miércoles, 18 de febrero de 2026

LA ONU CONTRA EL BLOQUEO A CUBA

 La Asamblea General de la ONU acaba de pedir por trigésimo tercera vez consecutiva el fin de uno de los crímenes más longevos de Estados Unidos: el bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba impuesto hace 65 años.

La resolución presentada por La Habana obtuvo 165 votos a favor, 7 en contra y 12 abstenciones, y me parece necesario enumerarlos a todos para que les conozcamos de cara. Antes de hacerlo, aclarar para quienes todavía no lo tienen claro.

El embargo a Cuba contempla no solo un veto para comerciar con ese país, sino también sanciones a todo aquel que se atreva a hacerlo. No pueden comprar medicinas porque Estados Unidos sanciona a quien se las vende, no pueden comprar maquinaria, fertilizantes, gasolina, no pueden enviar dinero y quien les lance un salvavidas queda bajo la amenaza de ser castigado.

Todo ello complica la logística, la encarece, eleva los riesgos y, en última instancia, termina generando un descontento interno que, en el imaginario maiamero, podría finalmente llevar a un cambio de régimen. Y así, por más de 60 años ya.

 Votos a favor del bloqueo ayer en la ONU, en orden alfabético: Argentina, Hungría, Israel, Macedonia del Norte, Paraguay, Ucrania y Estados Unidos. El resto de los 165 países del mundo votaron en contra del bloqueo. El año pasado la resolución logró 187 votos favorables y solo dos en contra: los de Estados Unidos e Israel.

 Este año una docena de países modificó su postura, no vaya a ser que se enfade Donald Trump. El muy soberano Ecuador de Daniel Novoa, por ejemplo, ese país que hace 13 años le dio asilo político a Julian Assange, ayer no se decidió a votar en contra de asfixiar a una isla que tiene a unos 1200 kilómetros de distancia. La lunático libertaria argentina de Javier Milei, atada de manos y pies al FMI, y a Donald Trump como mínimo hasta el año 2027, también se sumó a la moción.

 La posición de distintos países respecto al embargo de Cuba es una suerte de prueba de fuego de su humanidad. Esta imagen es un espejo que cada país debería ponerse delante para ver si se es cómplice voluntario y consciente de un crimen contra la humanidad o no. Afortunadamente, la abrumadora mayoría de los países del mundo no lo son, y eso da una pequeña esperanza, aunque el hecho de que este año sea el que más países votaron a favor, por más que fueran solo siete, también da una idea de hacia dónde nos dirigimos y de quién está al frente del imperio.

Estados Unidos miente y lo hace todo el tiempo.

 No es que Estados Unidos quiera matarte porque eres terrorista. Estados Unidos te dice terrorista para poder matarte. O sea, Estados Unidos justifica sus acciones inventándote blancos en la espalda. Las armas de destrucción masiva que supuestamente estaban en Oriente Medio nunca se encontraron. ¿Por qué? Porque no existían.

Lo que sí encontraron fue oro, fue petróleo y otras riquezas que se robaron. Lo mismo ha pasado en todos lados. Estados Unidos te inventa mentiras, te justifica una invasión, va, te saquea hasta los dientes, te deja blanco liso, pelón y pobre. y después todavía te cobra para reconstruirte.

Estados Unidos mintió sobre Yugoslavia, mintió sobre Irak, mintió sobre Libia, mintió sobre Siria, mintió sobre Afganistán, mintió sobre Sudán, mintió sobre Somalia, mintió sobre Líbano, mintió sobre Ucrania, luego les mintió  al mundo sobre Rusia, luego mintió sobre Palestina, luego mintió sobre Irán, ahora acaba de mentir sobre Venezuela y ahora está mintiendo sobre Cuba otra vez. O sea, históricamente Estados Unidos lo que hace es mentir, mentir, mentir.

 Entonces, bajo este contexto histórico, real, material, comprobable, con datos históricos, es donde, repito, cualquier persona que pida una invasión de Estados Unidos a su país es un traidor a la patria. De nuevo, no es un juicio moral, no lo estoy diciendo como es algo que yo crea que está bien o crea que está mal.Ees por motivos históricos.

Si históricamente Estados Unidos ha mentido sobre todos estos países para justificar su invasión, una persona que pida invasión de Estados Unidos es por lo menos un idiota. y si no es un idiota, sabe de historia, peor todavía, es un traidor a la patria, porque lo que está haciendo es condenar a su país al mismo destino que Yugoslavia, a Irak, Libia, Siria, Afganistán y continúa la lista por delante.

Por eso hay que tener muchísimo cuidado, porque justo ahora que Estados Unidos está en su momento más débil, está perdiendo el hegemón internacional, está pasando por una crisis de gobernabilidad, su presidente tiene 63% de desaprobación. Esta es una catástrofe política y económica en Estados Unidos. Por supuesto, están viendo de dónde agarrarse para sobrevivir. Entonces se van a ir por las presas más fáciles, por los países más débiles, por los lugares donde puedan robar recursos para continuar sobreviviendo un ratito más, pero a nosotros nos toca resistir.

martes, 17 de febrero de 2026

Estados Unidos. Violencia y Poder

 

Hay una cosa en la que hay que platicar y tiene que ver con la violencia.

 Desde el genocidio en Gaza y el secuestro en Venezuela hasta las caserías de ICE, ver la escalada bélica de Estados Unidos como una muestra de fuerza es un error fundamental. 

La paradoja real es que la violencia y el poder son opuestos: donde uno reina, el otro falta. Lo que vemos no es un imperio poderoso, sino uno impotente, que recurre a la fuerza bruta porque ha perdido la capacidad de hacer política.



 Las recientes protestas masivas contra las redadas anti inmigratorias confirman que la guerra del imperio no es sólo por recursos externos, sino contra la humanidad misma. El poder es la capacidad humana de actuar concertadamente. Requiere legitimidad y consenso. Washington ha perdido esto. Al no poder ya ni liderar ni convencer, recurre a su atítesis: la violencia. Esta es puramente instrumental, sirve para destruir o para tomar el petróleo, pero nunca puede crear autoridad. 

El fusil logra obediencia inmediata, pero jamás lealtad. ¿ cómo se dialoga con quien sólo entiende por la fuerza? La diplomacia ha demostrado ser un escudo de papel. Para Estados Unidos, el diálogo es sólo tiempo muerto mientras cargan las armas. 

No se puede negociar con quien te apunta a la cabeza porque la premisa del diálogo es la horizontalidad, el reconocimiento del otro como un igual. Bajo esta luz, las confesiones de Trump y la brutalidad en Gaza no son errores, sino la admisión de que el saqueo sustituyó a la diplomacia.

 El sistema, incapaz de generar riqueza mediante cooperación, usa la violencia como herramienta económica de emergencia. Cada disminución de poder es una invitación a la violencia. No estamos en presencia de un líder omnipotente, sino de una tiranía global en bancarrota moral. La forma de gobierno más violenta, pero la menos poderosa. 

Frente a su violencia solitaria e instrumental, nuestra respuesta debe ser reconstruir el verdadero poder: la capacidad de los pueblos del sur de actuar, resistir y crear concertadamente. y empezar a confiar en nuestra propia fuerza colectiva.

¿Por que Cuba peligra?

 Cuba peligra porque sigue siendo peligrosa para el imperio. 



La reacción ha mantenido el doble discurso de Cuba como una pobre isla en el olvido y, simultánea y contradictoriamente, como el supuesto núcleo logístico más importante desde donde se controlan por influjo psíquico a todas las izquierdas del mundo. Pero lo cierto es que hoy no es ni una ni la otra, sino algo aún más peligroso para el régimen imperial. 

Sí, desde la revolución Cuba ha sido la gran piedra en el zapato del imperio, en su fortaleza militar y económica, repeliendo la invasión sudafricana de Angola, contribuyendo así a la mismísima caída del régimen de apartheid en Sudáfrica, enviando ayuda militar a Argelia, Mozambique, Etiopía o Siria para repeler los ataques sionistas, y hasta la fecha, enviando médicos donde el imperio solo envía bombas, incluida paises como México y Brasil, que no se nos olvide.

 Una revolución y en el sentido más puro, irradiando revolución al mundo entero. Esto, algo que el imperio buscó quebrantar a toda costa, intentando invadir Cuba en Playa Girón, 634 intentos de asesinato a Fidel Castro, asesinando a Che Guevara, introduciendo la fiebre porcina y otras plagas para exterminar al ganado y a la siembra, ejecutando bombardeos terroristas en hoteles, cines y centros públicos cubanos. Y claro, el bloqueo genocida, ese que están empeñados en decir que no existe, pero que el propio Departamento de Estado de Estados Unidos lo reconoce desde 1960. 

Cito del memorando fundacional: "Hay que poner en práctica todos los medios para debilitar la vida económica, negándole a Cuba dinero y suministros con el objetivo de provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno".

 Hoy Trump amenaza con un bloqueo naval total contra Cuba, guerra abierta, prohibiendo la exportación de petróleo al pueblo cubano. Todo porque Cuba sigue siendo peligrosa, en el terreno más vital, el del ejemplo de dignidad en pie. Pero se olvidan que la revolución no es un gobierno, un líder o un himno, es un pueblo entero que sigue sosteniendo a la patria a pesar de la muerte, entendiendo que ceder en la patria es, ahí sí, la muerte. 

lunes, 16 de febrero de 2026

Revolución o Biblia

 

El pasaje Santiago 5:1-6 pertenece a la Epístola de Santiago y es una denuncia fuerte contra los ricos que acumulan riquezas injustamente y oprimen a los trabajadores.



📖 Texto (versión clara y moderna)

1 Ahora escuchen, ustedes los ricos: lloren y giman por las desgracias que les vienen.
2 Sus riquezas están podridas y su ropa está comida por la polilla.
3 Su oro y su plata están corroídos; esa corrosión dará testimonio contra ustedes y devorará su carne como fuego. Han acumulado riquezas en los últimos tiempos.
4 Miren: el salario que no pagaron a los trabajadores que cosecharon sus campos está clamando contra ustedes. Los gritos de los cosechadores han llegado a los oídos del Señor Todopoderoso.
5 Ustedes han vivido en la tierra con lujo y placer desenfrenado; se han engordado para el día de la matanza.
6 Han condenado y matado al justo, y él no les opone resistencia.


Qué está diciendo realmente

1. Denuncia la riqueza obtenida con injusticia

No condena la riqueza en sí, sino:

  • explotación laboral
  • fraude salarial
  • acumulación egoísta

2. La riqueza material es temporal

El oro “corroído” simboliza:

  • la inutilidad de la riqueza ante el juicio moral
  • la decadencia inevitable del poder económico

3. Dios escucha a los oprimidos

Los salarios retenidos “claman”, una imagen potente que indica:

  • injusticia estructural
  • responsabilidad moral del poder económico

4. Lujo sin conciencia = autodestrucción

“Engordados para el día de la matanza” sugiere:

  • complacencia peligrosa
  • ceguera moral del privilegio

Supuesto común: el texto es un ataque contra los ricos.
Pero: el foco real es la injusticia y la explotación.

es una crítica ética universal contra el abuso de poder económico


Lecturas posibles desde distintas perspectivas

🔹 Espiritual: riqueza sin justicia corrompe el alma.
🔹 Social: denuncia temprana de desigualdad estructural.
🔹 Psicológica: el exceso de comodidad adormece la conciencia moral.
🔹 Política: cuestiona la impunidad del poder económico.


Pregunta incómoda que plantea el texto

No es: ¿soy rico o pobre?
Sino: ¿mi bienestar depende de la injusticia hacia otros?


domingo, 15 de febrero de 2026

Mentes colonizadas

 Hay una tragedia mayor que la invasión militar de un país: la invasión mental de sus ciudadanos. 



En medio de la crisis regional, duele ver compatriotas celebrando las amenazas de Washington como una salvación. A estas personas es necesario hablarles con brutal honestidad: son las grietas del dique por donde se cuela el agua que terminará ahogándonos a todos. Abrirle la puerta al invasor es un suicidio, no una liberación. 

El primer error de la mente colonizada es creer que Estados Unidos viene a poner orden para luego irse.

 La historia demuestra todo lo contrario. Cuando una potencia entra por la fuerza, no lo hace para cambiar el gerente, sino para quedarse con la empresa. ¿Llegó la democracia a Irak o la prosperidad a Libia? No. Llegó el saqueo y la devastación.

 El invasor no viene a salvarte de tu presidente, viene por tu petróleo, tu litio y tu agua. Y cuando se lo lleven, estarás en las mismas condiciones, pero ahora sin país. 

Esperar dignidad de quien históricamente ha asfixiado la región es un síndrome de Estocolmo geopolítico. Es la lógica de creer que si sonríes, el abusador dejará de golpearte. 

La violencia imperial no distingue entre buenos ciudadanos y rebeldes. Para el capital transnacional, todos somos prescindibles. Creer que por apoyar la invasión te sentarán a la mesa de los vencedores es una fantasía infantil. Te dejarán, si acaso, recogiendo las migajas. 

 El gobierno es temporal, la nación es permanente. Desear que invadan tu tierra por odiar a un líder político es como incendiar tu casa con tu familia dentro solo porque no soportas al padre.

 El líder quizás caiga, pero las bombas, el hambre y la destrucción las pagarán tú, tus hijos y tus nietos. Pedir intervención externa es renunciar a la adultez política y admitir que somos incapaces de resolver nuestros propios problemas. Si el dique se rompe, el agua no seleccionará a quién ahogar.

 La invasión es una aplanadora que no respeta ideologías. Entender esto no te obliga a amar a tu gobierno, sino a defender tu suelo. En una colonia no hay ciudadanos, solo súbditos. Y a los súbditos nunca les va mejor, porque aplaudir las cadenas no te hace libre.

Humberto. Tours en la Habana. Historia, Arte, Sociedad. WhatsApp+5352646921  

Instagram: humberto_habana

martes, 10 de febrero de 2026

El paraíso según algunos cubanos.



 Hay una escena que se repite demasiado. Alguien llega de viaje y cuenta que en tal país “hay de todo”. Que los supermercados están llenos, que hay marcas, que hay ofertas, que hay luz constante, que no hay colas interminables. Y entonces alguien dice, casi en un suspiro: “Eso es un paraíso”.

Pero vale la pena detenerse ahí.

¿Paraíso en comparación con qué? ¿Y para quién?

Porque cuando una sociedad vive durante años en condiciones de escasez por un bloqueo económico por la potencia mas rica del mundo y por 65 años, el umbral de lo que considera bienestar se desplaza. El simple hecho de poder entrar a un mercado y elegir entre tres tipos de leche en lugar de ninguno se convierte en símbolo de prosperidad. La abundancia relativa, vista desde la carencia absoluta, se percibe como milagro.

Sin embargo, para quienes nacieron y crecieron en Haití, República Dominicana, México o Brasil, la palabra “paraíso” tiene otro peso. No se mide solo en estantes llenos.

La ilusión de la abundancia

Desde fuera, el escaparate deslumbra. Supermercados iluminados, centros comerciales, cadenas internacionales. Eso es lo visible. Y lo visible construye narrativa.

Y esto me lo han contado los turistas con los que trabajo: 

Pero dentro de esos mismos países hay barrios donde la gente no compra en esos supermercados porque no puede pagar lo que venden. Hay trabajadores que, aunque los estantes estén llenos, viven al día. Hay familias que trabajan dos empleos y aún así no llegan a fin de mes. Hay zonas donde la violencia, el narcotráfico o la corrupción son parte del paisaje cotidiano.

El supermercado lleno no elimina la desigualdad. Solo la disimula mejor.

En Brasil, por ejemplo, conviven urbanizaciones de lujo con favelas que carecen de servicios básicos. En México, el acceso a bienes no ha erradicado la inseguridad crónica en muchas regiones. En República Dominicana, el crecimiento económico convive con salarios bajos y precariedad laboral. Y Haití… Haití es un caso extremo donde el colapso institucional hace que la abundancia sea, en realidad, excepcional.

Entonces, ¿es paraíso porque hay productos? ¿O es simplemente un mercado más funcional?

El efecto comparativo

La percepción no es objetiva; es comparativa.

Para alguien que vive en una economía cerrada y con restricciones severas, cualquier sistema donde el mercado funcione con relativa normalidad parece extraordinario. Pero para el ciudadano promedio de esos países, el estándar no es “estar mejor que Cuba”, sino “estar mejor que ayer”, “tener seguridad”, “tener oportunidades reales de movilidad social”.

Y ahí el concepto de paraíso se complica.

Un joven mexicano no compara su realidad con la escasez cubana; la compara con la inseguridad que enfrenta, con la falta de oportunidades en ciertas regiones, con la corrupción política. Un brasileño no celebra solo que haya productos; se pregunta si podrá pagar la universidad de sus hijos o si su barrio es seguro. Un dominicano no evalúa su país por la variedad de marcas, sino por la estabilidad laboral y la calidad de los servicios públicos.

El marco cambia la conclusión.

Libertad económica no es justicia social

Otro punto que suele pasarse por alto es que la abundancia de bienes no equivale automáticamente a equidad.

En economías más abiertas hay oferta, sí. Pero también hay competencia feroz, desigualdad estructural y vulnerabilidad social. El que no produce o no se inserta en el mercado queda atrás. Y el mercado no tiene vocación moral; tiene lógica de eficiencia.

Para quien viene de un sistema donde el discurso oficial ha girado en torno a la igualdad, el simple acceso a productos puede parecer una conquista total. Pero en sociedades más abiertas, el debate no es solo acceso a bienes, sino distribución del ingreso, calidad de servicios públicos, derechos laborales, movilidad social real.

Y muchos ciudadanos de esos países sienten que están lejos del ideal.

El espejismo psicológico

Hay también un componente emocional fuerte.

Cuando alguien vive bajo presión constante —económica, burocrática, simbólica— cualquier espacio con menos restricciones se siente como alivio. Y el alivio puede confundirse con felicidad estructural.

Pero el turista o el recién llegado no vive lo que vive el ciudadano promedio: impuestos, alquileres altos, sistemas de salud desiguales, violencia urbana, racismo estructural, discriminación, endeudamiento.

El visitante ve el escaparate. El residente conoce la trastienda.

El problema no es llamar “paraíso”

El problema no es que alguien use esa palabra desde la emoción. Es humano hacerlo. El problema es convertir esa comparación en análisis.

Porque cuando se simplifica el juicio a “hay cosas en el mercado, entonces es un paraíso”, se invisibilizan las complejidades sociales, económicas y políticas de esos países. Se pierde matiz.

Y también se pierde una oportunidad de entender algo más profundo: que ningún sistema resuelve todas las tensiones humanas. Cambian los problemas, cambian las angustias, cambian las prioridades.

En un lugar puede faltar leche. En otro puede sobrar leche pero faltar seguridad. En uno puede haber control estatal excesivo; en otro, abandono estatal en ciertas zonas. En uno puede haber estabilidad simbólica pero pobreza material; en otro, movilidad económica pero fractura social.

¿Qué es entonces un paraíso?

Tal vez la pregunta correcta no sea qué país es un paraíso, sino qué condiciones hacen que una persona sienta dignidad y estabilidad.

Seguridad. Acceso real a oportunidades. Capacidad de planificar el futuro. Servicios públicos que funcionen. Instituciones previsibles. Un entorno donde el esfuerzo tenga recompensa razonable.

Si esas variables fallan, el supermercado lleno pierde parte de su magia.

Una mirada más fría

Idealizar otros países puede ser comprensible cuando se vive en escasez. Pero también puede ser una forma de evasión. Convertir el “afuera” en mito simplifica la frustración interna: si todo lo de afuera es perfecto, entonces el problema está claramente localizado.

La realidad, sin embargo, es menos cinematográfica.

Esos países tienen economías más abiertas, sí. Tienen oferta de bienes, sí. Pero también tienen desigualdad, inseguridad, tensiones políticas, crisis recurrentes y conflictos estructurales.

No son infiernos, pero tampoco son paraísos.

Son sociedades complejas, con logros y con heridas.

Y quizás la conversación más honesta no sea cuál país es el paraíso, sino qué condiciones concretas necesitamos para que la vida cotidiana sea vivible, digna y proyectable.

Porque al final, el paraíso no está en el pasillo del supermercado.


HUmberto. Guia Local en la Habana. Maestro de Historia.

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instagram: humberto_habana


lunes, 2 de febrero de 2026

CUBA. TRUMP. BLOQUEO PETROLEO DIA 1

 30 enero








Diario — Día 1

Después del día uno de que Trump decidió bloquear a Cuba en todos los sentidos con el petróleo y sancionar a los países que directa o indirectamente suministren petróleo a Cuba, la primera reacción que tuve fue enviar un mensaje por WhatsApp a los amigos por ahí para despedirme. Les dije que si desaparecía, no se preocuparan: que sencillamente, posiblemente, la compañía telefónica no tuviera petróleo, que Cuba no tendría petróleo.

Puede parecer un poco anticipado. Puede sonar exagerado. Pero realmente estas experiencias las vivimos, y nos sorprendieron ya varias veces en la historia de Cuba.

En mi generación, la primera sorpresa grande fue cuando desapareció la Unión Soviética y comenzó el Período Especial. Todo lo que vivimos después fue terrible. Lo que pasa es que en ese momento pensábamos que el problema iba a durar un tiempo, que no iba a ser tan dramático. ¿Por qué? Pensábamos que el gobierno podía encontrar una solución.

Pero claro, existía ya una ley Torricelli y, varios años después, vino la ley Helms-Burton, que eliminó casi toda probabilidad de solucionar. Pasamos muchos años comiendo muy mal, con grandes apagones… y aun así persistíamos. Pero sí existió una figura como Fidel Castro. Fue una presencia constante, una brújula emocional en medio de tanta incertidumbre.

Y luego, hasta que en el 1998, 1999, surgió Chávez en Venezuela, hubo una esperanza. Esa esperanza nos hizo resistir, quizás dos años más, hasta que Chávez estuvo bien consolidado como para comenzar a venderle petróleo a Cuba primero y después enviarlo en situaciones de mucha emergencia.

Después vino la pandemia —la reciente, entre 2019 y 2021— y nuevamente quedó la economía cubana en cero. El gobierno se gastó todo el dinero manteniendo una población de casi 11 millones de personas en sus casas, alimentándolos. Inclusive en aquella época no había grandes problemas con el petróleo y por lo tanto no hubo apagones tan severos, pero el Estado se quedó sin dinero. Terminó la pandemia y Estados Unidos aprovechó la situación, supo todo esto y apretó aún más.

Y entonces, los dos primeros 20años posteriores a la pandemia fueron los de grandes emigraciones —el 20, el 2021, el 2022— hacia Estados Unidos y todas las crisis que sabemos que hoy existen.

Sé que no va a alcanzar por muchas precauciones que tomemos, por mucho que almacenemos, por mucho que nos preparemos. Las circunstancias pueden ser terribles. Muchas personas pueden morir si se mantienen las condiciones tal como están.

Pienso que mi mamá puede morir por la edad, por las enfermedades.

Me acuerdo que en todos estos tiempos, sobre todo en el 1994, hubo dengue de todas las maneras posibles, pero también neuropatías, que todavía las personas arrastran hoy en día, como arrastramos hoy en día el chikungunya, que coincidentemente vuelve a aparecer en un momento de crisis.

En mi opinión, la CIA está haciendo un muy buen trabajo, pero bueno… es una opinión que solamente indica la experiencia, no la realidad.

Y, en fin, ese fue el primer día. Realmente hizo un frío muy fuerte, no pude casi dormir y me levanté todo alterado al día siguiente por falta de sueño, por preocupación, por angustia.

Y eso, que alguien poderoso decidió que no hay reglas.