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sábado, 13 de diciembre de 2025

Cuba, Turismo, lo que no hacemos

 Turismo: la arquitectura invisible de un sueño colectivo

El turismo no comienza con un avión aterrizando ni con una foto en Instagram. Comienza mucho antes, en un gesto mínimo: una imagen, una historia escuchada al pasar, una melodía que despierta curiosidad. El turismo es, ante todo, la creación de un sueño. Y como todo sueño poderoso, se construye desde lo pequeño hasta lo monumental, desde los detalles casi invisibles hasta las grandes narrativas que movilizan a millones de personas a cruzar fronteras.

Un destino no se “vende”; se imagina primero. Se imagina cuando alguien logra condensar la esencia de un lugar en símbolos comprensibles y deseables: una calle, un aroma, un ritmo musical, una forma de mirar al visitante. Un grupo musical que marca una época.Esa es la verdadera materia prima del turismo contemporáneo. No el hotel, no el paquete, sino la promesa de una experiencia que parece única y, al mismo tiempo, profundamente humana.

Construir un mundo coherente alrededor de esa promesa exige algo más complejo que infraestructura. Exige visión. Cada región que aspira a atraer viajeros necesita diseñar su propio universo simbólico, alineado con su historia, su carácter y sus límites reales. La música no es un adorno: es una declaración de identidad. El personal que recibe, guía y acompaña no es un recurso humano más, sino el rostro vivo del relato que se quiere contar. La eficiencia importa, pero la calidez y la inteligencia emocional importan más. Un turista puede perdonar una imperfección logística; rara vez perdona una experiencia humana vacía.

En ese mundo bien construido, las industrias locales dejan de ser secundarias y se convierten en protagonistas. La gastronomía, la artesanía, la agricultura, el diseño, el transporte, incluso los pequeños servicios cotidianos, forman parte del ecosistema del viaje. Cuando el turismo se integra de manera inteligente a la economía local, deja de ser extractivo y se vuelve regenerativo. No solo genera ingresos: refuerza el orgullo, preserva saberes y crea sentido de pertenencia. El visitante no consume un lugar; participa en él, aunque sea por unos días.

Pero nada de esto funciona si se ignora una pregunta clave: ¿por qué la gente se mueve? Millones de personas no viajan solo por ocio. Viajan por búsqueda. Búsqueda de belleza, de sentido, de descanso mental, de autenticidad, de historias que no se parezcan a las de su vida diaria. Viajan para confirmar que el mundo es más grande que su rutina, o para sentirse, por un instante, parte de algo distinto. Los destinos que entienden esto dejan de competir solo por precios o comodidades y empiezan a competir por significado.

Los temas relevantes que atraen hoy no son superficiales: cultura viva, memoria histórica, naturaleza respetada, seguridad emocional, experiencias que estimulan la inteligencia y no solo los sentidos. El turismo moderno no quiere decorados; quiere verdad bien narrada. Quiere complejidad explicada con honestidad, no simplificada hasta el cliché.

En última instancia, el turismo es una forma de arquitectura invisible. No se construye solo con cemento, sino con ideas, relatos, personas y coherencia. Cuando un destino logra alinear lo pequeño con lo grande, lo local con lo universal, lo económico con lo simbólico, ocurre algo poderoso: el sueño deja de ser publicidad y se convierte en experiencia real. Y entonces, casi sin darse cuenta, millones de personas comienzan a moverse hacia él.

A ese marco general se le pueden añadir ejemplos muy concretos que demuestran que nada de esto es teoría abstracta, sino práctica deliberada.

Pensemos en muchos pueblos del Mediterráneo —especialmente en Grecia, Italia y el sur de España— que han entendido el turismo como una obra de diseño integral. Santorini no es solo un accidente geográfico fotogénico: es un proyecto estético sostenido en el tiempo. Las fachadas blancas no son una casualidad romántica, sino una decisión colectiva que crea unidad visual, identidad inmediata y reconocimiento global. El azul de cúpulas y ventanas dialoga con el mar, el cielo y la luz. Incluso la normativa sobre alturas, materiales y colores responde a una lógica narrativa: nada debe romper el hechizo.

Lo mismo ocurre con pueblos como Positano o Ravello, en la costa Amalfitana. Allí, el trazado urbano, las terrazas escalonadas, la vegetación integrada a la arquitectura y la iluminación nocturna están pensados para prolongar la experiencia emocional más allá del día. La noche no apaga el destino: lo transforma. Las luces cálidas, discretas, dirigidas, convierten calles y escaleras en escenarios íntimos. El visitante no camina: deambula, se deja llevar, siente que forma parte de una postal viva.

En España, lugares como Mijas o Frigiliana han convertido el cuidado extremo del detalle en política cultural. Macetas, flores, rejas, empedrados, todo responde a una estética coherente que mezcla tradición, limpieza visual y sensación de orden. No es lujo ostentoso; es armonía. Y esa armonía transmite un mensaje silencioso pero poderoso: aquí hay identidad, aquí hay cuidado, aquí hay intención.

Incluso fuera del Mediterráneo europeo, el principio se repite. Marrakech, por ejemplo, ha logrado que su caos aparente funcione como experiencia dirigida. La música, los aromas, los colores, los ritmos del comercio y la hospitalidad están orquestados para generar inmersión sensorial. Nada es neutral: todo comunica. El turista no solo compra; interpreta, compara, recuerda.

Estos ejemplos tienen algo en común: no dejan nada al azar. El turismo funciona porque hay una visión compartida entre autoridades, empresarios y comunidad local. La iluminación no es solo funcional, es emocional. La pintura de una fachada no es solo mantenimiento, es lenguaje. El silencio o la música en ciertos espacios no son casuales, son decisiones estratégicas.

Ahí se entiende con claridad una idea central: los destinos que atraen millones no son necesariamente los más ricos en recursos naturales, sino los más inteligentes en la construcción de su mundo. Han comprendido que el turismo no es un flujo espontáneo, sino una coreografía delicada entre estética, cultura, economía local y psicología colectiva. Y cuando esa coreografía está bien ejecutada, el sueño no solo se imagina: se vive.


Humberto. Tours en la Habana. Historia, Arte, Sociedad. WhatsApp+5352646921  

Cuba, turismo, lo que debemos hacer


Reconstruir el deseo: una estrategia basada en la creación de un sueño

Partamos de una premisa incómoda pero necesaria: si Cuba decide relanzar su turismo en serio, no puede apoyarse únicamente en la nostalgia ni en lo que “siempre funcionó”. Las condiciones internas y externas obligan a asumir que, en muchos aspectos, se comienza casi desde cero. Eso no es solo una desventaja; también es una oportunidad rara: la posibilidad de rediseñar el relato, el ritmo y la experiencia sin el peso de inercias agotadas.

El objetivo central no debe ser “traer turistas”, sino reconstruir el deseo de ir a Cuba. Y el deseo, como vimos, se construye como un sueño coherente.


1. Definir el sueño: ¿qué Cuba se quiere contar?

Suposición a cuestionar: “Cuba se vende sola”.
Eso fue parcialmente cierto en otro contexto histórico. Hoy no lo es.

El primer paso no es logístico, es conceptual. Cuba necesita decidir qué historia quiere que el visitante imagine antes de llegar. No una caricatura congelada en los años 50, ni un discurso épico-político, sino una narrativa más compleja y honesta:

  • Cuba como isla cultural viva, no museo.
  • Cuba como lugar de pensamiento, arte y conversación, no solo ocio pasivo.
  • Cuba como experiencia humana intensa, con contradicciones explicadas, no ocultadas.

Ese sueño debe ser claro, repetible y reconocible en cada punto del viaje.


2. Microdiseño del entorno: empezar por lo pequeño

Lección mediterránea aplicada: el detalle crea credibilidad.

Antes de grandes inversiones, hay que intervenir quirúrgicamente espacios clave:

  • Zonas piloto en La Habana, Trinidad, Santiago, Cienfuegos: pocas calles, bien escogidas.
  • Fachadas con paletas de color coherentes (no “arreglar todo”, sino armonizar).
  • Iluminación nocturna cálida y narrativa: plazas, fachadas históricas, calles caminables.
  • Control visual: cables, carteles improvisados, ruido innecesario.

No se trata de lujo, sino de orden simbólico. Un visitante tolera carencias materiales; no tolera abandono visual.


3. Cultura como eje, no como adorno

Suposición errónea frecuente: la cultura es “extra” para el turista.
En realidad, es el producto principal.

Música

  • No música genérica “para turistas”, sino curaduría musical por zonas y horarios.
  • Espacios pequeños, íntimos, bien sonorizados.
  • Relación clara entre música y contexto histórico del lugar.

Artes visuales

  • Talleres abiertos, galerías vivas, artistas trabajando frente al público.
  • Rutas del arte contemporáneo y del arte popular explicadas, no improvisadas.

Literatura y pensamiento

  • Lecturas, tertulias, cafés culturales.
  • Cuba no solo como ritmo, sino como isla que piensa.

4. Historia narrada con inteligencia

Riesgo a evitar: propaganda o silencio.

La historia cubana es uno de los activos más potentes… si se cuenta bien.

  • Guías formados en historia crítica, no en consignas ni folclor.
  • Rutas temáticas: colonial, republicana, revolucionaria, contemporánea.
  • Espacios para preguntas incómodas. El visitante culto valora la honestidad más que la perfección.

La historia no debe imponer una conclusión, sino invitar a comprender procesos.


5. El factor humano: el verdadero lujo

Aquí no hay atajos.

  • Selección cuidadosa de personal turístico: actitud, curiosidad, lenguaje, criterio.
  • Formación en psicología del visitante, narrativa, manejo del conflicto.
  • El guía, el camarero, el recepcionista deben sentirse anfitriones, no empleados subordinados.

Un turista olvida una habitación; no olvida una conversación inteligente.


6. Industrias locales integradas al relato

El turismo no puede verse como un enclave separado.

  • Gastronomía con relato: origen de los platos, adaptaciones, historia.
  • Agricultura local conectada a restaurantes y experiencias.
  • Artesanía con autor identificado, no souvenirs anónimos.

Esto crea dos efectos simultáneos:

  1. Valor económico real.
  2. Sensación de autenticidad, que hoy es escasa y valiosa.

7. Segmentación clara: no todo el mundo es el público

Error clásico: querer atraer a “todos”.

Cuba debería priorizar:

  • Viajeros culturales.
  • Personas con interés en historia, arte, procesos sociales.
  • Turismo intelectual, creativo, de conversación.
  • Públicos de Canadá, Europa y América Latina con sensibilidad cultural.

Menos volumen, más densidad experiencial.


8. Comunicación: menos promesa, más atmósfera

La campaña internacional no debe gritar “ven”, sino sugerir.

  • Imágenes lentas, silencios, detalles.
  • Historias pequeñas: una calle, una charla, una canción.
  • Menos eslóganes, más sensación.

El sueño no se impone; se insinúa.


9. Coherencia política mínima (sin idealismos)

Aquí conviene ser brutalmente honesto:
ningún sueño turístico sobrevive si el visitante percibe arbitrariedad, maltrato o desorden extremo.

No se necesita perfección, pero sí:

  • Reglas claras.
  • Trato digno.
  • Sensación básica de seguridad y respeto.

El turismo no ignora la realidad política; la lee.


Cierre: de destino a experiencia significativa

Reanimar el turismo en Cuba no es reconstruir hoteles; es reconstruir sentido.
Es aceptar que el mundo cambió, que el visitante cambió, y que el valor ya no está en lo exótico barato, sino en lo auténtico bien pensado.

Si Cuba logra articular cultura, historia, arte, detalle urbano y calidad humana en un relato coherente, el sueño puede volver a existir. No como repetición del pasado, sino como algo más raro y más valioso: una experiencia que deja huella intelectual y emocional.

Y cuando eso ocurre, el turismo deja de ser solamente salvavidas económico y se convierte en lo que siempre debió ser: una forma de diálogo profundo entre un país y el mundo.

Humberto. Tours en la Habana. Historia, Arte, Sociedad. WhatsApp+5352646921  


domingo, 26 de octubre de 2025

Cuba es diferente, y en este caso lamentablemente

Cuba y el reto de renacer su turismo bajo condiciones desiguales

En el mapa turístico del Caribe, Cuba ocupa un lugar tan singular como complejo. No es solo una isla de playas, música y memoria: es un país que enfrenta un entramado de obstáculos económicos y políticos que van mucho más allá de la pandemia. Quien observe con atención descubrirá que su desafío no es únicamente atraer viajeros, sino sobrevivir dentro de un sistema global que le cierra las puertas incluso a sus propios esfuerzos de recuperación.

El principal muro es el bloqueo económico de Estados Unidos, que no solo restringe el viaje de sus ciudadanos —uno de los mercados más cercanos y lucrativos del hemisferio—, sino que sanciona a empresas, aerolíneas, cruceros y plataformas financieras que intenten operar con la isla. La presión llega incluso a terceros países: compañías europeas, canadienses o latinoamericanas desisten de invertir por miedo a represalias. Es un cerco invisible pero asfixiante, que se traduce en menos vuelos, menos opciones, menos divisas y menos oportunidades para millones de cubanos.

A esto se suman limitaciones bancarias y tecnológicas que en pleno siglo XXI parecen anacrónicas: los viajeros no pueden usar sus tarjetas internacionales, reservar desde plataformas globales ni acceder fácilmente a servicios digitales. El resultado es un turismo que debe competir con destinos vecinos —como República Dominicana o México— en una carrera donde uno de los participantes corre con las piernas atadas.

El impacto se siente también en el terreno: infraestructuras envejecidas, dificultades para renovar hoteles y servicios, y una dependencia cada vez mayor de mercados distantes y volátiles, como el europeo o el ruso. Y aun así, contra toda lógica, el turismo cubano sigue respirando. No por milagro, sino por resiliencia.

Porque lo que sostiene a Cuba no son los créditos ni los circuitos financieros: es la capacidad creativa de su pueblo, su cultura viva, su sentido de hospitalidad y la autenticidad que ningún resort prefabricado puede imitar.


Más que un destino: una causa compartida

Cuando muchos viajeros eligen Cuba, lo hacen movidos no solo por la belleza de su naturaleza o la calidez de su gente, sino por una simpatía profunda hacia una nación que ha aportado tanto al mundo en lo cultural, lo científico y lo humano. En tiempos difíciles, cada visitante, cada mirada curiosa, cada noche en una casa particular o un hotel local, es un acto de solidaridad y reconocimiento.

Porque más allá de los obstáculos, Cuba conserva su cultura, su gente y su luz. Y a veces, para sostener un sueño, basta con eso: con un grano de arena, con una presencia, con no mirar hacia otro lado.




domingo, 21 de mayo de 2023

Hemingway, El viejo y el mar. Cuba

  Cuando Hemingway regaló 'El viejo y el mar' a los leprosos de Cuba: una historia que huele a tinta, nobleza y leyenda

Cierta tarde de fines de 1952, Miguel Ángel Quevedo, director-propietario de la revista Bohemia, pidió al gran caricaturista Juan David que viera en su nombre a Ernest Hemingway. Era de su interés publicar El viejo y el mar en español, y hacerlo, tal como lo hiciera la revista Life, en una sola edición. Dile que no podemos pagarle lo que le pagó la revista norteamericana, pero que le ofrecemos unos honorarios de 5 000 dólares. Life había pagado al escritor un dólar y diez centavos por palabra. Como El viejo y el mar tiene unas 27 000, su autor redondeó la bonita suma de unos 30 000 dólares.

El autor de Fiesta y Por quién doblan las campanas aceptó la propuesta, pero puso dos condiciones. El traductor debía ser Lino Novás Calvo, y en cuanto al dinero, Bohemia lo invertiría en la compra de televisores para los enfermos recluidos en el leprosorio de El Rincón.

 el pasado 15 de marzo se cumplieron 70 años de la publicación en Bohemia de El viejo y el mar.

Una edición de culto

Hoy aquella edición de Bohemia es objeto de culto para coleccionistas y para aquellos que se interesan por seguir los pasos del gran escritor en Cuba. La revista tenía entonces una tirada que superaba los 259 000 ejemplares semanales y se calculaba que cada número era leído por ocho personas. Circulaba no solo en Cuba, sino en todo el continente, con excepción de Santo Domingo, donde el sátrapa Rafael Leónidas Trujillo no permitía su entrada.

El autor de Pedro Blanco, el negrero y La noche de Ramón Yendía, entre otros títulos, nació en Galicia, se avecindó en La Habana y murió en Estados Unidos.  Forma parte de las letras cubanas.

¿Cómo se conocieron? ¿Lo escogió Hemingway como traductor solo porque era su amigo? Queda mucho por investigar en esa relación, pero sí puede afirmarse que trabaron contacto en La Habana, en 1946, cuando ya Novás Calvo era un traductor acreditado.  Fue un periodista de prestigio, muy agudo en la crónica y el reportaje. 

Extraña versión

Toda buena historia tiene versiones. Herminia del Portal, la viuda de Lino Novás Calvo, tenía la suya propia acerca de la publicación de El viejo y el mar en Bohemia. La refirió en una entrevista que concedió en Nueva York en 1992.

Es una versión muy extraña y, a juicio de este cronista, inexacta, y lo que es peor, insostenible. Se trata de un relato hecho cuando la señora estaba ya muy anciana y tal vez confundiera los recuerdos. O los falsificara.

Expresó la viuda de Novás Calvo:

“Él (Hemingway) escribe El viejo y el mar y la revista Life en inglés quiere publicar la novela. Se hace el contrato, pero Hemingway quiere que la novela se traduzca al español. Ya empezaba a difundirse Life en español, pero Bohemia y los directores de otras revistas cubanas protestan por la competencia. Se toma entonces la decisión de que ningún escritor cubano publique en Life en español. Jorge Mañach desobedeció esa orden y tuvo problemas con el Colegio de Periodistas. 

 La idea de publicar en español la novela salió de Bohemia. Es por intermedio de ese artista que Bohemia propone a Hemingway la publicación de la novela y es el escritor quien decide qué hacer con el dinero; determinación que Bohemia acata.

En Finca Vigía, la casa habanera de Hemingway, dicen investigadores, hay varios documentos que esclarecen el asunto. Tras la publicación de la novela, la revista, por una razón u otra, se toma su tiempo para cumplir su parte del acuerdo. La demora, al parecer, inquieta a Hemingway y lo lleva a pedir explicaciones a Bohemia. Eso se desprende de las cartas que remite a la publicación. En varias, la revista le da cuenta de su gestión. Le informa primero que los televisores están a punto de adquirirse y luego le dicen que están a punto de instalarse.

Según las mismas fuentes, en una carta que se conserva igualmente en la finca, Novás Calvo aclara al amigo que él no tiene responsabilidad alguna en la demora de la revista, y se duele del silencio del escritor norteamericano, que no responde a sus llamadas.

El asunto termina de manera feliz: los televisores se instalan en el leprosorio de El Rincón.


HUMBERTO. GUIA Y MAESTRO EN LA HABANA

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miércoles, 31 de agosto de 2022

SEPTIEMBRE 2022. ¿BUEN MOMENTO PARA VIAJAR A CUBA?

 

SEPTIEMBRE 2022.

 ¿BUEN MOMENTO PARA VIAJAR A CUBA?

Primero que todo: Cuba siempre vale la pena.

Como toda pregunta , puede tener varias respuestas. Depende del tipo de viaje que piensa hacer.

Después de dos años de pandemia y ya desde antes con las medidas (mantenidas) de Trump para acentuar el bloqueo de Estados Unidos las condiciones han cambiado mucho. Cuba enfrenta una aún mas aguda crisis en los suministros básicos , léase tiendas de comestibles y suministros de estos por ejemplo a las Paladares o restaurantes privados. Aun conseguir un refresco o una botella de agua en la calle puede ser casi imposible o muy caro. Hay un sector de la población que especula abiertamente con los alimentos y hace acopio de estos, adquiridos en tiendas especiales supuestamente abiertas para aliviar al menos a una capa de la población que recibía remesas familiares desde el extranjero, y entonces este sector lo vende abiertamente al cien por ciento o más de lo que le costó, haciendo casi imposible aun para lo caseros conseguir artículos casi indispensables para su trabajo. Esa es la razón principal de que los precios en los alquileres privados sea en dólares o euros, aunque se mantienen al nivel de los precios previos a la pandemia.

Podrán imaginar que debe haber poco surtido, y cuando lo hay entonces es caro, en restaurantes y paladares .

Así que, no creo que sea el momento más adecuado para venir de vacaciones alternativas, en casas de renta tipo airbnb . Es mejor esperar unos meses mas, quizás para enero ya las cosas habran mejorado en ese y otros respectos, como por ejemplo los apagones de verano. Ya saben, guerra de Ucrania, petróleo y demás.

Sin embargo,  en los hoteles en las ciudades y balnearios principales, que usualmente tienen un régimen todo incluido, la situación es diferente. La mayoría son administradas por compañías extranjeras y suponemos que importan gran parte de los suministros, o tienen acuerdos con productores cubanos que les garantizan frutas, hortalizas y otros insumos al recibir pagos en moneda dura.

De esta manera tendrían garantizados los servicios básicos dentro del hotel, pudieran disfrutar de la ciudad durante el día(aun con las limitaciones mencionadas, poco a poco , se van activando los servicios extra hoteleros) y también disfrutar de otras posibilidades como paseos en autos clásicos, coches, contratación de guias privados con los diferentes recorridos históricos , artísticos y sociales. Y la siempre presente música.

Pues nada, ese es mi consejo, por el momento hoteles todo incluidos. Las casas privadas y apartamentos siempre son una opción de independencia, pero mejor esperar.

Humberto. Guia y Maestro en La Habana

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http://humberto.webcindario.com 

Tambien puede dejar comentarios y preguntas aquí abajo.


CUBA Y OPTIMISMO


GUIA DE CIUDAD Y MAESTRO. RECORRIDO DE CIUDAD. HISTORIA, ARTE, SOCIEDAD.

INFORMACION Y RESERVAS AL WHATSSAP: +5352646921

lunes, 29 de marzo de 2021

MI DIA A DIA. MARZO 26, 2021. QUEDATE EN CASA.

 QUEDATE EN CASA.

Un año de pandemia. Un año sin turismo. Cuatro años de Trump. Un 2020 terrible con 280 medidas económicas contra el pueblo de Cuba (¿contra el gobierno?, no me hagan reír). Cuatro meses sin Western Union.

Me levanto a las 4 de la mañana. Necesito al menos dos tazas de café. Hay silencio en las calles, pero ya se sienten ruidos en los apartamentos contiguos. Nos estamos preparando para comenzar el día. Para conseguir alimentos. He podido comprar unos dólares un poco más baratos de lo que cotizan en el mercado negro y espero que me venga a buscar mi prima y su marido que tienen auto para ir a una tienda que recién ha abierto y que como tiene un departamento separado para que puedan comprar los diplomáticos, tiene un mejor surtido.

Osmosis comercial.

El silencio durará hasta las 5 am que es cuando se levanta el toque de queda. En los cruces de las avenidas están los patrulleros, que como zombis de pandemia esperan a las victimas despistadas que osan poner un pie fuera de casa antes de las 5 am.

No obstante algunos se desplazan en la oscuridad, se encaraman en los árboles y duermen parte de la noche allí. Otros alquilan escaleras de edificios que están cerca de tiendas. El factor tiempo es importantísimo: estar cerca de una tienda, no importa la moneda en que se despache, representa la posibilidad de marcar incluso hasta para 10 personas y después vender los turnos a 5 usd a los que viven lejos o los que sencillamente tienen la plata para poder dormir hasta más tarde. Un modus vivendi desarrollado en tiempos de pandemia y que parecía extinguido. Es decir, tanto los policías como la gente común han desarrollado técnicas en este año de pandemia. Una técnica que solo ha añadido elementos nuevos pues lleva casi sesenta años perfeccionándose.

Mi madre se despierta mientras me siente hacer café. Como dije, necesito al menos dos tazas de café pues normalmente preparo clases o leo hasta tarde. Cada vez duermo menos, o en realidad no duermo bien. Muchas cosas de las que estar pendiente. En fin, se levanta, nos tomamos el primer café, calientito y poderoso que se agradece y da esperanzas de un día bueno de cacería. Así es como veo yo al acto de ir de compras. Depende de la suerte, del tiempo, del “enemigo” (la policía) y de los competidores. Dependes de tus reflejos, del arte de negociar, de tus habilidades de poder interceptar a los empleados de las tiendas y averiguar qué sacaran hoy e ir haciendo tus cálculos. De cualquier modo no importa lo que venderán, lo necesitamos.

Casi las 5 am. Ya estoy casi listo. Reviso las provisiones: agua, un poco más de café, algunas galletas por si hay hipoglicemia, algunas servilletas por si acaso alguna emergencia. Gafas de sol para más tarde pues casi todas las colas son bajo el sol. Todos los preparativos son pocos pues serán cuatro a cinco horas de cola hasta que las tiendas abran, y después el tiempo que se demoren en despachar.

5 am. Mi prima me llama y me dice que ya salieron. Debo estar en 4 minutos a más tardar a dos cuadras de casa, en una avenida para recogerme y salir disparados hacia la tienda Palco. Cada minuto cuenta, cada minuto representan al menos 10 turnos de gente que llega antes. Recuerden que muchos reservan turnos para familiares, amigos. . .y clientes.

Se sienten a mis espaldas la gente saliendo de las casas, dando portazos, con pasos rápidos hacia las panaderías, los mercados de viandas, y las tiendas. Los que trabajan salen más tarde. Los primeros en llegar son los que estaban en árboles y escondidos en portales. Sobre todo los que van a las tiendas en pocos minutos ya han vendido sus turnos. En un buen día son cincuenta dólares o su equivalente en pesos.

Multipliquemos:  5 turnos por 5 dólares igual a 25 por 24 pesos cubanos (cambio oficial, aunque en realidad está a 45) hacen 600 pesos por al menos 3 veces por semana son 1800 por 4 semanas 7200 pesos, el salario de un neurocirujano o doctor en ciencias.

Tomamos la Quinta Avenida a velocidad prohibida. En esos momentos siempre pienso en mi vida, en lo que he hecho y en lo que no, las oportunidades que aún quedan si el mundo se arregla, en la gente maravillosa y perversa que he conocido, ¡en tantas cosas que se pueden ir a la m. . . si salimos por el aire o nos estrellamos contra un poste!

Llegamos a las 5:10 am. Oscuridad total, muchos autos con sus luces encendidas. Solo gente en autos y motos pues es área apartada y apartada. . .de la “plebe”. Calculo que haremos un cincuenta o sesenta. Todo depende de la cantidad de coleros y los turnos que han marcado (aún lejos y en zona exclusiva los hay). Hay cierto alboroto. Resulta que a las cinco en punto la policía llegó y multó al menos a 12 personas que ya estaban allí pues era imposible que hubieran llegado a las cinco sin irrespetar el toque de queda. Al principio de la pandemia las multas eran irrisorias, unos 100 pesos, hasta hace un mes eran de 2000 pesos, hoy en día son de 15 000 pesos.

Cuando se llega a las colas hay que estar muy atentos. Se tiene que saber detrás de quien vas, fijarte en las ropas que usa, siempre preguntar exactamente para cuántas personas ha marcado o vienen con ella/él, y después preguntar por las personas que van delante al menos por tres turnos en caso de que la persona detrás de quien has marcado se vaya o se pierda (pasa mucho con las personas mayores). Ahora solo resta esperar hasta eso de las 7 am. Llega el momento de socializar, conocer a los compañeros de este día. Allí te enteras de muchas cosas, de los que han padecido la COVID, de los que están por ser abuelos o padres, de los negocios turbios del gobierno, de las noticias de la mañana, de que si el día anterior llegó un camión con queso o yogurt. Están los chistosos, los amargados, los que se la saben todas y los despistados, los que se conectan por datos por internet para preguntarle a sus familiares en Miami lo que están desayunando y de paso mostrarles la cola que están haciendo con “la pila de esclavos comunistas” que mantienen a este gobierno.

A las 7 am más o menos (varia de tienda en tienda), sale un policía (casi siempre con el grado de Mayor) y mediante una aplicación de su teléfono escanea los carnés de identidad. Ya ese día no puedes comprar en ningún otro lugar pues al menos por 24 horas apareces en una base de datos en toda Cuba (en teoría es para prevenir el acaparamiento). Repito: todavía no sabemos lo que hay o lo que no hay en la tienda. Ahora se acaban las posibilidades de los coleros pues ahora ya los turnos están dados. Solo resta esperar a que abran la tienda. Quedan de dos o tres horas. Hora de tomar el café que trajimos de casa, un poco de agua y alguna galleta. En esta tienda solo dan 200 turnos, y si todo fluye bien, entonces a las 3 pm darán otros 100 más.

Una vez dados los turnos hicimos el 79 y el 80. Ya todo organizado y sin posibilidad de que pierdas el orden de la cola ya todos nos relajamos. La tienda abre a las 9:30. Entran 30 turnos e increíblemente demoran cuarenta minutos. Entramos en la tercera ronda.

Esta vez muchas menos cosas que la vez anterior, pero algo es algo (consuelo del cubano). Los que vamos con presupuesto limitado con calculadora en mano. Gente conversando por whatssap con sus familiares y amigos, si algún amigo desea algo le hace una transferencia a su tarjeta y asunto resuelto.

Una hora mas tarde ya de salida.

Llegué a casa a las 3 pm. Cerebro licuado

¿recuperación? Posiblemente en dos días.

Que conste que lo que cuento no es ánimo de crítica. Ya he sobrepasado hace tiempo esa línea y hacerle el juego a los que quieren hacer otra revolución, pero esta vez por control remoto, desde fuera y que los muertos los pongamos nosotros, los que estamos dentro. Es solo contar para recordar algún día, si aunque sea un décimo de felicidad o prosperidad llega a mi vida, lo que viví en determinado tiempo y así saber apreciar y amar lo que me tocará vivir. Las razones y las críticas se debaten en un eterno mar de política y egoísmo. No es que quiera creer o no, pero por mi integridad sicológica quiero creer que esas tiendas en dólares o euros son otra fuente de moneda dura que el gobierno necesita para ayudar a mantener la alimentación básica de 11 millones de personas que recibimos por una libreta de abastecimiento (otros le dicen racionamiento), que no queda de otra con un bloqueo brutal de una superpotencia y una pandemia de más de 1 año que nos ha dejado sin fuentes de ingreso. Hospitales, centros de investigación, trasporte; servicio eléctrico, de agua y gas se han mantenido. Quiero pensar que en algún momento regresaremos a lo que teníamos en el 2019 y que tanto nos quejábamos.

Un año sin turismo. Un año sin trabajo. un año sin ver a amigos queridos y familiares. Un año como todos en el mundo entero, o casi. Sin embargo, en otros países sobran las cosas, o quizás se repartan diferente. Pero también es importante que nos faltan los muertos, nos sobran los científicos, los ancianos en su mayoría protegidos y vivos, los niños siguen recibiendo sus medicamentos y vacunaciones y en fin, la vida se esfuerza y esfuerza. . .

Pero de todos modos es importante Humberto que recuerdes todo esto, lo cansado que estabas, las noches en silencio en la terraza teniendo los mismos pensamientos que hace 10 años en el malecón cuando mirabas al hotel Cohíba y esperando un milagro que sea en forma de un ángel, un visitante  o un alienígena, pero que te sacara de todo este predicamento. A veces somos como niños y solo nos dejamos llevar y deseamos que las cosas sean de la misma maneras. ¡Que tonterías! ¿Verdad?

Pero nada, a sonreír, que los seres queridos no lo noten, aunque como dice la canción de Silvio Rodríguez: con tanto motivo para no reírse como hay.


domingo, 1 de septiembre de 2019

Cuba, Onda corta - Internet

 Agosto 24,2015

Onda Corta - Internet

Entre las muchas cosas que se comenzaron a debatir mas abiertamente después del comienzo del diálogo entre Cuba y los Estados Unidos es el servicio de internet y el acceso a internet. Según se dice Cuba es uno de los paises con menor cobertura y accesibilidad en todo el mundo . Nadie mejor que  nosotros para saber que esto es así.
Durante muchos años hemos visto llegar las computadoras de mesa, las laptops, los teléfonos celulares y más recientemente hasta televisores con los iconos de decenas de aplicaciones que funcionan o dan acceso a internet. Nosotros en Cuba nos limitábamos a usar el servicio básico de los teléfonos , es decir, llamar y textos por sms. Y soñábamos con algún día poder tener en casa el contacto con el mundo a la manera del siglo XXI.
Llegó a ser algo tan al parecer difícil o imposible de alcanzar que se asociaba al cambio de gobierno. Pero las cosas fueron cambiando poco a poco. Ya al menos el gobierno había interiorizado la idea de que se consideraba el acceso a internet un derecho humano , y que incluso para pertenecer a organizaciones de matiz revolucionario, de izquierda o progresista era indispensable garantizar el servicio.
Se planificó tender un cable conectando países del Caribe ante la imposibilidad por el embargo americano de poder acceder la red alrededor de Cuba. Pero incluso una vez instalado el cable de la esperanza parecía que para Cuba no era posible o deseable. Se sabia que ya los otros países del área suban el cable, pero Cuba no. Al menos no para internet.
Y entonces todas las noticias de diciembre 17 pasado que parece haber precipitado ala decisión del gobierno de dar acceso wifi en algunos puntos de la ciudad. Un servicio aun caro, pero ya saben , un vistazo al mundo de afuera por 2 cuc la hora vale la pena.
Sobre todo si en ese otro mundo fuera de la isla están fuera los seres mas queridos y emigrados. El ver a cientos de personas absortas, llorosas, expectantes en fila en un tramos de 300 metros o en un parque es argumento más que suficiente para hacer un ataque frontal y terminar de ponernos en el mundo real del siglo en que vivimos.
Hay razones mas pragmáticas , pero la dejamos para otro momento.
Pero la pregunta es: ¿por qué tanta demora para tomar la acción?
Y me vino a la mente una experiencia personal:
ONDA CORTA
Durante Los años de mi infancia siempre vivimos limitados a pequeños apartamentos o espacios. Pero un día eso cambió y coincidió con mi entrada en el preuniversitario. Ese curso las clases del primer año eran la tarde. Así que mis padres se levantaban temprano para ir al trabajo y me dejaban desayunando. Después de hacer las tareas no había mucho que hacer. Pero en ese comienzo habían muchas cosas nuevas. Una casa grande, no tanto en verdad, pero un palacio para mi entonces. Entre las cosas "nuevas" había un radio tocadiscos CROWN de príncipios de los 1970. Siempre estuvo guardado debajo de la cama matrimonial por la falta de espacio.
Entonces, en nuestra nueva casa, en mi cuarto, al lado de la cama estaba el radio. Al principio lo escuchaba por la onda media , pero un día descubrí unas letras en el botón: SW.
Short wave, Onda Corta.
¿Qué era? Un misterio.un mundo desconocido que sin duda me decidí a explorar.
Sentado en el borde de la cama le di vuelta al botón, y fui moviendo el dial. Una tras otra fueron escuchándose voces de un mundo que no sabia que existía.
La Voz de las Américas, la BBC, Deutchebelle, Radio Netherland, Radio Nacional de España, e  incluso Radio Moscú .
Sentado allí sin moverme aparecían nuevos mundos, con muchos problemas, pero también con muchos éxitos . Llantos y risas, triunfos en la economía, el surgimiento de nuevos tendencias, alegrías, viajes, debates políticos, verdades que se desocultaban .
Y allí, detrás de ese muro que nacía en Berlín y que volviéndose inmaterial llegaba hasta Cuba estaba yo, sentado al borde de mi cama, despertando a una nueva realidad. Y sin poder la compartir, sin poder preguntar mis dudas e interrogantes pues sería señalado y posiblemente no hubiera podido tener una carrera universitaria por 'diversionismo ideológico '
Pero lo que mas recuerdo fue ese primer día, cuando casi al mediodía apague el radio y no podía levantarme del borde de la cama. Un sentimiento nuevo crecía en mi pecho, una sensación de liberación, algo incomprensible para mis 16 años. De repente todo eso se volvieron palabras: ¡lo sabia¡ !lo sabia!
 y efectivamente, el mundo no podía ser tan gris, ni tan malo, tenían que haber hombres buenos en todas partes y las cosas y acontecimientos podían tener múltiples interpretaciones. De alguna manera intuía que me engañaban aunque fuera por omisión negándome la posibilidad de conocer no solo algunas verdades, sino también el poder pensar por mi mismo.
Al pasar el tiempo aprendí a hacerlo. Y saqué mis propias conclusiones. . .y me busqué unos problemas enormes.

Entonces para mi generación la onda corta fue el equivalente de internet para los de estos tiempos. Y por supuesto será un reto para los negados al desarrollo, para los dogmáticos, para los extremistas el poder mantener criterios de 60 años.
No todo ha estado mal, pero de seguro, el principal error es seguir considerando que no seremos capaces de pensar por nosotros mismos y negarnos a marchar a la par del mundo cuando tiene que ser y no años después de que todo haya acabado y sea demasiado tarde.

Humberto, Guide & Teacher in Havana Whatsapp direct 

domingo, 18 de agosto de 2019

Estereotipos

Para el visitante de la Habana de hoy en día es la capital de Cuba una verdadera sorpresa. Para los guajiros es siempre la ciudad soñada, la Meca de Cuba, con todo lo que esto pudiera significar. Para los extranjeros, sean estos turistas o no ,la Habana puede significar mucho o poco, pero ciertamente no deja indiferente a ninguno de ellos.

He escuchado todo tipo de expresiones de admiración, de desconsuelo, de decepción, y de los que la conocieron en otros tiempos, de indignación. Para mi la Habana ha sido siempre igual. Ya la conocí sin grandes anuncios lumínicos, incluso nací en medio de una temporada de apagones, que como las de huracanes , regresan irremediablemente. La conocí con las fachadas de cada casa y edificio despintadas, descascaradas. Las calles llenas de huecos,los grandes almacenes desabastecidos, y en fin, con todos los problemas que tan presente se manifiestan. Para nada la Habana de Eusebio Leal (¿Dónde estaría trabajando por aquel entonces?

Un poco pensaban los capitalinos de entonces que ya estaba todo perdido y un aire de resignación mezclado con la certeza de que en todo el mundo las cosas estaban mas o menos igual reinaba en el ambiente. Pero también la Habana, en realidad toda Cuba, no tan solo era muy diferente a la Habana capitalista de principios del siglo XX sino también, y se puede decir que principalmente, de la Habana de hoy.

Si tuviera que resumir con alguna expresión, la impresión de la Habana de mi infancia sería la tranquilidad, la despreocupación. Eso para mi en aquel entonces. Porque desde el presente puedo ampliar la perspectiva: la tranquilidad que brindaba la ignorancia.

Ya hoy La Habana se lanza en una carrera contra reloj para sobrevivir. Luchamos contra todos los elementos posibles: la decidia, el tiempo, los huracanes, el mar, el mal gusto . Estamos en esta carrera para salvarnos a nosotros mismos, pues sin ella y sus memorias no tendremos futuro.

jueves, 4 de octubre de 2018

PREGUNTA DIFÍCIL (2): ¿Cuál tipo de turista prefiere el gobierno cubano y por qué?

Primero que todo aclarar que para nada es del gusto del gobierno la presencia de tantos extranjeros en Cuba. Es decir, no hay que mirarlo desde el punto de vista negativo, pero para ellos la realidad cubana sería más manejable si no existiera el turismo y todo lo que este trae.
Ya sabemos, desapareció la Unión Soviética y por primera vez en la Historia estábamos solos frente a un embargo económico. Había que buscar dinero urgentemente.
Ya en los primeros tres años de la década del 1990 las pocas reservas del país se habían gastado y se decidió abrir el país al turismo y la inversión extranjera. De los errores más grandes y evidentes de esa etapa, producto de la inexperiencia en el mundo de los negocios capitalistas quizás hable algún otro día.
Los cubanos estaban pasmados. Se dieron permisos para alquilar habitaciones en casas (sin pagar impuestos), los turistas más aún: llegaban a casas en su mayoría desvencijadas, sin las condiciones para rentas. A un país con muchos apagones, ningún transporte especializado, en fin, un caos, pero todos venían a estar en la Cuba revolucionaria antes de que desapareciera, antes de que llegaran los americanos (o la invadieran).
De repente las calles, y dios es testigo que no sabemos de donde salieron, se llenaron de prostitutas que con esa habilidad que tiene el cubano para aliviar el peso de la realidad las llamaron jineteras. Las jineteras no eran las prostitutas como en otros países. Las jineteras eran muchachas que salían a la calle a buscar dinero para ayudar al resto de la familia.
Se abrieron locales como discotecas, llegaban aviones llenos solamente de hombres, comenzaron a circular los primeros autos modernos de rent-a-car en la Habana, varios extranjeros abrieron negocios en Cuba, recuerdo en particular uno que trajo las réplicas de las tres carabelas de Cristóbal Colon, las puso a la entrada de la bahía de la habana y sobre ellas hizo una discoteca.
Se habló tanto de todo esto dentro y fuera de Cuba que el mismo Fidel Castro se refirió a las chicas como jineteras ilustradas, pues todos en Cuba tienen mínimamente un noveno grado. Pero detrás de esto se escondían muchas tristes realidades: algunas de esas muchachas eran graduadas universitarias, incluso medicas; los cubanos entraban por primera vez en muchos años en contacto con una parte del mundo real fuera de Cuba, una parte tergiversada que brindaba la idea que en el capitalismo todo era diversión y riqueza y que contrastaba con la que comenzábamos a tener en Cuba.
Todo terminó con una oleada de emigrantes en balsa hacia Estados Unidos y miles de muertos que todavía muchas familias lloran. Y se tomó nota de esto. Era un mal que había que aceptar, pero había que alejar a los cubanos lo más posible de la influencia contagiosa del turismo capitalista.
La otra realidad era que Cuba tenia pocos hoteles. Comenzaron a hacerse inversiones, y entre ellas, se le asignaron recursos al ejército para la creación de una compañía llamada GAVIOTA encaminada a recaudar dinero para las fuerzas armadas y que estas no fueran una carga para la economía del país. Ellos fueron los primeros en llegar, por ejemplo, a los cayos y convertir esos lugares paradisiacos y hasta esos momentos intocados en fuente de ingresos. Como siempre sucede solo muchos años después se les permitió a los cubanos la entrada y el uso de hoteles. No solo en los cayos, sino hasta en los de la capital.
Grandes compañías (mayormente españolas) construyeron decenas de hoteles en Varadero y los cayos, pero muy pocos, poquísimos, en la Habana y otras principales ciudades. Cualquiera pudiera decir que es lógico considerando que los turistas vienen por las playas. Veremos.
Y llegamos al 2018. Realmente desde el 2016 ya se venía hablando de las inauguraciones de hoteles de 5 estrellas y 5 estrellas plus en la Habana. Compañías desconocidas en Cuba. Grandes edificios, ejemplares majestuosos de otras épocas que estaban abandonados o muy deteriorados están siendo salvados poco a poco y convertidos en increíbles piezas de arte y con una función en muchos casos totalmente opuesta a la original. Ejemplos de esto son: Hotel Manzana, Packard, y construcción de 3 nuevos.
¿No notan una contradicción?
Para nada, la Habana sigue siendo una ciudad hermosa, que a diferencia de otras ciudades en el mundo ha podido conservar sus barrios y edificaciones coloniales y de todas las décadas del siglo XX. Barrios de la década del 1910, y hasta el 1959 muestran ejemplos soberbios de una burguesía pudiente y educada.
El nuevo objetivo es el turismo de congresos, de negocios y a mediano plazo el turismo de lujo, manteniendo el turismo de low cost fuera de Cuba, turismo clase media a clase alta no interesado en estar en contacto con el pueblo. Es decir, visitaran y se marcharan casi sin “contagiar” al pueblo cubano con ideas de consumo y otras más peligrosas aun.
Por eso no se construyen discotecas, centros nocturnos, nuevos cabarets. Los que vienen a la Habana saben que de noche es posiblemente la capital más silenciosa del mundo. Incluso la víspera del año nuevo no se lanzan ni fuegos artificiales.
Pocos recuerdan que hace muchos años Fidel Castro dijo que “lamentablemente”  Cuba debía dejar entrar el turismo para poder obtener divisas una vez que la URSS había desaparecido. Pero que siempre recordáramos que ese era el objetivo principal y si fuera posible ÚNICO, pues inevitablemente crearía diferencias y hechos que el pueblo no entendería: propinas, salarios en divisas, camareros y barman que ganarían más que médicos y maestros por ejemplo.
Resumiendo, el ideal del turismo para el gobierno cubano es el de playa y cayos. Y por otro lado el turismo de lujo, el que gasta mucho dinero, el de hoteles de 5 estrellas, el turismo burgués que lleva en la sangre la alergia a los pobres y que nunca se mezclaría con el pueblo de la Habana y otras ciudades importantes, haciendo ellos mismos el trabajo que antes hacia la policía.

Por mi trabajo adicional como guía de ciudad lo he vivido en carne propia. Paso frecuentemente por las entradas de esos hoteles, y allí están , elegantes ,esperando sus taxis o autobuses y no nos ven, somos transparentes, ni tan siquiera curiosidad. Lo importante es el clima, caminar la ciudad y ver sus edificios, disfrutar de música, comida y bebidas en un ambiente exótico. Tabaco, ron, playas.