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domingo, 4 de diciembre de 2016

Murio' Fidel (III y final)

Capítulo III

Caravana

Es algo difícil de explicar.

Yo imaginaba que algo así ocurriría, pero vivir en Cuba, escuchar cada día a mis compatriotas quejarse de las duras condiciones de vida, ver cómo internet, la prensa y las televisoras extranjeras repetían hasta casi convencerme de que los cubanos deseaban un cambio radical y que el país ya no era el mismo de los últimos sesenta años… todo eso me había hecho dudar.

También pesaba ver marcharse a tantos amigos y familiares. Y ver cómo algunos, ya en voz baja, dejaban de proclamarse revolucionarios o de decir abiertamente que apoyaban a Fidel Castro.

Y sin embargo…

Mil kilómetros.
Y al menos seis millones de cubanos acompañando las cenizas de Fidel Castro en su viaje de regreso al lugar donde nació la Revolución.

Desde la noche anterior a la salida de La Habana, miles de personas durmieron en las calles para asegurar su lugar en el recorrido. El acto del día anterior, en el que hablaron tantos dirigentes del mundo, había terminado tan tarde que no daba tiempo de regresar a casa. Muchos se quedaron allí mismo, esperando en las calles por donde, en pocas horas, pasaría el armón con las cenizas del líder.

A las 7:10 de la mañana salió la comitiva militar. Y comenzó el misterio.

Cientos de miles de habaneros cubrieron cada milímetro de la ruta. Toda la ruta. Los mismos caminos que sesenta años antes habían visto entrar a La Habana a un Fidel de treinta años. Esta vez lo acompañaban gritando una sola consigna:
¡Yo soy Fidel!

Pero aquello apenas comenzaba.

Día y noche, en un silencio cargado de consignas, la caravana recorrió más de mil kilómetros sin dejar un solo espacio vacío. En los pueblos, las calles abarrotadas. En los campos, los campesinos bajaban de las montañas o caminaban kilómetros para dar el último adiós. En todas partes, la misma consigna:
¡Yo soy Fidel!

Día y noche, por campos y ciudades. Solo una pausa muy breve, de madrugada, en Santa Clara y Camagüey. Hombres, mujeres, niños, ancianos, enfermos, militares, estudiantes.

Aún hoy me sorprende haber visto lo que creía que ya no existía con esa intensidad. Hombres de campo, curtidos por el tiempo y por una pobreza material aún más dura que la de la capital, llorando en silencio, sin esconder las lágrimas.

En Santiago de Cuba parecía que la ciudad entera lloraba. El acto de despedida fue incluso más emotivo que el de La Habana y dejó sin palabras a quienes todavía pensaban que los cubanos acudían obligados por las circunstancias.

Lo siento, pero a seis u ocho millones de personas no se las obliga a movilizarse ni a caminar kilómetros para ver, durante un minuto o menos, las cenizas de un hombre.

El funeral fue privado. Sin cámaras. Desde la distancia solo se pudo ver cómo las cenizas eran colocadas dentro de una roca redonda —o a sus pies— con una sola placa: su nombre.
Nada más.




Escuelas especiales – Mapa genético

En el mundo nacen muchos niños desafortunados. Niños con deformaciones, retraso mental, malformaciones congénitas visibles e invisibles. Muchos son abandonados por sus familias. Cuba no era una excepción.

Entre las cosas que se hicieron en relación con la educación estuvo la creación de más de trescientas escuelas de educación especial. Incluso en las montañas existen escuelas para niños con problemas severos. Los maestros que trabajan allí deben ser, como mínimo, graduados en pedagogía especializada. Estas escuelas tienen mejores condiciones que muchas escuelas regulares.

En La Habana está la más importante: República de Panamá, donde llegan los casos más graves de todo el país. Ciegos y sordos a la vez. Retrasos profundos. Deformaciones terribles. Allí hay un maestro por cada niño o joven.

Pero no bastaba con crear escuelas si el problema seguía naciendo.

Un día Fidel Castro decidió que había que atacar la raíz. Se ordenó realizar un mapa genético de la población cubana. Miles de profesionales recorrieron el país: médicos realizando pruebas de ADN, sociólogos analizando dinámicas familiares, psicólogos ofreciendo herramientas para resistir, terapeutas atendiendo limitaciones físicas. Las familias comenzaron a recibir ayuda económica de por vida.

Un año después, en un congreso de pedagogía, se le presentaron los resultados a un Fidel visiblemente ansioso. Como consecuencia, entre otras medidas, se crearon laboratorios de genética en todas las provincias del país. Desde entonces, todas las mujeres embarazadas en Cuba deben someterse a exámenes de todo tipo, incluidos los genéticos, para tratar de garantizar, en la medida de lo posible, hijos saludables y preparados para la batalla de la vida.

Un año más tarde, ese mismo ejército de especialistas realizó el mismo trabajo en Venezuela, Bolivia, Dominica y Nicaragua.


Testamento político

“Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.”

La frase no es de Fidel. Es de José Martí, el hombre más importante de Cuba. Pero acompañó a Fidel en los momentos cruciales de su vida, como un recordatorio contra la tentación de la gloria y la fama. Y hay que reconocer que no siempre se logra evitarla, porque aun cuando en Cuba no existe una estatua, un busto o un edificio público con su nombre, muchas veces se le acusó de permitir el culto a su personalidad.

En su testamento político, el hombre omnipresente pidió algo muy concreto: que, tras ser cremado, sus cenizas fueran depositadas de manera privada, sin prensa, sin extraños, sin presidentes invitados. Solo la familia.

Y así fue.

Pidió también que su nombre no se pusiera a ninguna calle, fábrica, organización ni edificio.
Y así será.

En pocos días, la Asamblea Nacional de Cuba aprobará como ley su última voluntad.


Estoy seguro de que el asombro se me irá pasando. Pasarán muchas cosas. Volveremos a nuestras batallas diarias, algunos con mejor suerte que otros, en un mundo cada vez más difícil para los pequeños de bolsillo y para los pobres.

Veremos qué sucede en Cuba, rodeada de millones de amigos y miles de enemigos.

Como dijo un famoso poeta-trovador, somos un país de roca que tiene debajo un país de pan: Cuba.


Nota:
Esa noche la televisión cubana transmitió el momento en que las cenizas fueron colocadas en el nicho. No había prensa cercana. Los presidentes invitados estaban presentes, pero a distancia. Su esposa y sus hijos lucían cansados y profundamente tristes. Luego se realizó una ceremonia militar.

Humberto. Guia y Maestro en la Habana.