Hay una tragedia mayor que la invasión militar de un país: la invasión mental de sus ciudadanos.
En medio de la crisis regional, duele ver compatriotas celebrando las amenazas de Washington como una salvación. A estas personas es necesario hablarles con brutal honestidad: son las grietas del dique por donde se cuela el agua que terminará ahogándonos a todos y todas. Abrirle la puerta al invasor es un suicidio, no una liberación.
El primer error de la mente colonizada es creer que Estados Unidos viene a poner orden para luego irse.
La historia demuestra todo lo contrario. Cuando una potencia entra por la fuerza, no lo hace para cambiar el gerente, sino para quedarse con la empresa. ¿Llegó la democracia a Irak o la prosperidad a Libia? No. Llegó el saqueo y la devastación.
El invasor no viene a salvarte de tu presidente, viene por tu petróleo, tu litio y tu agua. Y cuando se lo lleven, estarás en las mismas condiciones, pero ahora sin país.
Esperar dignidad de quien históricamente ha asfixiado la región es un síndrome de Estocolmo geopolítico. Es la lógica de creer que si sonríes, el abusador dejará de golpearte.
La violencia imperial no distingue entre buenos ciudadanos y rebeldes. Para el capital transnacional, todos somos prescindibles. Creer que por apoyar la invasión te sentarán a la mesa de los vencedores es una fantasía infantil. Te dejarán, si acaso, recogiendo las migajas.
En democracia se debe disentir, pero hay una línea roja. El gobierno es temporal, la nación es permanente. Desear que invadan tu tierra por odiar a un líder político es como incendiar tu casa con tu familia dentro solo porque no soportas al padre.
El líder quizás caiga, pero las bombas, el hambre y la destrucción las pagarán tú, tus hijos y tus nietos. Pedir intervención externa es renunciar a la adultez política y admitir que somos incapaces de resolver nuestros propios problemas. Si el dique se rompe, el agua no seleccionará a quién ahogar.
La invasión es una aplanadora que no respeta ideologías. Entender esto no te obliga a amar a tu gobierno, sino a defender tu suelo. En una colonia no hay ciudadanos, solo súbditos. Y a los súbditos nunca les va mejor, porque aplaudir las cadenas no te hace libre.
Humberto. Tours en la Habana. Historia, Arte, Sociedad. WhatsApp+5352646921
Instagram: humberto_habana
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