miércoles, 18 de octubre de 2017
BARACK OBAMA & CUBA
sábado, 13 de mayo de 2017
CUBA, JUGUETES Y ENANOS (O LA RELATIVIDAD DE LAS COSAS)

jueves, 16 de marzo de 2017
La esclavitud
La esclavitud sofoca el alma y el corazon de muchos hombres y mujeres. Une a un hombre que aborrece a una mujer y coloca el cuerpo de una mujer en el lecho de un hombre odiado.
La esclavitud pone el cuello de los hombres bajo el dominio del tirano y somete a cuerpos fuertes y mentes debiles a los hijos de la codicia para ser usados como instrumentos de su poder.
La esclavitud vive junto a la ignorancia y la humillacion, a la miseria y la desesperacion.
A la esclavitud le gusta que los niños crezcan como criminales y mueran como despreciados.
A la esclavitud (cualquiera que sea y el país que sea) le gusta nombrar las cosas de otra manera. Llamando inteligencia a la astucia y vacío a la sabiduría, y debilidad a la ternura y cobardía a un firme rechazo
............................................................
por favor da' un "like" si te gusto'.
domingo, 4 de diciembre de 2016
Murio' Fidel (III y final)
Capítulo III
Caravana
Es algo
difícil de explicar.
Yo
imaginaba que algo así ocurriría, pero vivir en Cuba, escuchar cada día a mis
compatriotas quejarse de las duras condiciones de vida, ver cómo internet, la
prensa y las televisoras extranjeras repetían hasta casi convencerme de que los
cubanos deseaban un cambio radical y que el país ya no era el mismo de los
últimos sesenta años… todo eso me había hecho dudar.
También
pesaba ver marcharse a tantos amigos y familiares. Y ver cómo algunos, ya en
voz baja, dejaban de proclamarse revolucionarios o de decir abiertamente que
apoyaban a Fidel Castro.
Y sin
embargo…
Mil
kilómetros.
Y al menos seis millones de cubanos acompañando las cenizas de Fidel Castro en
su viaje de regreso al lugar donde nació la Revolución.
Desde la
noche anterior a la salida de La Habana, miles de personas durmieron en las
calles para asegurar su lugar en el recorrido. El acto del día anterior, en el
que hablaron tantos dirigentes del mundo, había terminado tan tarde que no daba
tiempo de regresar a casa. Muchos se quedaron allí mismo, esperando en las
calles por donde, en pocas horas, pasaría el armón con las cenizas del líder.
A las
7:10 de la mañana salió la comitiva militar. Y comenzó el misterio.
Cientos
de miles de habaneros cubrieron cada milímetro de la ruta. Toda la ruta. Los
mismos caminos que sesenta años antes habían visto entrar a La Habana a un
Fidel de treinta años. Esta vez lo acompañaban gritando una sola consigna:
¡Yo soy Fidel!
Pero
aquello apenas comenzaba.
Día y
noche, en un silencio cargado de consignas, la caravana recorrió más de mil
kilómetros sin dejar un solo espacio vacío. En los pueblos, las calles
abarrotadas. En los campos, los campesinos bajaban de las montañas o caminaban
kilómetros para dar el último adiós. En todas partes, la misma consigna:
¡Yo soy Fidel!
Día y
noche, por campos y ciudades. Solo una pausa muy breve, de madrugada, en Santa
Clara y Camagüey. Hombres, mujeres, niños, ancianos, enfermos, militares,
estudiantes.
Aún hoy
me sorprende haber visto lo que creía que ya no existía con esa intensidad.
Hombres de campo, curtidos por el tiempo y por una pobreza material aún más
dura que la de la capital, llorando en silencio, sin esconder las lágrimas.
En
Santiago de Cuba parecía que la ciudad entera lloraba. El acto de despedida fue
incluso más emotivo que el de La Habana y dejó sin palabras a quienes todavía
pensaban que los cubanos acudían obligados por las circunstancias.
Lo
siento, pero a seis u ocho millones de personas no se las obliga a movilizarse
ni a caminar kilómetros para ver, durante un minuto o menos, las cenizas de un
hombre.
El
funeral fue privado. Sin cámaras. Desde la distancia solo se pudo ver cómo las
cenizas eran colocadas dentro de una roca redonda —o a sus pies— con una sola
placa: su nombre.
Nada más.
Escuelas especiales – Mapa genético
En el
mundo nacen muchos niños desafortunados. Niños con deformaciones, retraso
mental, malformaciones congénitas visibles e invisibles. Muchos son abandonados
por sus familias. Cuba no era una excepción.
Entre las
cosas que se hicieron en relación con la educación estuvo la creación de más de
trescientas escuelas de educación especial. Incluso en las montañas existen
escuelas para niños con problemas severos. Los maestros que trabajan allí deben
ser, como mínimo, graduados en pedagogía especializada. Estas escuelas tienen
mejores condiciones que muchas escuelas regulares.
En La
Habana está la más importante: República de Panamá, donde llegan los
casos más graves de todo el país. Ciegos y sordos a la vez. Retrasos profundos.
Deformaciones terribles. Allí hay un maestro por cada niño o joven.
Pero no
bastaba con crear escuelas si el problema seguía naciendo.
Un día Fidel
Castro decidió que había que atacar la raíz. Se ordenó realizar un mapa
genético de la población cubana. Miles de profesionales recorrieron el país:
médicos realizando pruebas de ADN, sociólogos analizando dinámicas familiares,
psicólogos ofreciendo herramientas para resistir, terapeutas atendiendo
limitaciones físicas. Las familias comenzaron a recibir ayuda económica de por
vida.
Un año
después, en un congreso de pedagogía, se le presentaron los resultados a un
Fidel visiblemente ansioso. Como consecuencia, entre otras medidas, se crearon
laboratorios de genética en todas las provincias del país. Desde entonces,
todas las mujeres embarazadas en Cuba deben someterse a exámenes de todo tipo,
incluidos los genéticos, para tratar de garantizar, en la medida de lo posible,
hijos saludables y preparados para la batalla de la vida.
Un año
más tarde, ese mismo ejército de especialistas realizó el mismo trabajo en
Venezuela, Bolivia, Dominica y Nicaragua.
Testamento político
“Toda la
gloria del mundo cabe en un grano de maíz.”
La frase
no es de Fidel. Es de José Martí, el hombre más importante de Cuba. Pero
acompañó a Fidel en los momentos cruciales de su vida, como un recordatorio
contra la tentación de la gloria y la fama. Y hay que reconocer que no siempre
se logra evitarla, porque aun cuando en Cuba no existe una estatua, un busto o
un edificio público con su nombre, muchas veces se le acusó de permitir el
culto a su personalidad.
En su
testamento político, el hombre omnipresente pidió algo muy concreto: que, tras
ser cremado, sus cenizas fueran depositadas de manera privada, sin prensa, sin
extraños, sin presidentes invitados. Solo la familia.
Y así
fue.
Pidió
también que su nombre no se pusiera a ninguna calle, fábrica, organización ni
edificio.
Y así será.
En pocos
días, la Asamblea Nacional de Cuba aprobará como ley su última voluntad.
Estoy
seguro de que el asombro se me irá pasando. Pasarán muchas cosas. Volveremos a
nuestras batallas diarias, algunos con mejor suerte que otros, en un mundo cada
vez más difícil para los pequeños de bolsillo y para los pobres.
Veremos
qué sucede en Cuba, rodeada de millones de amigos y miles de enemigos.
Como dijo
un famoso poeta-trovador, somos un país de roca que tiene debajo un país de
pan: Cuba.
Nota:
Esa noche la televisión cubana transmitió el momento en que las cenizas fueron
colocadas en el nicho. No había prensa cercana. Los presidentes invitados
estaban presentes, pero a distancia. Su esposa y sus hijos lucían cansados y
profundamente tristes. Luego se realizó una ceremonia militar.
Murio Fidel I: http://habana-havana.blogspot.com/2016/11/murio-fidel-i.html
Murio Fidel II: http://habana-havana.blogspot.com/2016/11/murio-fidel-ii.html
miércoles, 30 de noviembre de 2016
Murio Fidel (II)
El
silencio de un país
Acabo de
regresar de la avenida 23. Por ahí pasó el cortejo fúnebre de Fidel Castro en
su recorrido inverso, desandando la ruta del triunfo de 1959. Dentro de unos
días llegará a Santiago de Cuba, donde sus cenizas serán depositadas en el
cementerio de Santa Ifigenia, el mismo lugar donde descansan los restos de José
Martí, el hombre más trascendental de la historia de Cuba.
Anoche,
una vez más —quizás la última—, Fidel Castro reunió a un millón de cubanos en
la Plaza de la Revolución.
Desde
alrededor de las cuatro de la tarde, cubanos, visitantes, turistas, y miles de
estudiantes provenientes de África, América Latina, el Caribe anglófono, Medio
Oriente y Asia comenzaron a llenar la plaza y todas sus avenidas de acceso.
Todo ocurrió en silencio. La luz del día fue cayendo lentamente y las lámparas
de la plaza y las avenidas terminaron de darle al lugar un aire aún más
solemne.
Vinieron
dirigentes de todas partes del mundo. Otros llegarán a Santiago el domingo. Tal
vez la idea original fue que hablara un representante por cada región
geográfica, pero no pudo ser: todos querían hablar. Lo más curioso para mí fue
ver en la tribuna representantes de ideologías tan distintas, de regiones tan
alejadas entre sí, y sin embargo unidos por algo común: el bienestar de sus
pueblos.
¿Recuerdan
el dicho “dime con quién andas…”? Pues si quienes vienen a dar el último adiós
son, en su mayoría, personas que se ocupan de los pobres, luchan por ellos o
los protegen en sus países, entonces ahí hay un mensaje.
Anoche
hablaron presidentes o representantes de Ecuador, Nicaragua, El Salvador, Haití
y Dominica, Venezuela, México, Rusia, China, Vietnam, Qatar, Irán y
Bielorrusia.
En Santiago de Cuba hablarán otros.
Por el
momento, los ricos callan.
¿Se imaginan
a Cuba en silencio durante días y noches? Es casi ir contra natura.
La única embajada que no tiene la bandera a media asta es la americana.
Los únicos que no fueron.
Quienes
han estado en Cuba pueden imaginar la escena: desde la Plaza de la Revolución,
bajando por Paseo, siguiendo por la avenida 23, La Rampa, el Malecón, hasta
salir de la capital, y luego por los campos, a ambos lados de la carretera,
cordones humanos de tres y cuatro filas en silencio. Algunos despedían con
saludo militar, otros con la mano en alto, muchos con pequeñas banderas
cubanas.
Y esto es
solo el comienzo.
Ahora es
cuando empezará a verse por qué la Revolución y Fidel han sobrevivido sesenta
años, un embargo estadounidense de cincuenta y cinco, la caída del gigante
soviético, “el fin de la Historia” proclamado por filósofos y economistas del
Primer Mundo, más de diez presidentes americanos, una invasión y casi una
guerra nuclear.
Porque
aunque más del cincuenta por ciento de los que viven en La Habana provienen del
interior del país, son los campesinos cubanos quienes tienen el mérito de
sostener este proceso que tan pocos comprenden.
Como dijo
una anciana en la televisión:
“Mis abuelos eran analfabetos. Mis padres tenían seis hermanos y todos eran
analfabetos. En 1959 éramos seis hermanos y fuimos alfabetizados por un joven
de quince años. Yo tuve seis hijos… y mis seis hijos son profesionales.”
Es
posible que las cosas en Cuba cambien con los tiempos que corren. Lo que no
sabemos es cómo cambiarán, ni cómo esos cambios terminarán influyendo en el
mundo en que vivimos. Cuba puede integrarse al mundo, pero cuidado: los cambios
comienzan por una célula, por una partícula, y los cubanos podemos ser muy
subversivos.
Si no,
basta mirar atrás y preguntarse: ¿qué otro país pequeño, en extensión y
población, ha tenido tanta influencia política en el siglo XX y lo que va del
XXI?
La
sensación de estos días es extraña. Sería tonto pensar que todos están tristes
o que ese sea el único sentimiento presente. Algunos salieron a ver pasar el
cadáver de su enemigo. Otros están preocupados por perder prebendas si las
cosas cambian. Otros, aún más inquietos, piensan en un Trump capaz de hacernos
revivir momentos terribles, ahora sin el líder que tantas veces dio el impulso
extra, eso que algunos llaman “algo más grande que uno mismo”.
Solo
queda esperar. El mundo ya no es el de antes. Es más peligroso, más vacío, más
ignorante y más hueco. La juventud del Primer Mundo es, quizás, la peor de los
últimos cien años. La del Tercer Mundo, en cambio, sigue siendo consciente. No
ha decaído.
Fidel
Castro dijo una vez:
“El hombre más peligroso es el hombre consciente de la clase social a la que
pertenece, o por la que quiere luchar.”
El mundo
está demasiado lleno de pobres como para no pensar que, dentro de ese 99% sin
poder ni recursos, la semilla de las ideas —o de la ideología— de un Fidel no
termine germinando en algún corazón… o en algún cerebro.
Que no son lo mismo.
Y no se usan igual.
Humberto. Guia y Maestro.
Tours. Whatssap +5352646921
instagram: humberto_habana
lunes, 28 de noviembre de 2016
Murio' Fidel (I)
Humberto, el material que entregas sí da para un capítulo potente, con identidad propia y una voz testimonial clara. No necesito añadir criterios externos ni corregir el enfoque: el núcleo está ahí. Lo que hago a continuación es convertir tu texto en un capítulo narrativo, ordenándolo, dándole respiración literaria y ritmo memorialista, sin introducir ideas que no estén ya en tu diario.
Si al terminar sientes que “esto es lo que yo quise decir, pero mejor contado”, entonces está bien y lo dejamos así.
Capítulo I
Cuando murió Fidel
Se murió el abuelo.
Se murió el padre.
Se murió el dador.
Murió el guerrillero, el Salvador, el líder mundial, el cubano más sexy de los años sesenta y setenta. Murió el macho-guerrillero que ayudó a fundar la escuela de ballet más importante del Tercer Mundo. Murió el fundador del movimiento de los Países No Alineados. El creador de guerrillas. El impulsor de misiones de alfabetización en el Tercer Mundo… e incluso en el Primero.
Murió el dictador —para algunos cubanos y muchos extranjeros— y también el creador de la Escuela Latinoamericana de Medicina, donde estudian los más pobres entre los pobres de nuestro continente. Murió el hombre que llamó a los soviéticos y a sus misiles a solo noventa millas de Estados Unidos. El que hizo de la escuela y del deporte una obsesión nacional, llevando a Cuba a estar entre los quince países más medallistas en Juegos Olímpicos sin ser una potencia rica.
Murió el que comenzó una guerrilla con solo doce hombres y tres años después había tomado el poder. El que creía que los cubanos no necesitábamos la democracia al estilo capitalista porque, para decidir, ya estaba él. El creador de un sistema de vigilancia perfecto para saber qué podía estar pensando o haciendo cada cubano.
Murió el arquitecto de la campaña de alfabetización que eliminó el analfabetismo en apenas un año. El que llevó a cubanos a guerras en África, Asia y América Latina. Murió el caballo —el número uno en la charada cubana—. El creador de la mayoría de las universidades del país. El fundador del Instituto Superior de Arte.
Murió el político que dividió familias para poder vencer. El que en su primera semana de gobierno prohibió por ley la prostitución y el juego, incluidos los casinos americanos. El que hoy critican y detestan muchos de los que se fueron bien formados hacia un mundo que no forma ni prepara a los pobres, y que gracias a esa ventaja lograron prosperar.
Murió el hombre que no confiaba en los imperialistas porque, según él, eran egoístas y solo deseaban la destrucción de quien no fuera como ellos. El que no nos dejaba viajar a países capitalistas porque pensaba que contaminaban el espíritu. El de los discursos interminables de seis y ocho horas. El que jugaba béisbol, ajedrez y practicaba la caza submarina.
Murió el amigo de Mandela, de Indira Gandhi, de Allende. El cercano a Graham Greene y a Gabriel García Márquez. El hombre rodeado de una lista interminable de lo que el mundo llama “gente progresista y de bien”. Murió el odiado por dos millones de cubanos y sus descendientes en Estados Unidos.
Murió el que decidió dar solo una entrevista al año cuando comprendió que, dijera lo que dijera a un periodista occidental, siempre sería desvirtuado. Por eso tenía sus propios técnicos para grabar. El que dejó de fumar en público porque la Organización Mundial de la Salud se lo pidió, consciente de que era imitado en todo el mundo.
Murió el hombre del que nunca supimos cuántos hijos tuvo realmente ni quién era su esposa hasta mucho después, cuando la enfermedad hizo visible a la mujer que no se separó de su lado. El que cada año, antes de la Asamblea General de la ONU, recibía a los líderes del Tercer Mundo que pasaban primero a saludar antes de seguir hacia Estados Unidos.
Murió el orador que impulsó con sus discursos la entrada de China al Consejo de Seguridad… y que años después la atacó cuando ese gigante invadió Vietnam. El hombre bajo cuyo gobierno se erradicaron enfermedades como la poliomielitis y la tuberculosis. El creador de frases como: “Cuando un pueblo enérgico y viril llora la injusticia, tiembla.”
Murió el líder que llevó a juicio y mandó a fusilar a uno de sus militares más queridos, el único con la medalla de Héroe de la República, por considerar que había puesto en peligro la imagen de la Revolución. El que participaba en todos los congresos de maestros. El que creyó que nacer y crecer después de 1959 bastaba para crear al Hombre Nuevo… hasta las grandes decepciones de 1980 y 1994.
Murió el creador de un sistema de inteligencia tan sólido que los rusos venían cada seis meses a intercambiar información. El ateo que logró que los últimos tres Papas visitaran Cuba. El que envió médicos a Haití mucho antes de que los terremotos y huracanes obligaran al mundo a mirar hacia ese país abandonado.
Murió el hombre que dijo que la universidad era solo para los revolucionarios. Al que no le gustaban los guardaespaldas y al que intentaron matar más de mil veces. El que durmió en un hotel de Harlem cuando Estados Unidos le canceló la reserva oficial como Jefe de Estado.
Murió el que eliminó la Navidad y el Día de Reyes del calendario por considerarlos fechas mercantiles más que religiosas. El que le dijo “no” a Estados Unidos tantas veces que nos bloquearon y vaciaron mesas y tiendas durante casi seis décadas.
Murió el hombre al que muchos emigrados culpan por separarse de sus familias, cuando —según pienso— la mayoría solo obedeció a corazones impulsados por el dinero, sin la dignidad de luchar por lo que aman, sea familia o país, que al final es lo mismo.
Murió el que vetó a Julio Iglesias por cantar en Sun City, el cabaret racista de Sudáfrica. El que las nuevas generaciones solo conocían por los libros de historia. El que nació con un nombre que, traducido al latín, significa “Fiel al Ejército”.
Murió el que resistió la caída de la URSS y desde sus cenizas impulsó una segunda ola de gobiernos de izquierda en América Latina. El que dijo que Cuba sería un país de hombres de ciencia porque no teníamos petróleo, sino cerebros que exportar.
Murió el que reconoció su propia decepción al ver que, cincuenta años después, los negros seguían siendo mayoría en las cárceles y minoría en las universidades. El que las mujeres culpan por la precariedad de las cocinas, pero al que agradecen ser hoy casi el sesenta por ciento de los profesionales del país.
Murió el que abandonó La Habana para construir en el campo. El que puso a Cuba entre los diez países con menor mortalidad infantil del mundo, repitiendo que nada era más importante que un niño. El libertador para Angola y Namibia. El hombre que durante veinte años trajo a Cuba a niños afectados por Chernóbil.
Murió el creador de la libreta de racionamiento para que todos recibieran lo mismo, no solo los que tenían dinero. El que nunca entendió de marcas ni glamour, y por eso cada generación de jóvenes tuvo problemas para aceptarlo… hasta que maduraba y elegía un camino: derecha o izquierda.
Murió el que decía que las únicas comunistas reales que conocía eran las monjas. El que abrió los aeropuertos cubanos el 11 de septiembre para recibir aviones desviados y alojó gratis a los pasajeros. El que para los amigos fue Fidel, y para los enemigos, Castro.
Hoy salí de mi casa como siempre. Antes de abrir la puerta me puse los audífonos y caminé rápido con la música nueva que me habían pasado al teléfono. Al rato noté algo extraño: un silencio que se escuchaba a través de la música.
La ciudad estaba en silencio. Incluso en las casas de quienes no simpatizaban con él hubo respeto. Tres días de silencio. Sé que muchos dirán que fue miedo, pero el pueblo cubano siempre ha sido respetuoso.
Banderas a media asta. Duelo oficial. ¡Cuba sin música durante nueve días! Parecía el fin del mundo, pero sabíamos que no lo era. La vida es más grande que cualquier hombre.
De ser presente, pasó a ser pasado.
Ya está en la Historia.
Humberto, Guia y Maestro en la Habana.
city tours. whatssap +5352646921
instagram: humberto_habana
sábado, 5 de noviembre de 2016
HAVANA: A WONDERFUL CITY
CUBAMIGOS PRIVATE VACATION RENTALS
http://cubamigos.webcindario.com
cubamigos@yahoo.es
GUIDE IN HAVANA( WALKING TOURS IN OLD HAVANA):
Humberto Linares
email: humbercuba@yahoo.es
miércoles, 2 de noviembre de 2016
41 COSAS QUE HACER EN LA HABANA [sugerencias]
La Habana tiene su son, su ron, su ropa vieja, sus mojitos, sus atardeceres en El Malecón... Un paraíso cubano robado al tiempo en el que solo puedes dejarte llevar...
1. Deambular y dejarte llevar sin plano por las coloridas calles del centro y otras más alejadas y descubrir rincones con un encanto indescriptible.
2. Hacer una pausa en la barra del bar La Lluvia de Oro. El barman con su amplia sonrisa te preparará unos mojitos mientras te explica el secreto de su cocktail.
3. Salir de fiesta en La Fábrica de Arte Cubano (F.A.C) un espacio cultural interactivo de lo más vanguardista.
4. Tararear sin parar alguna de las canciones pegadizas que oirás sin cesar como El bodeguero: “Siempre en su casa, presente está… el bodeguero y el cha cha cha, vete a la esquina y lo verás…” y que acabe formando parte de la banda sonora de tu viaje.
5. Ver el atardecer desde El Malecón y no querer marcharte; los pescadores habaneros de fondo, alguna música lejana y la estampa de los niños saltando desde las rocas al mar…
6. Tomar una piña colada en el mítico Hotel Nacional de Cuba de los años 30, declarado Memoria del Mundo por la UNESCO. Mientras la degustas frente al mar Caribe, un grupo toca la maravillosa melodía Yolanda de Pablo Milanés.
7. Malanga todos los días, desde por la mañana hasta por la noche; es un tubérculo parecido al boniato que utilizan a menudo como guarnición.
8. Broncearte en una tumbona de la azotea del bonito Hotel Saratoga y darte un refrescante chapuzón en su piscina desde donde disfrutarás de la magnífica vista del Capitolio.
9. Tomarte una Tukola (la Coca Cola local) en Variedades Obispo (Complejo Comercial Gastronómico), una especie de diner cubano situado en el casco histórico de la Habana Vieja.
10. Tomar una piña colada en el mítico Hotel Nacional de Cuba de los años 30, declarado Memoria del Mundo por la UNESCO. Mientras la degustas frente al mar Caribe, un grupo toca la maravillosa melodía Yolanda de Pablo Milanés.
11. Malanga todos los días, desde por la mañana hasta por la noche; es un tubérculo parecido al boniato que utilizan a menudo como guarnición.
12. Broncearte en una tumbona de la azotea del bonito Hotel Saratoga y darte un refrescante chapuzón en su piscina desde donde disfrutarás de la magnífica vista del Capitolio.
13. Tomarte una Tukola (la Coca Cola local) en Variedades Obispo (Complejo Comercial Gastronómico), una especie de diner cubano situado en el casco histórico de la Habana Vieja.
14. Ojear los libros de la revolución; sobre del Che Guevara, Fidel Castro o Camilo Cienfuegos, en los puestos de la preciosa Plaza de Armas.
15. Las amantes de la moda, recorrerán de arriba abajo a modo de pasarela, el arbolado Paseo del Prado, donde se celebró el último desfile crucero de Chanel.
16. Dejarte impresionar por la Plaza de la Revolución concebida en los años 20 por el arquitecto paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier, en la que se encuentra la sede del Gobierno Cubano.
17. Dormir en un agradable hotel boutique como Casa Vedado del residencial barrio de Vedado y que la encantadora casera te prepare sonriente el desayuno por la mañana.
18. Refrescarse del calorín tomando uno o varios daiquiris en el mítico y agitado Floridita, mientras un grupo de música cubana anima el ambiente.
19. Hospedarse en casas particulares para vivir de cerca la experiencia cubana y poder compartir la estancia con los propietarios y el resto de los viajeros.
20. Tomar un bicitaxi y recorrer la bonita avenida de Carlos III, llena de comercios, carteles, viejos cines… y literalmente no poder para de hacer fotos.
21. Dar una vuelta con el pelo al viento en uno de los preciosos coches americanos de los 50; como un Chevrolet descapotable y que al final del paseo te digan que perteneció al famoso cantante Benny Moré.
22. Enterarte de la diferencia de uso de las dos monedas oficiales, el CUP, peso cubano y elCUC peso convertible, destinado a los extranjeros.
23. Una comida cubana en el balcón del Paladar los Mercaderes, no por sus manjares, aunque te prometan lo contrario, sino por su estilo, en el que parece que no ha pasado el tiempo.
24. Conseguir aprender a tomar un taxi colectivo, como si fueras un local. Compartirás la carrera con otras personas que van en la misma dirección por sólo un CUC. Una vez dentro, solo debes seguir las normas del conductor, que con un gesto te dirá dónde sentarte dependiendo del lugar a donde vayas.
25. Tomar pollo grillé, en todos y cada uno de los restaurantes y casas y que cada vez te vendan que es su especialidad y que está exquisito.
26. Disfrutar de un viaje 100% détox digital (sin una pizca de Internet) y notar lo bien que sienta.
27. Volverte a refrigerar en el rooftop de una de las moradas del Hemingway en el Hotel Ambos Mundos, con una espectacular vista de la Habana Vieja.
28. Intentar bailar salsa con más o menos gracia en algún bar, soltarte la melena y sentir que no lo haces tan mal.
29. Una cena de lo más romántica en La Guarida, un impresionante paladar con un encanto indescriptible al que accedes por un portón desvencijado y una escalinata. Puedes acabar la noche copeando en su espectacular terraza que domina la ciudad.
30. Conseguir esquivar con elegancia a los “jineteros” que te perseguirán con una persistencia infinita por todas las calles de la ciudad para intentar venderte cualquier cosa.
31. Probar la ropa vieja, uno de los platos cubanos más típicos
32. Hacer fotos de cada rincón y no poder parar porque absolutamente todo es “fotografiable”.
33. Tomar unas mariquitas (snack de plátano frito) y una cerveza Cristal al caer la tarde en alguna de las terrazas de la Plaza Mayor.
34. Fumarte un Habano, un Montecristo, un Churchill de Romeo y Julieta o un Lancero de Cohíba frente al Parque Central en el famoso Hotel Inglaterra como en la época dorada de los años 30.
35. Pasear por el barrio residencial de Vedado, entre sus casas coloniales con jardín e impresionantes edificaciones; seguir paseando y no cansarte.
36. Tomar taxis antiguos de colores improbables, rosa chicle, verde manzana, celeste, amarillo crema…
37. Descubrir la arquitectura y vegetación del Vedado con algún experto que te cuente su origen y anécdotas.
38. Tomar un vaso de agua filtrada por los métodos antiguos en la singular Casa del Agua La Tinaja
39. Disfrutar de la arquitectura cubana, como el Edificio Bacardí, el Teatro Fausto o el Teatro América.
40. “Hacer la cola” al estilo cubano, con mucho orden y relax; debajo de un árbol, en un parque, o desde un banco a unos metros del lugar, sabiendo que nadie se va a colar porque has pedido la vez. (Para la organización, la idea es que cada persona memorice la cara del anterior).
41. Terminar la estancia con una impresionante panorámica desde La Torre, el restaurante de la planta 33 del mítico edificio Focsa, una de las 7 maravillas de la ingeniería civil cubana y una gran innovación de los años 50.













