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martes, 2 de junio de 2026

Marco Rubio: el oportunista que se convirtió en canciller

Marco Rubio: el oportunista que se convirtió en canciller 

Hay una paradoja que define la carrera de Marco Rubio mejor que cualquier discurso que haya pronunciado: es un hombre que domina perfectamente el manual de la diplomacia y lo viola sistemáticamente cuando le conviene. Para entenderlo, no basta con seguirle los titulares. Hay que mirar con más calma la distancia que existe entre lo que sabe y lo que hace, entre su inteligencia política real y los límites que él mismo se impone para sobrevivir dentro de una corte que no tolera la independencia de criterio.

El problema del canciller que genera titulares

Uno de los principios fundamentales de la diplomacia clásica —ese arte que estudiaron cancilleres como Talleyrand, Bismarck o Kissinger— es que el mejor diplomático es aquel del que raramente se habla. La discreción no es cobardía: es el instrumento que permite mantener abiertas las vías de negociación, evitar que el adversario endurezca sus posiciones públicamente y preservar la posibilidad del acuerdo cuando los micrófonos se apagan.

Rubio hace exactamente lo contrario.

Su estilo en foros internacionales apuesta por la confrontación directa y el lenguaje de máxima presión. En la Conferencia de Seguridad de Múnich, por ejemplo, enmarcó los conflictos globales en términos de choques civilizacionales absolutos, cerrando el espacio para el pragmatismo y el matiz que la diplomacia requiere. El resultado previsible de ese enfoque es que los interlocutores potenciales se endurecen, los aliados dudan y los adversarios se sienten autorizados a responder en el mismo tono.

Un canciller de la talla histórica que Rubio admira habría entendido que cuando el discurso reemplaza a la negociación, no es fortaleza lo que se proyecta sino impaciencia. Y la impaciencia es la debilidad más cara en el tablero internacional.

Las purgas y el vaciamiento institucional

Hay otro aspecto de su gestión que merece atención especial, porque afecta no solo a la efectividad inmediata sino a la salud del aparato diplomático a largo plazo. Durante su mandato, el Departamento de Estado ha experimentado una depuración significativa del personal técnico, reemplazado en varios casos por figuras de lealtad política en lugar de expertos con trayectoria.

Esto no es un dato menor. El Servicio Exterior de los Estados Unidos tarda décadas en construirse. Los diplomáticos de carrera son la memoria institucional del país: conocen los archivos, las relaciones personales, los matices culturales y los antecedentes históricos de cada negociación. Cuando se los sustituye por leales sin esa experiencia acumulada, la maquinaria pierde capacidad de anticipación y respuesta.

Las consecuencias no son abstractas. En zonas de conflicto activo, la falta de cuadros experimentados se ha traducido en lentitudes logísticas y fallos de previsión que ningún discurso contundente puede compensar. El poder sostenido no se construye con retórica; se construye con control milimétrico de la información y los recursos. Rubio lo sabe. Y aun así, permitió que ocurriera, porque dentro de la lógica de la corte en la que opera, los leales son más valiosos que los competentes.

El dilema del ejecutor fiel

Para ser justos con Rubio, hay que comprender el sistema en el que opera. No está diseñado para ser el freno inteligente del poder; está diseñado para ser su brazo ejecutor.

En un entorno de poder personalista como el del actual gobierno estadounidense, el Secretario de Estado no es el gran estratega que orienta las decisiones del Ejecutivo. Es quien las traduce en política concreta, quien las argumenta ante la comunidad internacional y quien, ante la prensa, no corrige los exabruptos presidenciales sino que los justifica con la premisa de que "el presidente siempre actúa en el interés nacional". Intentar moderar al líder o sugerir concesiones multilaterales equivale, en ese entorno, a una traición al movimiento. Y esa traición tiene un costo inmediato: la destitución.

Rubio lo entendió antes que nadie. Por eso sobrevive. Por eso sigue siendo el canciller. Y por eso, paradójicamente, su mayor virtud dentro del sistema es también su mayor limitación histórica: ha subordinado el rigor estratégico a la supervivencia política.

Entre la mediocridad y el oportunismo: un balance honesto

Si aplicamos los parámetros clásicos de la diplomacia efectiva para evaluar su gestión, el balance arroja un cuadro de contradicciones profundas:

Rubio no sabe que el error capital de la diplomacia es humillar al vencido, sembrar el odio para la próxima guerra y crear enemigos permanentes donde podrían existir interlocutores circunstanciales. Y sin embargo, la política de máxima presión que aplica —especialmente con Iran y con Venezuela— es exactamente esa: la aniquilación simbólica y económica del adversario sin dejarle salida digna, lo que garantiza que cualquier acuerdo futuro parta de una posición de resentimiento y desconfianza acumulada.

No ha comprendido que los aliados se construyen con reciprocidad y respeto a las formas, y que exigir unilateralmente cuotas militares bajo amenaza de revisar las alianzas genera un clima de desconfianza que tarda generaciones en repararse. Y sin embargo, ese ha sido el tono de su gestión con varios socios de la OTAN.

No sabe que la incontinencia verbal es un error diplomático de primer orden, porque muestra las cartas propias, cierra salidas y provoca escaladas innecesarias. Y sin embargo, ha elegido ser el canciller del micrófono abierto, del discurso de alta temperatura, del titular que confirma la postura pero destruye la posibilidad del puente.

¿Es entonces un diplomático mediocre? No exactamente. Un mediocre no conoce las reglas. Rubio las conoce de memoria. Lo que lo define no es ignorancia sino elección: ha decidido conscientemente priorizar la lógica de la supervivencia interna sobre el rigor del oficio. Eso no lo hace mediocre; lo hace oportunista. Y el oportunismo, a diferencia de la mediocridad, es una forma activa de desperdicio: el desperdicio de un talento real puesto al servicio de un horizonte demasiado corto.

Lo que el manual nunca enseña: el precio de renunciar a la verdad

Hay una frase que captura el nudo de esta historia mejor que cualquier análisis técnico: cuando se renuncia a decirle la verdad al poder, se termina perdiendo tanto la grandeza estratégica como el control de los acontecimientos.

Rubio es un superviviente. Es astuto, frío y calculador. Ha aprendido a ser indispensable por miedo y necesidad, a hacer que incluso sus detractores dentro del gobierno lo necesiten. Es un político de primer nivel en el arte de mantenerse a flote.

Pero la historia de la diplomacia no la escriben los que sobreviven a una corte. La escriben los que, en el momento decisivo, tuvieron el coraje de anteponer el interés del Estado —y la verdad— al interés personal. Talleyrand sobrevivió a cinco regímenes, sí, pero también negoció la paz de Europa en el Congreso de Viena cuando todo el continente estaba en llamas. Kissinger fue pragmático hasta el cinismo, sí, pero abrió China y diseñó la distensión con la Unión Soviética porque tenía una visión que trascendía el ciclo electoral.

Rubio o no  tiene la inteligencia para hacer algo así o no ha tenido, hasta ahora, la independencia de criterio necesaria para intentarlo.

Eso, al final, es lo más revelador de su gestión. No es el canciller que fracasó por falta de capacidad. Es el canciller que eligió no intentarlo aunque digan es solo realpolitik

domingo, 1 de marzo de 2026

CUBA. TRUMP. BLOQUEO PETROLEO DIARIO

 30 enero








Diario — Día 1

Después del día uno de que Trump decidió bloquear a Cuba en todos los sentidos con el petróleo y sancionar a los países que directa o indirectamente suministren petróleo a Cuba, la primera reacción que tuve fue enviar un mensaje por WhatsApp a los amigos por ahí para despedirme. Les dije que si desaparecía, no se preocuparan: que sencillamente, posiblemente, la compañía telefónica no tuviera petróleo, que Cuba no tendría petróleo.

Puede parecer un poco anticipado. Puede sonar exagerado. Pero realmente estas experiencias las vivimos, y nos sorprendieron ya varias veces en la historia de Cuba.

En mi generación, la primera sorpresa grande fue cuando desapareció la Unión Soviética y comenzó el Período Especial. Todo lo que vivimos después fue terrible. Lo que pasa es que en ese momento pensábamos que el problema iba a durar un tiempo, que no iba a ser tan dramático. ¿Por qué? Pensábamos que el gobierno podía encontrar una solución.

Pero claro, existía ya una ley Torricelli y, varios años después, vino la ley Helms-Burton, que eliminó casi toda probabilidad de solucionar. Pasamos muchos años comiendo muy mal, con grandes apagones… y aun así persistíamos. Pero sí existió una figura como Fidel Castro. Fue una presencia constante, una brújula emocional en medio de tanta incertidumbre.

Y luego, hasta que en el 1998, 1999, surgió Chávez en Venezuela, hubo una esperanza. Esa esperanza nos hizo resistir, quizás dos años más, hasta que Chávez estuvo bien consolidado como para comenzar a venderle petróleo a Cuba primero y después enviarlo en situaciones de mucha emergencia.

Después vino la pandemia —la reciente, entre 2019 y 2021— y nuevamente quedó la economía cubana en cero. El gobierno se gastó todo el dinero manteniendo una población de casi 11 millones de personas en sus casas, alimentándolos. Inclusive en aquella época no había grandes problemas con el petróleo y por lo tanto no hubo apagones tan severos, pero el Estado se quedó sin dinero. Terminó la pandemia y Estados Unidos aprovechó la situación, supo todo esto y apretó aún más.

Y entonces, los dos primeros 20años posteriores a la pandemia fueron los de grandes emigraciones —el 20, el 2021, el 2022— hacia Estados Unidos y todas las crisis que sabemos que hoy existen.

Sé que no va a alcanzar por muchas precauciones que tomemos, por mucho que almacenemos, por mucho que nos preparemos. Las circunstancias pueden ser terribles. Muchas personas pueden morir si se mantienen las condiciones tal como están.

Pienso que mi mamá puede morir por la edad, por las enfermedades.

Me acuerdo que en todos estos tiempos, sobre todo en el 1994, hubo dengue de todas las maneras posibles, pero también neuropatías, que todavía las personas arrastran hoy en día, como arrastramos hoy en día el chikungunya, que coincidentemente vuelve a aparecer en un momento de crisis.

En mi opinión, la CIA está haciendo un muy buen trabajo, pero bueno… es una opinión que solamente indica la experiencia, no la realidad.

Y, en fin, ese fue el primer día. Realmente hizo un frío muy fuerte, no pude casi dormir y me levanté todo alterado al día siguiente por falta de sueño, por preocupación, por angustia.

Y eso, que alguien poderoso decidió que no hay reglas.

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Dia 3-4 (en febrero)  


La gente ha perdido el sentido del peligro. Están como si nada, al menos la gente que yo veo. El que cocinaba con electricidad ahora compra carbón sin mayor preocupación. La gente está muy relajada. No tienen sensación del peligro, de lo que pueda pasar. Aunque lo hayamos vivido otras veces, esta vez no es lo mismo.

Hace mucho frío en La Habana estos días, lo que empeora la sensación. Estamos encerrados en las casas con este frío intenso. Son días grises. Todo tiende a la tristeza y la depresión. Pero la gente no la veo realmente muy preocupada.

Hay un gran contraste entre todo lo que se ha dicho hasta ahora y la realidad actual. Todavía había personas que decían que el bloqueo no existía. De repente esto ha sido como un mazazo.

Es similar, supongo, a los venezolanos que creían que Trump no estaba por el petróleo sino por la libertad de Venezuela. Se lo creyeron y ahora es un golpe duro, porque realmente está solamente por el petróleo. Lo mismo ha pasado ahora: se dan cuenta de que es el cierre total. Ya no tienen excusa para decir que no hay bloqueo.

Internacionalmente no veo mucho movimiento. El mundo... es una situación muy compleja. Cuba apostó por el BRICS porque se ha vendido como una plataforma de multilateralismo. Esta es la primera prueba importante del BRICS para demostrar si realmente el mundo puede ser multipolar o no, y para tomar las medidas necesarias.

Si no actúan, van a arrastrar este estigma toda la vida. Dondequiera que vayan, donde se paren, siempre habrá quien les eche en cara la pasividad y el haber abandonado a Cuba.

Por lo demás, cierro por hoy.

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Días 5 al 8 – Después del bloqueo petrolero Americano


Ya empezaron a tomarse medidas más fuertes: limitación del transporte, restricciones en hospitales, ajustes en las conexiones básicas. Lo que ha pasado otras veces.

Me ha sorprendido, independientemente de que es una situación dramática, la cantidad de cosas que se han ido haciendo para prevenir algo parecido. Por eso era algo que tarde o temprano pasaría con Cuba. No solamente por el conflicto directo que tiene Estados Unidos con nosotros, sino por cómo va el mundo. Hay muchas guerras, muchos conflictos, sube el precio del combustible. Los acuerdos, por ejemplo, para que Rusia nos enviara petróleo ahora son casi imposibles de concretar porque no se le da paso por el Mediterráneo, por el Mar Negro. Sería casi imposible.

La gran sorpresa, que sucedió con la pandemia y ahora vuelve a suceder, es que se empezó a distribuir gas licuado. Llegó un barco de nombre Sandino del que no se sabe cómo obtuvo petróleo ni de dónde vino. El silencio tiene que ser porque hay cosas que para lograrlas deben mantenerse ocultas, el famoso dicho de José Martí.

En Estados Unidos están preparando el banquete de bodas. Aquí la gente ya tiene un poco más de conciencia después de los primeros días, pero sin sustos, sin miedo.

Un día como hoy les puedo decir: no creo que vaya a haber invasión militar. Sería un desprestigio total. Habría que orquestar una manipulación, y algo orquestado así ya nos tendría atentos. Surgió un grupo que se llama "Desde el Cuartico" o algo así. No sé cuántos serán, creo que tres o cuatro. Enseguida los identificaron y los sacaron de circulación. Trabajando para el enemigo no hay manera de que puedan quedarse activos.

La mayoría de las actividades se cancelaron. Sobre todo para que los trabajos sean de lunes a jueves, dejando viernes, sábado y domingo la energía para las casas.

Una de las cosas que me ha sorprendido es la cantidad de paneles solares que están instalando. No ya para suministrar electricidad en grande, sino en casas de maestros, de médicos, en el campo, en consultorios de familia, en escuelas. Lugares donde es difícil llevar la electricidad por cables y postes. Están entrevistando a los beneficiados y están muy contentos. No es lo mismo 12 horas sin electricidad que dos. Dicen que incluso en días nublados pueden cargar perfectamente en cuatro horas.

Los afortunados que tienen familia en el extranjero con dinero pueden comprar sus paneles solares y tener electricidad para cocinar y otras necesidades.

Hasta el día de hoy, independientemente de que existen preocupaciones—a nivel gubernamental bastantes, se nota por el tono de las palabras—también hay relax todavía. Estamos totalmente calmados.

Donde se nota es en el servicio de los hospitales y supongo que en los próximos días en los alimentos. No en la producción, sino en que lleguen a la ciudad, porque aunque hay muchos autos eléctricos y cosas que facilitan el transporte, inevitablemente le van a subir el precio. Ya sabes cómo son los revendedores.



 

viernes, 23 de enero de 2026

EXPLICANDO EL BLOQUEO. (PARTE 6, FINAL)

 

CUBA. BLOQUEO. 2026

 


Análisis del Rigor Intelectual (La Verdad Desnuda)

Lo que estamos viendo en 2026 es el uso de la lista para desmantelar el paradigma del bienestar social. Al atacar los ingresos por servicios médicos  y sabotear la producción de medicamentos propios:

  1. Se obliga al Estado cubano a gastar más en importar lo que antes producía.
  2. Se deteriora la salud pública interna para generar descontento.
  3. Se empuja al personal más calificado a emigrar, quitándole a Cuba su recurso más preciado.

Esta es, posiblemente, la tesis central que define la supervivencia de Cuba en este inicio de 2026. Si el capital financiero es el arma del agresor, el capital intelectual es el escudo y la única fuerza productiva que el bloqueo no ha podido confiscar, aunque intente drenarla.

Al analizar con rigor, vemos que el nivel de formación del cubano no es solo un "orgullo nacional", sino una herramienta de resistencia táctica en tres frentes críticos:

1. La Soberanía del "Saber Hacer" (Biotecnología y Energía)

En un escenario de asfixia total, donde no se pueden importar piezas o medicamentos terminados, la formación científica permite a Cuba sustituir importaciones por innovaciones:

  • Resistencia Médica: Mientras la lista de "Patrocinadores del Terrorismo" bloquea la compra de fármacos de última generación, los científicos cubanos utilizan su formación para desarrollar alternativas nacionales. En 2025 y 2026, esto ha sido la diferencia entre la vida y la muerte para miles de pacientes.
  • Inventiva Industrial: Ante la falta de divisas para comprar tecnología nueva, el nivel de ingeniería en Cuba permite mantener infraestructuras obsoletas mediante la fabricación local de piezas y la adaptación de tecnologías de diferentes procedencias (rusa, china, europea), algo que un país sin esa base profesional no podría sostener.

2. La Resistencia Digital y la Economía del Conocimiento

A pesar de la "guerra radioeléctrica" y el bloqueo de servicios de Google y otras plataformas que mencionamos, el alto nivel de alfabetización digital permite que:

  • Jóvenes profesionales encuentren formas de saltar el cerco tecnológico (uso de VPNs, desarrollo de software propio, redes alternativas).
  • Cuba pueda proyectarse hacia los BRICS no como un simple exportador de materias primas, sino como un socio que aporta propiedad intelectual y servicios profesionales de alto valor añadido.

3. La formación como "Antídoto" a la Infoguerra

Como bien dijiste, el enemigo poderoso intenta influir en la sociedad aprovechando las carencias. Aquí, la formación cultural y política actúa como un filtro:

  • Un pueblo instruido tiene más herramientas para identificar cuándo una crisis es producto de una ineficiencia interna y cuándo es el resultado directo de una maniobra financiera externa.
  • La conciencia histórica (parte de esa formación) es lo que permite que, a pesar de los apagones y las colas, una parte considerable de la población entienda que el objetivo del asedio es la rendición de la soberanía, no la "democratización".

El Dilema del 2026: ¿Formar para resistir o formar para exportar?

Sin embargo, para que nuestro análisis sea honesto y riguroso, debemos señalar el punto de máxima tensión: la formación es la herramienta más fuerte, pero también la más vulnerable.

El "enemigo poderoso" sabe esto y por eso ha diseñado políticas para que ese talento emigre. El reto de la Revolución en este momento es:

¿Cómo lograr que ese cubano altamente formado sienta que puede realizar su proyecto de vida dentro de la isla, cuando la guerra económica está diseñada específicamente para que su alto nivel de instrucción sea lo que le facilite la entrada en cualquier otro país?

Si Cuba logra retener y dar sentido a ese capital humano en medio de la crisis actual, habrá ganado la batalla más importante de la guerra de quinta generación. Si el capital humano sigue drenándose, la base de la resistencia se debilita.

FIN PARTE 6







Humberto. Tours en la Habana. Historia, Arte, Sociedad. WhatsApp+5352646921  

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Agradecimiento

Agradecimiento y Conexión Humana



Cada vez que colocamos un plato de arroz sobre la mesa, se despliega ante nosotros una red de esfuerzos, de personas y de historias que, muchas veces, permanecen ocultas a nuestros ojos. Desde el  agricultor que siembra  la tierra, hasta el marinero que transporta el grano a través de mares lejanos, cada paso de este viaje es un testimonio de la interconexión humana.

En el campo, el agricultor no solo cultiva arroz, sino que también siembra paciencia, conocimiento y esperanza. Luego, el cosechador recoge con esmero cada grano, y el trabajador que elabora los insecticidas cuida la cosecha con un compromiso silencioso.

Pero el viaje del arroz no termina allí. En el camino hacia nuestra mesa, intervienen también los transportistas que, con sus camiones y barcos, hacen posible que el arroz cruce fronteras. Marineros, estibadores y conductores forman parte esencial de esta cadena, garantizando que el grano llegue en óptimas condiciones.

Al final, cuando lo cocinamos en casa, nos encontramos con el fruto de una cooperación inmensa, que trasciende la distancia y las diferencias. Este reconocimiento nos invita a un agradecimiento genuino, a valorar no solo el producto final, sino a las personas que, con su trabajo, lo hacen posible.

En este sentido, el agradecimiento se convierte en un puente que nos conecta con la humanidad, recordándonos que somos parte de una red de interdependencia que va mucho más allá de lo que vemos.

Y, al pensar en lugares como Cuba, donde las barreras comerciales y las limitaciones de importación hacen que este proceso sea aún más complejo, el valor de cada esfuerzo y de cada persona se vuelve aún más evidente.

Al final, el agradecimiento no es solo un acto de cortesía, sino un reconocimiento profundo de la conexión que compartimos con cada ser humano en esta cadena de vida.


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