, lo mismo que pasó ahora durante la pandemia.

Recuerdo comer por tres meses solo col. Recuerdo esperar ansiosamente el ticket que se daba semanalmente y después quincenalmente para ir a una cafetería a recibir una hamburguesa, que primero venía con pan, tomate y pepino, después solo el pan con la hamburguesa, y finalmente solo la hamburguesa. Recuerdo mi padre enfermando de cáncer en la garganta justo en esos años, cirugías en salones de operaciones con solo un bombillo.

Recuerdo vasos de leche que podías ver a través. Eso se fue muy rápido. Recuerdo salir casi de noche e ir a escondidas a un comedor de una fábrica de tabacos cerca de casa donde trabajaba un amigo de un amigo para ver si había sobrado algo de arroz del día y podíamos comprarlo a precio astronómico. Recuerdo a los ancianos rodeados de mosquitas atraídos por el olor corporal de personas que no se bañaban a veces por día. 

Todo eso y más me viene a la mente cada vez que llegan las noticias de una guerra. Quizás en unos meses ya todo pasará, en definitiva no es lo mismo estar en un continente y ser amigo de 27 países desarrollados que ser una isla en el Caribe y tener casi como enemigos a esos mismos países.

Y esto me lleva a esos cubanos en el extranjero que en estos momentos se rasgan las vestiduras por el dolor del pueblo ucraniano. Por supuesto la mayoría no sabe de historia aun siendo profesionales, la mayoría vive en Estados Unidos o en Europa y ciertamente están expuestos a la prensa de esos países que en los últimos años han invadido más y han conspirado más contra países como Cuba ,por ejemplo, sin pensar tan siquiera en contrastar información.

No buscan conocer en qué consistieron El Acuerdo de Postdam o el Pacto de Varsovia, aunque contradictoriamente aplaude a la OTAN sin analizar conscientemente que es una alianza bélica y no defensiva. Llora por las bombas rusas, las únicas capaces de matar a civiles y soldados: su solidez y capacidad analítica es tan abarcadora que afirma que la metralla rusa es la única letal. Nunca antes este espécimen había señalado la letalidad de bombas francesas o norteamericanas, pues los civiles y soldados muertos en Vietnam, Afganistán, Yugoslavia, Libia, Iraq, Panamá y otros lugares no han sido producto de guerras, sino de accidentes de tránsito.

El cubano que hoy grita en Facebook sufre con esta guerra más que nadie en el planeta y hace menos de un año muchos de esos cubanos pedían bombas del ejército norteamericano (sí claro, de esas que no matan a nadie) contra Cuba, así como también el desembarco de la 82 División Aerotransportada, y másasfixia económica. 

Desconoce la historia de nuestro país respecto a la Crisis de Octubre o de los Misiles, como la denominan en Occidente, o cree que fue una exageración narrada por la prensa libre, la misma que reseña a diario los acontecimientos de Melilla, o los ataques con morteros a civiles en Palestina o los abusos en Afganistán.

Esos cubanos no se han enterado aún de la desaparición de 43 normalistas en Ayotzinapa, México. No 1, 2 ni 5…. sino 43…. Ni tampoco está al tanto de los continuos asesinatos de líderes sociales en Colombia, de las fosas comunes ni de la lucha de las abuelas argentinas que aún siguen buscando a sus nietos robados por la Dictadura. Desconocen que lanzaban a seres humanos vivos al vacío o al mar, encadenados, dejando a miles de familias truncas. Para no mencionar el apoyo de la OTAN a Inglaterra durante la guerra de las Malvinas.

Es adicto a etiquetas en RRSS, pero nunca a favor de que quiten el bloqueo contra su país, o que devuelvan una base militar ilegal ocupada por quienes nos asfixian. Para el cubano de Miami la ONU existe solo para condenar a Rusia, pero cuando el mundo vota contra el bloqueo a Cuba entonces la ONU es corrupta, y ahí nuestro endémico espécimen calla y mira hacia otro lado. 

Esos cubanos nunca condenaron con vehemencia ni haciendo honores de su vocación católica o cívica, la negativa de EEUU de venderle a Cuba aparatos y respiradores mecánicos para combatir la Covid, así como tampoco nunca se pronunciaron en público contra la persecución de ese país contra barcos cargueros dirigidos a nuestras centrales termoeléctricas, vitales para el fluido eléctrico a la población, a hospitales y la circulación del menguado transporte público y privado del país, aún en tiempos de cuarentena.

Tampoco saben qué significa un peón en un juego de ajedrez. Y regreso a los civiles, a nosotros, los que realmente sufrimos las consecuencias de las guerras, las calientes, las frías, las económicas, de las avaricias y le geopolítica, en Ucrania hoy, en Vietnam en los setenta, los iraquíes en los noventa, los sirios y libios en los dos mil, y los cubanos por sesenta años, por solo mencionar algunos.

Como dice el trovador: La guerra es monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente 


GUIA DE CIUDAD Y MAESTRO. RECORRIDO DE CIUDAD. HISTORIA, ARTE, SOCIEDAD.

INFORMACION Y RESERVAS AL WHATSSAP: +5352646921