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martes, 10 de febrero de 2026

El paraíso según algunos cubanos.



 Hay una escena que se repite demasiado. Alguien llega de viaje y cuenta que en tal país “hay de todo”. Que los supermercados están llenos, que hay marcas, que hay ofertas, que hay luz constante, que no hay colas interminables. Y entonces alguien dice, casi en un suspiro: “Eso es un paraíso”.

Pero vale la pena detenerse ahí.

¿Paraíso en comparación con qué? ¿Y para quién?

Porque cuando una sociedad vive durante años en condiciones de escasez por un bloqueo económico por la potencia mas rica del mundo y por 65 años, el umbral de lo que considera bienestar se desplaza. El simple hecho de poder entrar a un mercado y elegir entre tres tipos de leche en lugar de ninguno se convierte en símbolo de prosperidad. La abundancia relativa, vista desde la carencia absoluta, se percibe como milagro.

Sin embargo, para quienes nacieron y crecieron en Haití, República Dominicana, México o Brasil, la palabra “paraíso” tiene otro peso. No se mide solo en estantes llenos.

La ilusión de la abundancia

Desde fuera, el escaparate deslumbra. Supermercados iluminados, centros comerciales, cadenas internacionales. Eso es lo visible. Y lo visible construye narrativa.

Y esto me lo han contado los turistas con los que trabajo: 

Pero dentro de esos mismos países hay barrios donde la gente no compra en esos supermercados porque no puede pagar lo que venden. Hay trabajadores que, aunque los estantes estén llenos, viven al día. Hay familias que trabajan dos empleos y aún así no llegan a fin de mes. Hay zonas donde la violencia, el narcotráfico o la corrupción son parte del paisaje cotidiano.

El supermercado lleno no elimina la desigualdad. Solo la disimula mejor.

En Brasil, por ejemplo, conviven urbanizaciones de lujo con favelas que carecen de servicios básicos. En México, el acceso a bienes no ha erradicado la inseguridad crónica en muchas regiones. En República Dominicana, el crecimiento económico convive con salarios bajos y precariedad laboral. Y Haití… Haití es un caso extremo donde el colapso institucional hace que la abundancia sea, en realidad, excepcional.

Entonces, ¿es paraíso porque hay productos? ¿O es simplemente un mercado más funcional?

El efecto comparativo

La percepción no es objetiva; es comparativa.

Para alguien que vive en una economía cerrada y con restricciones severas, cualquier sistema donde el mercado funcione con relativa normalidad parece extraordinario. Pero para el ciudadano promedio de esos países, el estándar no es “estar mejor que Cuba”, sino “estar mejor que ayer”, “tener seguridad”, “tener oportunidades reales de movilidad social”.

Y ahí el concepto de paraíso se complica.

Un joven mexicano no compara su realidad con la escasez cubana; la compara con la inseguridad que enfrenta, con la falta de oportunidades en ciertas regiones, con la corrupción política. Un brasileño no celebra solo que haya productos; se pregunta si podrá pagar la universidad de sus hijos o si su barrio es seguro. Un dominicano no evalúa su país por la variedad de marcas, sino por la estabilidad laboral y la calidad de los servicios públicos.

El marco cambia la conclusión.

Libertad económica no es justicia social

Otro punto que suele pasarse por alto es que la abundancia de bienes no equivale automáticamente a equidad.

En economías más abiertas hay oferta, sí. Pero también hay competencia feroz, desigualdad estructural y vulnerabilidad social. El que no produce o no se inserta en el mercado queda atrás. Y el mercado no tiene vocación moral; tiene lógica de eficiencia.

Para quien viene de un sistema donde el discurso oficial ha girado en torno a la igualdad, el simple acceso a productos puede parecer una conquista total. Pero en sociedades más abiertas, el debate no es solo acceso a bienes, sino distribución del ingreso, calidad de servicios públicos, derechos laborales, movilidad social real.

Y muchos ciudadanos de esos países sienten que están lejos del ideal.

El espejismo psicológico

Hay también un componente emocional fuerte.

Cuando alguien vive bajo presión constante —económica, burocrática, simbólica— cualquier espacio con menos restricciones se siente como alivio. Y el alivio puede confundirse con felicidad estructural.

Pero el turista o el recién llegado no vive lo que vive el ciudadano promedio: impuestos, alquileres altos, sistemas de salud desiguales, violencia urbana, racismo estructural, discriminación, endeudamiento.

El visitante ve el escaparate. El residente conoce la trastienda.

El problema no es llamar “paraíso”

El problema no es que alguien use esa palabra desde la emoción. Es humano hacerlo. El problema es convertir esa comparación en análisis.

Porque cuando se simplifica el juicio a “hay cosas en el mercado, entonces es un paraíso”, se invisibilizan las complejidades sociales, económicas y políticas de esos países. Se pierde matiz.

Y también se pierde una oportunidad de entender algo más profundo: que ningún sistema resuelve todas las tensiones humanas. Cambian los problemas, cambian las angustias, cambian las prioridades.

En un lugar puede faltar leche. En otro puede sobrar leche pero faltar seguridad. En uno puede haber control estatal excesivo; en otro, abandono estatal en ciertas zonas. En uno puede haber estabilidad simbólica pero pobreza material; en otro, movilidad económica pero fractura social.

¿Qué es entonces un paraíso?

Tal vez la pregunta correcta no sea qué país es un paraíso, sino qué condiciones hacen que una persona sienta dignidad y estabilidad.

Seguridad. Acceso real a oportunidades. Capacidad de planificar el futuro. Servicios públicos que funcionen. Instituciones previsibles. Un entorno donde el esfuerzo tenga recompensa razonable.

Si esas variables fallan, el supermercado lleno pierde parte de su magia.

Una mirada más fría

Idealizar otros países puede ser comprensible cuando se vive en escasez. Pero también puede ser una forma de evasión. Convertir el “afuera” en mito simplifica la frustración interna: si todo lo de afuera es perfecto, entonces el problema está claramente localizado.

La realidad, sin embargo, es menos cinematográfica.

Esos países tienen economías más abiertas, sí. Tienen oferta de bienes, sí. Pero también tienen desigualdad, inseguridad, tensiones políticas, crisis recurrentes y conflictos estructurales.

No son infiernos, pero tampoco son paraísos.

Son sociedades complejas, con logros y con heridas.

Y quizás la conversación más honesta no sea cuál país es el paraíso, sino qué condiciones concretas necesitamos para que la vida cotidiana sea vivible, digna y proyectable.

Porque al final, el paraíso no está en el pasillo del supermercado.


HUmberto. Guia Local en la Habana. Maestro de Historia.

whatssap +5352646921

instagram: humberto_habana


miércoles, 19 de enero de 2022

LO QUE DESEAMOS Y PEDIMOS (algunos)

 Otro año de resistencia. Otro año de sacrificios por algo tangible a veces, pero la mayor parte del tiempo por algo intangible, casi utópico. Y creo que este año, como nunca en los últimos veinte años, hemos comenzado uno nuevo agotados, exhaustos.

En la década de los 1990 fue algo peor en muchos aspectos, pero el mundo era diferente, no estábamos tan conectados, no había tanto flujo de información, estaba Fidel Castro, no había turismo, estábamos todos juntos y no se habían marchado tantos.

¿Qué pedimos o deseamos los cubanos en este 2022? Es algo complejo responder a esta pregunta. Tan complejo como la sociedad cubana misma, como el sistema político cubano y lo que le dio origen, como lo que lo mantiene en un estado de sitio constante.

He hecho una encuesta y hago un pequeño resumen con algunas de las demandas o sueños que más se repetían. Reconozco que les di más importancia a personas con cierto nivel educacional, pero también he de reconocer que son los precisamente menos educados y sus deseos y aspiraciones los que de manera violenta pueden hacer que la Historia gire en un sentido insospechado.

El orden no es de importancia.

1)    Poder vivir del salario. Y no estamos hablando de viajes y compras de lujo. Estamos hablando de un salario que sirva para algo más que comer. Hace mucho que la mayoría de los cubanos no pueden comprarse un par de zapatos, regalarse una prenda de vestir nueva, hacer unas vacaciones.

2)    Necesitamos profesionales. . .mas profesionales. Desde la policía hasta los ingenieros. Da la impresión que hay un inmovilismo excepto cuando el gobierno incita mediante campañas o estamos en peligro como en la pandemia de COVID. Todo lleva el toque de la desidia: los edificios mal pintados, productos comestibles adulterados y con precios de primera, calles mal asfaltadas, prioridad de la política sobre la vida sencilla. Obstáculos y obstáculos ante cada gestión ante cada paso hacia la prosperidad o una vida normal.

3)    Una labor diplomática más fuerte para lograr que el bloqueo americano sea levantado. Sentimos que no es suficiente lo que se hace, lo que lleva a que en las mentes de algunos se piense que es hasta conveniente para mantener el estatus de inmovilismo. Poderosos aliados que nos deben mucho en cuanto a influencias y apoyos no están contribuyendo ni ayudando a Cuba en la dirección esperada. Hacer declaraciones, marchas, votaciones en la ONU han demostrado ser ineficaces.

4)    Reforma en el sistema de educación en cuanto a algunos temas que mejorarían la calidad de lo ya logrado. Hoy en día los niños y sobre todo los jóvenes deberían salir de los doce grados de educación con dominio amplio de temas como educación financiera, salud mental (manejar la ansiedad, la depresión, etc) los nuevos elementos que van surgiendo en la economía desde las criptomonedas , las PYMES, los impuestos y su uso), gestión del tiempo (manejarlo mejor para optimizarlo en una época  donde todo parece ir a mayor velocidad) y finalmente en algo tan importante como la ética y los actos de bondad necesarios para que esto que hemos vivido en los últimos dos años con aprovechadores y especuladores se elimine y no se vuelva a repetir, y hacer una sociedad donde no sea necesario la movilización de las fuerzas del orden para lograr la paz social

5)    Mejora en el sistema de transporte (mucho que ver con el punto 3)

6)    Desaparición definitiva de las desigualdades reales, digamos que los rezagos del capitalismo como los de los tiempos del socialismo. Hay cosas que ya se suponen que no deban existir en un país donde se supone que se hizo una reforma profunda de la sociedad. Hablo de barrios marginales, hablo de personas sin alcantarillado o un solo bombillo en toda la casa, hablo de personas sin agua corriente.

7)    Unas ciudades más habitables. La Habana es bonita en el casco histórico, Miramar, quizás el Vedado y Playa y algunos repartos muy específicos. El resto es feo, despintado, sin cines y restaurantes, sin parques, sin sistema de transporte, con una sola tienda si es que la hay. Esto incluye un orden y planificación física mejor donde los ciudadanos no hagan cerramientos y todo tipo de reformas sin los permisos o corrompiendo a funcionarios.

8)    Que nos den acceso al mar. Desde un punto de vista realista nuestro acceso al mar es a las playas y al malecón. No podemos tener embarcaciones, en lugares turísticos los cubanos no podemos navegar en catamaranes o yates. Pregúntenle a un cubano promedio cuánto hace no ya que no come un marisco, sino un simple pescado. El mar en esta isla es un elemento decorativo o un muro de contencion cuando debería ser una fuente de diversión, alimentos, recurso de embellecimiento de la ciudad y el espíritu de las personas. ¿Qué mejor imagen para ilustrar esto que un muro de cemento gris y enmohecido de casi 9 kms de largo sin un uso moderno y practico?

 Hace algunos años fue la primera vez que vi a nuestro actual presidente en televisión. En aquel momento dijo algo que no he olvidado y que por eso creo que es alguien comprometido con lo mejor para su pueblo. En aquel momento dijo que a pesar de los esfuerzos que se habían hecho (dentro del omnipresente bloqueo americano) él sentía que había una deuda que el gobierno cubano no había podido saldar con su pueblo: el bienestar material.

¿Qué es para nosotros el bienestar material además de todo lo anterior que he enumerado? No estamos hablando de riquezas ni de lujos. Estamos hablando de los electrodomésticos, de la ropas adecuadas al clima, de celebrar carnavales como los de antes (cuando ya existía el bloqueo), cumpleaños y éxitos otra vez como antaño, de tener helado y confituras en casa, de poder viajar con nuestra economía los que puedan, de poder renovar y pintar nuestros hogares, de poder tener buenos colchones y zapatos que es sobre los que pasamos la mayor parte de la vida.

¿comprendemos? Si, comprendemos. ¿Nos sacrificamos por un ideal? Sí, nos sacrificamos, y desde hace mucho. Pero hasta ahora la luz al final del túnel no aparece y cuando en algún momento ha parecido que por fin ha llegado, resulta que ha sido la luz del tren que nos ha atropellado.


LO QUE SE LE PIDE A CUBA

GUIA LOCAL
HUMBERTO


jueves, 18 de junio de 2020

ETICA


Estudié medicina. Algunos lo saben.
Algún dia explico por qué lo deje'. Sin embargo no lo considero unos años perdidos. Me han servido en muchas ocasiones para una mejor comprensión del mundo en que vivo, en que vivimos.
Y no todo fue biología, fisiología, bioquímica , anatomía e histología.
Una de las cosas que más me marcó durante esos años de estudios intensísimos fue la asignatura de Ética. Es curioso porque se da en el primer año, no va a examen final, tampoco tiene más de dos frecuencias semanales, sin embargo tuve unos profesores que nunca olvidaré. Ni a ellos ni lo que me enseñaron.
Eran un matrimonio de psicólogos. Sembraron en mí  algo así como una brújula moral. La relación entre el médico y el paciente, la iatrogenia, la relacion con la sociedad desde la posicion de alguien que puede curar, aliviar el dolor. En cada clase trataban de inculcar unos principios importantísimos en una carrera tan especial como la medicina. Ellos fueron unos de los pocos profesores de la facultad de medicina que se quedaron en Cuba después del 1959. Sin embargo, algo sembraron en mi mente que no me permite actuar  en cierta manera: siguiendo multitudes. Cosa que es pecado en una sociedad como la cubana actual.
Sembraron en mí inquietudes intelectuales, valoraciones profundas sobre el ser humano y el valor de la vida sobre el dinero, el respeto por lo que han sacrificado sus vidas por la ciencia o la vida de otras personas. El respeto por la individualidad, aún respetando las leyes del momento y a la colectividad. Sin emgargo no fui militante de la Unión de Jóvenes Comunistas. No soy militante del Partido Comunista. No fui miembro de las Milicias. Y por ser así no pocos  obstáculos y limitaciones he tenido, y tengo. Sin embargo, aquí estoy, a diferencia de otros que sí pertenecieron de manera oportunista a cuanta organización existe.
Pero tampoco, y a pesar del "negocio" al que me dedico para paliar mi salario de maestro, he vendido drogas o me he dedicado a la prostitución, es decir, a ser un proxeneta.
Decenas de personas se me han acercado en estos casi 15 años a ofrecerme “negocios ventajosos”. Pero estoy en contra de todo eso por principios. No critico o juzgo, solo trato de seguir un camino mostrado por gente como mis padres, o esos profesores de Ética
Recuerdo el tema de mi exposición de final del año en esa asignatura: ”El papel del científico en el mundo contemporáneo”
Pude haber hablado mucho. Utilizar palabras trilladas y huecas, pero escogí hablar de Perseo, el héroe griego que corto' la cabeza de Medusa y que después de tantas peripecias tenia un dilema: a quién le daba la cabeza de la Gorgona Medusa que solo con su mirada transformaba a los hombres en piedra. Era un arma terrible.
Podía entregarla a Ares el Dios de la Guerra o a Atenea. Prefirió darla a Atenea para que la pusiera en su escudo.
Cuando terminé la mayoría de los estudiantes se miraban sin entender, y mucho menos cuando el jurado de profesores me dio los 5 puntos (calificación máxima).
La cuestión es vital en nuestro días. Hoy ya casi no se crea o inventa por el gusto de donarlo a los demás, de dar libre y desinteresado acceso a la humanidad, la que puede pagarlo y la que no. Todo gira en torno a patentes, licencias, permisos, derecho de autor. Pero hay algo peor: en el mundo de la ciencia esto también llegó y para quedarse.
Y entonces en el mundo contemporáneo algunos científicos logran descubrir algo increíblemente sensible en cuanto a su importancia para sanar. . o matar. Un medicamento o una sustancia mortífera. Una herramienta o un arma. Y es su responsabilidad el saber a quien se lo da. Al dinero o a la humanidad.
Lo estamos viviendo más que nunca. Miremos al mundo a nuestro alrededor. Medicinas que valen miles y gente muriendo por no poder pagar. Herramientas que se convierten en armas de exterminio masivo o de represion. Y así vamos, con cada vez menos responsabilidad moral, responsabilidad por nuestras acciones , respaldados por las leyes injustas, los gobiernos que se venden, el mundo que mira hacia otro lado porque todos queremos ser millonarios con una idea, con un descubrimiento, aun cuando este represente la salvación de muchos que no pueden costearlo.
Pero tengo fe en que, todavía, puede haber un punto de giro. O un nuevo comienzo. Aunque sea un borrón y cuenta nueva y decidamos intentarlo con nuevas reglas. Algo puede pasar, alguien puede nacer y cambiar las cosas, extirpar pensamientos egoístas y hacer que las cosas funcionen de manera natural porque la semilla está en nuestras almas, solo hace falta un empujoncito de amistad, de amor o de paz.
Pero mientras eso sucede, bienvenidos a la maldición de la Ética, el lugar donde los hombres y mujeres de bien sufren.