Capítulo III
Caravana
Es algo
difícil de explicar.
Yo
imaginaba que algo así ocurriría, pero vivir en Cuba, escuchar cada día a mis
compatriotas quejarse de las duras condiciones de vida, ver cómo internet, la
prensa y las televisoras extranjeras repetían hasta casi convencerme de que los
cubanos deseaban un cambio radical y que el país ya no era el mismo de los
últimos sesenta años… todo eso me había hecho dudar.
También
pesaba ver marcharse a tantos amigos y familiares. Y ver cómo algunos, ya en
voz baja, dejaban de proclamarse revolucionarios o de decir abiertamente que
apoyaban a Fidel Castro.
Y sin
embargo…
Mil
kilómetros.
Y al menos seis millones de cubanos acompañando las cenizas de Fidel Castro en
su viaje de regreso al lugar donde nació la Revolución.
Desde la
noche anterior a la salida de La Habana, miles de personas durmieron en las
calles para asegurar su lugar en el recorrido. El acto del día anterior, en el
que hablaron tantos dirigentes del mundo, había terminado tan tarde que no daba
tiempo de regresar a casa. Muchos se quedaron allí mismo, esperando en las
calles por donde, en pocas horas, pasaría el armón con las cenizas del líder.
A las
7:10 de la mañana salió la comitiva militar. Y comenzó el misterio.
Cientos
de miles de habaneros cubrieron cada milímetro de la ruta. Toda la ruta. Los
mismos caminos que sesenta años antes habían visto entrar a La Habana a un
Fidel de treinta años. Esta vez lo acompañaban gritando una sola consigna:
¡Yo soy Fidel!
Pero
aquello apenas comenzaba.
Día y
noche, en un silencio cargado de consignas, la caravana recorrió más de mil
kilómetros sin dejar un solo espacio vacío. En los pueblos, las calles
abarrotadas. En los campos, los campesinos bajaban de las montañas o caminaban
kilómetros para dar el último adiós. En todas partes, la misma consigna:
¡Yo soy Fidel!
Día y
noche, por campos y ciudades. Solo una pausa muy breve, de madrugada, en Santa
Clara y Camagüey. Hombres, mujeres, niños, ancianos, enfermos, militares,
estudiantes.
Aún hoy
me sorprende haber visto lo que creía que ya no existía con esa intensidad.
Hombres de campo, curtidos por el tiempo y por una pobreza material aún más
dura que la de la capital, llorando en silencio, sin esconder las lágrimas.
En
Santiago de Cuba parecía que la ciudad entera lloraba. El acto de despedida fue
incluso más emotivo que el de La Habana y dejó sin palabras a quienes todavía
pensaban que los cubanos acudían obligados por las circunstancias.
Lo
siento, pero a seis u ocho millones de personas no se las obliga a movilizarse
ni a caminar kilómetros para ver, durante un minuto o menos, las cenizas de un
hombre.
El
funeral fue privado. Sin cámaras. Desde la distancia solo se pudo ver cómo las
cenizas eran colocadas dentro de una roca redonda —o a sus pies— con una sola
placa: su nombre.
Nada más.
Escuelas especiales – Mapa genético
En el
mundo nacen muchos niños desafortunados. Niños con deformaciones, retraso
mental, malformaciones congénitas visibles e invisibles. Muchos son abandonados
por sus familias. Cuba no era una excepción.
Entre las
cosas que se hicieron en relación con la educación estuvo la creación de más de
trescientas escuelas de educación especial. Incluso en las montañas existen
escuelas para niños con problemas severos. Los maestros que trabajan allí deben
ser, como mínimo, graduados en pedagogía especializada. Estas escuelas tienen
mejores condiciones que muchas escuelas regulares.
En La
Habana está la más importante: República de Panamá, donde llegan los
casos más graves de todo el país. Ciegos y sordos a la vez. Retrasos profundos.
Deformaciones terribles. Allí hay un maestro por cada niño o joven.
Pero no
bastaba con crear escuelas si el problema seguía naciendo.
Un día Fidel
Castro decidió que había que atacar la raíz. Se ordenó realizar un mapa
genético de la población cubana. Miles de profesionales recorrieron el país:
médicos realizando pruebas de ADN, sociólogos analizando dinámicas familiares,
psicólogos ofreciendo herramientas para resistir, terapeutas atendiendo
limitaciones físicas. Las familias comenzaron a recibir ayuda económica de por
vida.
Un año
después, en un congreso de pedagogía, se le presentaron los resultados a un
Fidel visiblemente ansioso. Como consecuencia, entre otras medidas, se crearon
laboratorios de genética en todas las provincias del país. Desde entonces,
todas las mujeres embarazadas en Cuba deben someterse a exámenes de todo tipo,
incluidos los genéticos, para tratar de garantizar, en la medida de lo posible,
hijos saludables y preparados para la batalla de la vida.
Un año
más tarde, ese mismo ejército de especialistas realizó el mismo trabajo en
Venezuela, Bolivia, Dominica y Nicaragua.
Testamento político
“Toda la
gloria del mundo cabe en un grano de maíz.”
La frase
no es de Fidel. Es de José Martí, el hombre más importante de Cuba. Pero
acompañó a Fidel en los momentos cruciales de su vida, como un recordatorio
contra la tentación de la gloria y la fama. Y hay que reconocer que no siempre
se logra evitarla, porque aun cuando en Cuba no existe una estatua, un busto o
un edificio público con su nombre, muchas veces se le acusó de permitir el
culto a su personalidad.
En su
testamento político, el hombre omnipresente pidió algo muy concreto: que, tras
ser cremado, sus cenizas fueran depositadas de manera privada, sin prensa, sin
extraños, sin presidentes invitados. Solo la familia.
Y así
fue.
Pidió
también que su nombre no se pusiera a ninguna calle, fábrica, organización ni
edificio.
Y así será.
En pocos
días, la Asamblea Nacional de Cuba aprobará como ley su última voluntad.
Estoy
seguro de que el asombro se me irá pasando. Pasarán muchas cosas. Volveremos a
nuestras batallas diarias, algunos con mejor suerte que otros, en un mundo cada
vez más difícil para los pequeños de bolsillo y para los pobres.
Veremos
qué sucede en Cuba, rodeada de millones de amigos y miles de enemigos.
Como dijo
un famoso poeta-trovador, somos un país de roca que tiene debajo un país de
pan: Cuba.
Nota:
Esa noche la televisión cubana transmitió el momento en que las cenizas fueron
colocadas en el nicho. No había prensa cercana. Los presidentes invitados
estaban presentes, pero a distancia. Su esposa y sus hijos lucían cansados y
profundamente tristes. Luego se realizó una ceremonia militar.
Murio Fidel I: http://habana-havana.blogspot.com/2016/11/murio-fidel-i.html
Murio Fidel II: http://habana-havana.blogspot.com/2016/11/murio-fidel-ii.html

