La Asamblea General de la ONU acaba de pedir por trigésimo tercera vez consecutiva el fin de uno de los crímenes más longevos de Estados Unidos: el bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba impuesto hace 65 años.
La resolución presentada por La Habana obtuvo 165 votos a favor, 7 en contra
y 12 abstenciones, y me parece necesario enumerarlos a todos para que les
conozcamos de cara. Antes de hacerlo, aclarar para quienes todavía no lo tienen
claro.
El embargo a Cuba contempla no solo un veto para comerciar con ese país,
sino también sanciones a todo aquel que se atreva a hacerlo. No pueden comprar
medicinas porque Estados Unidos sanciona a quien se las vende, no pueden
comprar maquinaria, fertilizantes, gasolina, no pueden enviar dinero y quien
les lance un salvavidas queda bajo la amenaza de ser castigado.
Todo ello complica la logística, la encarece, eleva los riesgos y, en última
instancia, termina generando un descontento interno que, en el imaginario maiamero,
podría finalmente llevar a un cambio de régimen. Y así, por más de 60 años ya.
Votos a favor del bloqueo ayer en la
ONU, en orden alfabético: Argentina, Hungría, Israel, Macedonia del Norte,
Paraguay, Ucrania y Estados Unidos. El resto de los 165 países del mundo
votaron en contra del bloqueo. El año pasado la resolución logró 187 votos
favorables y solo dos en contra: los de Estados Unidos e Israel.
Este año una docena de países
modificó su postura, no vaya a ser que se enfade Donald Trump. El muy soberano
Ecuador de Daniel Novoa, por ejemplo, ese país que hace 13 años le dio asilo
político a Julian Assange, ayer no se decidió a votar en contra de asfixiar a
una isla que tiene a unos 1200 kilómetros de distancia. La lunático libertaria
argentina de Javier Milei, atada de manos y pies al FMI, y a Donald Trump como
mínimo hasta el año 2027, también se sumó a la moción.
La posición de distintos países
respecto al embargo de Cuba es una suerte de prueba de fuego de su humanidad.
Esta imagen es un espejo que cada país debería ponerse delante para ver si se
es cómplice voluntario y consciente de un crimen contra la humanidad o no.
Afortunadamente, la abrumadora mayoría de los países del mundo no lo son, y eso
da una pequeña esperanza, aunque el hecho de que este año sea el que más países
votaron a favor, por más que fueran solo siete, también da una idea de hacia
dónde nos dirigimos y de quién está al frente del imperio.

