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domingo, 20 de septiembre de 2026

Recuerdos vs Sueños

Sueños y recuerdos: los que nacen y mueren soñando

calles y sombras reflejando la espera, la memoria y la esperanza.


Hay dos palabras que a veces se usan como si fueran iguales para todos, y no lo son: recuerdos y sueños. No significan lo mismo para todo el mundo. No pesan igual. No se consiguen igual. Y desde hace un tiempo pienso en eso, en cómo se reparten, en quién los tiene y quién apenas los imagina.

Hay un porcentaje pequeño de la humanidad que tiene los recuerdos que hoy se consideran válidos. Los días de universidad, los viajes a otros países, las experiencias tecnológicas, los días de compra, las fiestas con la familia con todo iluminado y sin estar en peligro. Eso se llama recuerdo. Eso se guarda. Eso se cuenta. Y hay otro porcentaje enorme, un setenta por ciento, que sueña con todo eso. Y sueña con la mitad, porque los sueños son en cantidad la mitad de los recuerdos. Se sueña con lo que se conoce, y si vives una vida de pobreza o de mediocridad material, tus sueños son limitados. Soñás con lo que viste. Y si viste poco, soñás poco. O soñás con lo que la publicidad te muestra, o con lo que el vecino que le va bien dejó entrever. Pero eso no es soñar: eso es mirar el sueño de otro.

Ahora, eso no significa que los que sueñan no tengan nada. Significa que tienen otra cosa. Tienen sueños, que no es poco. Y algunos tienen recuerdos que no se miden en viajes ni en compras, sino en cosas más hondas. Cuba, por ejemplo. Cuba es un país donde falta lo material, eso no se puede negar. Falta comida, falta medicina, falta luz, falta transporte. Pero Cuba tiene un basamento educativo e intelectual que no se cae. Y Cuba tiene recuerdos que no son de consumo, sino de solidaridad. Recuerdos de haber salido a enseñar a otros países, a alfabetizar, a curar. Recuerdos de haber ido a terremotos y epidemias a ayudar. Recuerdos de haber luchado por la independencia de otros pueblos y haberla logrado. Eso también son recuerdos. Y son recuerdos grandes. De los que no se compran. De los que no se pueden quitar con un bloqueo.

Entonces la cosa no es solo que unos sueñan y otros recuerdan. Es que hay recuerdos que no se valoran. Hay recuerdos que no entran en el porcentaje pequeño. Hay vidas enteras que son un recuerdo vivo para otros pueblos, y que sin embargo se miran desde afuera como si fueran solo carencia. Como si soñar y dar no contara. Como si solo contara tener.

Y no es lo mismo escribir sobre eso que vivirlo. Eso lo tengo claro. Yo puedo escribir esto y después salir a ver si hay agua, si hay pan, si hay corriente. Otros están igual o peor. Todos estamos adentro. Nadie mira desde afuera. Y aun así hay gente sensible que se da cuenta. Aquí y allá. Gente que ve cómo se puede vivir o no vivir en sociedades que solo sueñan. Gente que entiende que soñar no es lo mismo cuando sabes que no se va a cumplir. Pero lo importante no somos los que escribimos. Lo importante son esos seres que están limitados al nacer y morir soñando. Esos son los que importan. Los que nacen con el sueño ya recortado y mueren sin haberlo tocado.

He pensado mucho en esto. En cómo los sueños no son iguales para todos. Uno cree que soñar es libre, que nadie te puede quitar lo que imaginás. Mentira. Sueñas con lo que conocés. Sueñas con lo que viste. Y aquí, ¿qué viste?  Entonces sueñas con eso. Soñás con que se vaya la cola, con que vuelva la luz, con que el que se fue escriba. No suoñas con lo que no conocés. No sueñas con París no sabes que existe o nunca has visto una foto. Y si la viste, la viste en una pantalla prestada, en un video que se corta, en algo que no es tuyo. Eso no es soñar. Eso es mirar el sueño de otro. Y encima te dicen que  tienes la culpa. Que si no tienes recuerdos es porque no te esforzaste. Y uno a veces lo cree. Eso es lo peor. Que uno a veces lo cree.

Después están los otros. Los que tienen los recuerdos válidos. Los que viajaron, los que estudiaron, los que compraron, los que festejaron con la familia y con todo iluminado y sin estar en peligro. Y no digo que sean malos. No todos. Hay gente sensible ahí adentro. Gente que se da cuenta. Que ve la grieta. Que siente que sus recuerdos lindos se sostienen sobre los sueños rotos de otros. Lo sienten. Lo dicen a veces. Lo escriben. Lo denuncian. Pero después siguen adentro. Porque salir significa renunciar a los propios recuerdos. Y eso nadie lo hace. Yo tampoco. Yo estoy escribiendo esto desde adentro de un país que sueña y que también ha dado recuerdos. No me engaño.

Y hay algo más, algo que casi no se dice. Las dictaduras. Sí, las dictaduras. A los países pequeños, a los países con otra historia, les acusan de tener dictaduras. Y es verdad. Las tienen. Pero un dictador dura lo que dura un cuerpo. Se muere. Lo matan. Se va. Un dictador pone sueños, sí, pero por un tiempo. Tiene fecha de vencimiento. En cambio una potencia grande, un país fuerte, una máquina poderosa, no tiene fecha. Puede eliminar los sueños por generaciones. Por generaciones enteras. Y los que vienen detrás, los que heredan los recuerdos maravillosos, entienden —aunque no lo digan— que para que ellos sigan teniendo esos recuerdos, otros tienen que seguir sin sueños. Y contribuyen. Una y otra vez. Sin querer, a veces. Queriendo, otras. Pero contribuyen. Y desde siempre, pero más desde un tiempo para acá, hay naciones y pueblos que apoyan a gobiernos para que rompan los sueños de otros pueblos y naciones. Y esos pueblos destruidos, que logran tener algunos sueños hechos realidad y convertidos en recuerdos, de repente lo pierden. Pierden a sus hijos, pierden sus casas, pierden lo poco que tenían. Y la nación que se lo arrebata se siente orgullosa de ser más fuerte. Se siente orgullosa de haber convertido sueños y recuerdos en cenizas.

Pero no todos los sueños se convierten en cenizas. Hay sueños que se convierten en recuerdos aunque nadie los vea. Hay recuerdos que se sostienen aunque todo esté en contra. Hay países que dan al mundo lo que no tienen, y eso es un recuerdo que no se borra. Y hay seres, sobre todo hay seres, que nacen y mueren soñando, limitados desde el principio, y que aun así sostienen la esperanza sin haberla tocado nunca.

Y entonces llegamos a esto. A lo que pasa hoy. A la culminación de todo esto en los tiempos modernos: la emigración. Porque todo lo que dije antes —los que sueñan, los que acumulan recuerdos, los que limitan los sueños de otros, los que convierten sueños y recuerdos en cenizas— todo eso desemboca en esto. En gente que agarra y se va. Que arriesga la vida. Que cruza mares, selvas, desiertos, muros. Que se mete en un bote, en un tren, en un camión, en lo que sea. Para lograr los sueños que tiene en mente. Sueños que a veces vienen cubiertos de oropel, de revistas de moda, de viajes, de cosas que brillan y que no son lo esencial. Pero otras veces son sueños más hondos: la familia, el futuro, la posibilidad de que sus hijos vivan algo distinto, inclusive el futuro del país que dejan. Porque muchos se van pensando en volver. O en mandar. O en que algún día esto cambie.

Y esas personas, esos pueblos, esas naciones que durante generaciones, durante siglos, han tenido limitada su capacidad de soñar, llegan a las naciones poderosas. Y esas naciones poderosas lo son, entre otras cosas, precisamente porque limitaron a otros su capacidad de soñar y de tener recuerdos. Eso no se puede separar. La prosperidad de unas se sostiene sobre los sueños rotos de otras. Y ahora los que soñaron tanto llegan allí. Y al llegar, interfieren. Porque compiten. Porque trabajan. Porque estudian. Porque a veces superan a los que están. Y allí está la tensión que casi nadie nombra: el emigrante no solo busca; también irrumpe. Y los que ya estaban, que heredaron recuerdos construidos sobre sueños ajenos, sienten que ahora les tocan su parte. Se quejan. Se cierran. Levantan muros. Votan por los que prometen expulsar. Y no ven, o no quieren ver, que ellos también fueron parte de esa máquina que empujó a esos pueblos a soñar sin recuerdos. Es la rueda girando. Es la culminación de todo esto.

Y sin embargo, hay algo que no se puede negar. Esos que emigran llevan consigo lo que son. Llevan sueños, sí. Pero también llevan recuerdos que no se miden en compras ni en viajes. Llevan lo que aprendieron. Llevan lo que dieron. Llevan la solidaridad, la enseñanza, la salud, la capacidad de levantarse después de cualquier cosa. Y eso, aunque no se valore, aunque no entre en el porcentaje pequeño de los recuerdos válidos, es un recuerdo grande. Es de los que no se borran. Es de los que sostienen.

Así que la pregunta final no es quién tiene más recuerdos. La pregunta es quién sostiene los sueños cuando todo está en contra. Y ahí, en esa respuesta, están esos seres que nacen y mueren soñando. Esos son los importantes. No los que escribimos sobre ellos. No los que los estudiamos. No los que nos compadecemos. Ellos. Los que nacen con el sueño recortado y mueren sin haberlo cumplido del todo, pero habiéndolo sostenido. Y los que se van, arriesgando todo, para que sus hijos tengan aunque sea un recuerdo. Esos también. Esos sobre todo.

Quizá el único recuerdo que les podemos dar es nombrarlos. Decir que estuvieron. Decir que soñaron. Decir que no todo fue ceniza. Decir que, incluso en la rueda que gira, incluso en la máquina que mueve y tritura, hubo quienes sostuvieron el sueño hasta el final. Y que eso, aunque el mundo no lo cuente, es un recuerdo. Y es de los grandes.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Informe PISA, Mirada desde Cuba

 Cuba no está en PISA: por qué eso importa menos de lo que parece

Cuba, aprender a pesar de los obstaculos y bloqueos

Cada vez que salen los resultados de PISA, en Cuba se repite la misma conversación. Nos preocupamos. Nos preguntamos cómo habríamos quedado. Nos comparamos con Chile, con Uruguay, con Perú. Y en el fondo, sabemos que la comparación es injusta, pero la hacemos de todas formas porque llevamos décadas midiéndonos con la vara de otros.

Quiero plantear algo distinto. No se trata de evadir la discusión ni de decir que PISA no sirve. Se trata de entender qué mide PISA, para quién lo mide y por qué los resultados de esa prueba no reflejan lo que realmente pasa en la educación .

PISA no mide educación: mide preparación para el mercado

Empecemos por lo obvio. PISA no es una evaluación pedagógica. La elabora la OCDE, una organización de cooperación económica, no educativa. Sus pruebas están diseñadas para medir habilidades que el mercado laboral necesita: interpretar gráficos, resolver problemas aplicados, leer instrucciones técnicas y adaptarse a entornos digitales. Son competencias útiles, pero son las competencias de una economía de mercado flexible.

  • Lo que PISA mide: Lo que una sociedad orientada al mercado valora.

  • Lo que PISA no mide: No hay una prueba de solidaridad, de pensamiento crítico aplicado a problemas colectivos, de capacidad para innovar con recursos escasos ni de conciencia social.

Esto no es una opinión marginal. Sindicatos de profesores en Europa han señalado que detrás de PISA hay una visión de "élites económicas mundiales" y que la OCDE promueve políticas que han condicionado las reformas educativas de muchos países, ignorando los currículos nacionales y los contextos socioeconómicos de los estudiantes.

El problema del formato: computadoras, conectividad y sesgos

Hay otro problema más concreto. Desde 2015, PISA se aplica principalmente en computadoras, lo que introduce un sesgo enorme. Los países con mayor penetración tecnológica tienen estudiantes familiarizados con ese formato. Los países con menos computadoras en las escuelas parten en desventaja, no por falta de conocimientos, sino por falta de práctica con la herramienta.

En América Latina, la brecha es evidente. En países como República Dominicana, Colombia, Guatemala o Perú, menos de la mitad de los estudiantes tienen acceso a internet y computadora en casa. La propia OCDE reconoce que la brecha digital entre el Norte y el Sur global puede exacerbar las desigualdades existentes en los resultados educativos.

El impacto del bloqueo: Cuba enfrenta una limitación adicional. El bloqueo es una realidad material que afecta el acceso a tecnología, conectividad y recursos. Las escuelas cubanas no tienen mayoritariamente computadoras para cada estudiante. En PISA, esto representaría una desventaja estructural independiente de la calidad de la enseñanza.

Lo que la educación cubana sí hace (y no sale en los titulares)

Ahora hablemos de lo que Cuba hace, porque también cuenta y casi nunca aparece en los rankings internacionales.

1. El método "Yo Sí Puedo" y la erradicación del analfabetismo

Cuba no solo erradicó el analfabetismo en su propio territorio en 1961. Convirtió ese logro en un programa de cooperación internacional que ha enseñado a leer y escribir a más de 10 millones de personas en más de 30 países.

El método "Yo Sí Puedo" recibió el Premio Rey Sejong de la UNESCO en 2006. Gracias a él, países como Venezuela, Bolivia y Nicaragua fueron declarados "Territorios Libres de Analfabetismo", y se ha aplicado desde Argentina, México y Colombia hasta comunidades aborígenes de Australia. Ninguno de los países altamente rankeados en PISA ha desarrollado un impacto alfabetizador de esta escala.

2. La ELAM: compensar las lagunas del continente

La Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), fundada en 1999, ha graduado a miles de médicos de toda la región. Para ingresar, la ELAM imparte un Curso Premédico obligatorio de 20 semanas para nivelar a los estudiantes en Matemática, Biología, Física, Química y Español.

Esto evidencia que los sistemas educativos de los países que participan en PISA no siempre garantizan una formación básica sólida al egresar del bachillerato. La ELAM compensa esa base; PISA no lo mide.

3. Olimpiadas académicas: resultados sin sesgo digital

En los últimos años, 2024 y 2025,  estudiantes cubanos formados en escuelas públicas y con métodos tradicionales han destacado en competencias internacionales:

  • Matemáticas (IMO 2025): Medalla de bronce alcanzada por Marcel Gámez Salvó (logro que no se obtenía desde hacía una década).

  • Química (Mendeleev 2025): Una medalla de plata y tres de bronce.

  • Biología (Iberoamericana 2024): Tres medallas de oro y una de plata.

  •  Del 7 al 12 de septiembre 2026, la delegación cubana brilló en la Olimpiada Iberoamericana de Matemática celebrada en Argentina, al conquistar cuatro medallas y la Copa Puerto Rico, ubicándose en el sexto lugar entre 21 países.

Estas competencias no se realizan en computadoras ni miden habilidades financieras; evalúan conocimiento profundo y resolución de problemas complejos en igualdad de condiciones académicas.

Dejar de mirarnos en el espejo equivocado

PISA no puede medir la capacidad de un país para alfabetizar a millones, formar médicos comprometidos ni sostener un sistema pedagógico que considera la educación como un derecho universal y gratuito, no como una mercancía.

Si Cuba participara en PISA, probablemente enfrentaría dificultades en el formato digital. Pero eso no significaría que su educación sea inferior, sino que PISA mide otros parámetros.

La pregunta no es si Cuba habría quedado bien o mal en el ranking. La pregunta es si PISA es la medida adecuada para juzgar el proyecto educativo cubano. La respuesta, con los datos en la mano, es que no lo es. Quizás no estar en PISA sea la oportunidad para dejar de mirarnos en el espejo equivocado


Humberto. Tours en la Habana. Historia, Arte, Sociedad. WhatsApp+5352646921 

Instagram: humberto_habana 



domingo, 10 de mayo de 2026

Reflexiones sobre la dignidad y la resistencia en Cuba

Por qué el sufrimiento no te hace un perdedor



A veces, la voluntad no basta. En un contexto donde la vida está marcada por un bloqueo que asfixia cada rincón del cotidiano, las circunstancias te empujan a lugares que nunca imaginaste habitar. No se trata solo de números o de política; se trata de la piel. Se trata de ver cómo la inflación devora el esfuerzo de años antes de que termine el día, o de cómo enfermedades oportunistas aparecen para recordarnos que, a veces, la solución simplemente no está al alcance de la mano.

Hay una fractura silenciosa en nuestra sociedad. Están los que todavía tienen fuerzas para seguir remando contra la corriente y están aquellos a los que el cuerpo y el ánimo les ha empezado a fallar. Es el drama de quien lo intentó todo, incluso emigrar buscando una salida, solo para verse de regreso, con las manos vacías y el alma cargada de una derrota que no le pertenece.

Esa presión constante, esa falta de oxígeno en lo material y lo espiritual, es la que termina por derribar las últimas defensas de una persona. Cuando la realidad colectiva nos supera a pesar de nuestro empeño, las barreras psicológicas se vuelven frágiles. Por eso, antes de juzgar a quien hoy extiende la mano, hay que entender que el camino que lo llevó hasta ahí está pavimentado con sacrificios invisibles y batallas perdidas contra un entorno que no da tregua.


El muro de la vergüenza


La primera barrera, y quizás la más pesada, es el pudor. Vivimos en una cultura occidental que nos enseña que valemos lo que somos capaces de proveer. Por eso, cuando alguien se ve obligado a pedir, lo primero que siente es que ha fallado a su propia historia. Es ese nudo en la garganta que te impide levantar la vista y que te hace sentir que cada mirada de un extraño es un juicio de valor sobre tu integridad.


 La batalla contra la invisibilidad


Decidirse a pedir ayuda en la calle implica aceptar que, para muchos, vas a dejar de ser una persona con nombre y apellido para convertirte en "parte del paisaje". Hay que tener una fuerza mental tremenda para soportar que te ignoren o que te miren con desconfianza. Esa transición de ser alguien que aporta a ser alguien que parece "sobrar" es un golpe directo al corazón de nuestra identidad en un pais donde hasta hace muy poco todos nos sentiamos culpables y avergonzados si encontrabamos a alguien en tales circunstancias de calle. No es falta de ganas de trabajar; es, a menudo, el resultado de haber agotado todas las puertas que antes estaban abiertas.


La dignidad: el último refugio


Aquí llegamos al punto clave: la dignidad humana.  Muchos creen que el que pide la ha perdido, pero la realidad nos dice lo contrario. La dignidad no es un objeto que se extravía cuando se acaba el dinero; es esa chispa interna que te mantiene en pie a pesar de todo.

Pedir no es un acto de vagancia ni una "forma de vida" elegida por comodidad; es un grito de supervivencia en un entorno donde los recursos faltan y las protecciones fallan. Cruzar esa barrera psicológica no te hace menos humano, ni mucho menos un "perdedor". Al contrario, revela la vulnerabilidad de nuestra condición y la urgencia de mirarnos con más empatía.

Al menos en Cuba, detrás de cada mano extendida hay una historia de muros derribados y una lucha silenciosa por no dejar que las circunstancias apaguen la luz de quiénes somos. El sufrimiento puede cambiarte la vida, te puede llevar al límite, pero nunca debería quitarte el derecho a ser respetado. Porque, al final del día, resistir en la escasez es también una forma de valor.

cuando el gobierno de EEUU habla de medidas quirúrgicas, habla de esto, de atacar lo mas profundo del alma y el cuerpo de los que resisten, porque solo entonces, será posible la conquista.


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domingo, 3 de mayo de 2026

Implosión Estadounidense

 Implosión,  La Metástasis de la Hegemonía: Anatomía de la Implosión Estadounidense

 Introducción: El Espejismo de la Estabilidad

La historia de los imperios nos enseña que su caída rara vez es un evento súbito provocado por una fuerza externa superior. Por el contrario, la decadencia suele ser un proceso silencioso de erosión interna, donde las estructuras que una vez proyectaron poder se convierten en los mismos agentes de su destrucción. En el caso de los Estados Unidos de América, nos encontramos ante un fenómeno singular: una superpotencia que ha sustituido su capacidad de regeneración por una anestesia social basada en el consumo y una soberbia de élite que confunde la represión con la gobernabilidad.

I. La Anestesia del Consumo y la Falsa Libertad

El ciudadano estadounidense contemporáneo es, en su esencia, un esclavo de una libertad ilusoria. Se le ha convencido de que la capacidad de elegir entre una miríada de productos en un supermercado es equivalente a la agencia política. Esta "anestesia del consumo" funciona como un potente analgésico social: mientras el flujo de bienes importados y el crédito fácil se mantengan, la masa permanece dócil, ignorando la pérdida sistémica de sus derechos fundamentales.

Sin embargo, esta estabilidad es ficticia. Al desmantelar su base productiva en favor de una economía de servicios y finanzas, la nación ha perdido el músculo que le permitía recuperarse de las crisis. Un imperio que no produce lo que consume es un gigante con pies de barro, cuya supervivencia depende enteramente de la confianza externa en una moneda que carece de respaldo tangible más allá del poder militar.

II. La Descomposición Orgánica: Del Caso Epstein al Estado Policial

La salud de una nación puede medirse por la integridad de sus instituciones. La lista de síntomas que hoy presenta el sistema estadounidense es reveladora: desde la impunidad de redes de tráfico y poder como el caso Epstein, hasta la institucionalización de la crueldad en fronteras con el ICE y la separación de familias.

Cuando un Estado aumenta su gasto militar mientras su tejido social se desgarra bajo el peso de las drogas (fentanilo), los tiroteos masivos y la violencia policial, estamos ante una metástasis moral. La élite, confiada en que sus fuerzas represivas podrán controlar el descontento, ignora que la coerción física es el recurso de quien ya no puede generar consenso. La quema de libros y el auge del culto a la personalidad en diversos estados no son sino intentos desesperados de imponer una narrativa en un sistema que ha dejado de ser intelectualmente honesto.

 III. El "Accidente Histórico" como Punto de Quiebre

En este estado de hiperpolarización y paranoia antigubernamental, el sistema ha perdido su capacidad de absorber impactos. Aquí entra la teoría del caos: no hace falta una revolución planificada para que el sistema colapse; basta con un "accidente histórico".

La desaparición repentina de una figura polarizante, un fallo sistémico en la infraestructura eléctrica o una crisis de suministros básicos podrían actuar como el catalizador definitivo. En una sociedad atomizada por el individualismo feroz y armada hasta los dientes, un accidente de esta magnitud no generaría una respuesta organizada, sino una explosión de violencia de "todos contra todos". Un "golpe de gracia" que podría manifestarse en la secesión administrativa de estados fuertes, rompiendo definitivamente el pacto federal.

 IV. La Geopolítica del Buitre y el Renacimiento Multipolar

El mundo exterior, durante décadas objeto de bloqueos, chantajes y opresión financiera por parte de Washington, no permanecerá indiferente ante esta implosión. La independencia de los mecanismos creados tras la Segunda Guerra Mundial —la desdolarización y el fin del unilateralismo militar— no vendrá de una confrontación directa, sino de la observación pragmática de la autodestrucción estadounidense.

El florecimiento de nuevos polos económicos que no compartan la línea ideológica extractiva de EE. UU. es la gran oportunidad histórica del siglo XXI. Mientras el gigante se ahoga en su propia deuda y soberbia, el resto del planeta tiene la posibilidad de construir un orden basado en el respeto al derecho ajeno y el pragmatismo productivo.

Conclusión: El Destino Triste de un Gigante

La conclusión es amarga pero ineludible. Estados Unidos se encuentra en la fase terminal de su hegemonía. Ignorantes del derecho ajeno y creyentes de una superioridad moral que sus propios hechos desmienten, sus ciudadanos y élites caminan hacia un destino triste.

La nación no necesita un enemigo externo para caer; su propia descomposición interna, su pérdida de brújula ética y su dependencia de la fuerza bruta garantizan que el final sea solo cuestión de tiempo y azar. El mundo, mientras tanto, comienza a aprender a caminar sin la sombra de quien, por tanto tiempo, se creyó el dueño de la luz.

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domingo, 24 de agosto de 2025

Los Tours que prefiero hacer

 En redes sociales y en los grandes medios parece que Cuba solo existe como un cliché: pobreza, escasez, dificultades. Esa es la narrativa cómoda, la que se repite como eco en titulares vacíos. Pero hay otra Cuba, que rara vez aparece en esas pantallas.



La Cuba real no se resume en estadísticas. Está en su gente trabajadora, en quienes se levantan cada día para inventar soluciones donde otros verían obstáculos. Está en las calles llenas de música, en los balcones donde un niño toca un tambor improvisado, en el coro espontáneo de voces que convierte cualquier esquina en un escenario.


Este es uno de los países que más música genuina ha regalado al mundo. Del son al jazz afrocubano, de la trova al hip hop, la banda sonora de la isla no se detiene nunca. Lo mismo sucede con el deporte: boxeadores, peloteros, atletas olímpicos que han puesto a Cuba en los podios internacionales con una disciplina que nace en barrios humildes y escuelas abiertas al talento.


La alegría aquí no es una pose: es resistencia. Es la capacidad de reír en medio de la adversidad, de compartir lo poco, de mantener la dignidad incluso cuando el relato externo nos quiere reducir a una caricatura de miseria.


Quien visita Cuba con los ojos y el corazón abiertos descubre que  hay una riqueza humana que no tiene precio. Porque la verdadera Cuba no cabe en un titular; late en su cultura, en su resistencia y en la energía de su gente.


Y si eres de los que viajan buscando esa verdad más profunda, no lo encontrarás en los noticieros, lo encontrarás caminando sus calles. Ahí es donde empieza el verdadero recorrido: en una Habana que se abre solo a quienes llegan con respeto y curiosidad. Ese es el viaje que yo te invito a hacer.

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CUBA, error imperdonable de visitar HABANA sin un guía
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LORCA EN LA HABANA. Sorpresas con un guía local.
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Hemingway en Cuba: la isla que escribió su leyenda
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domingo, 22 de diciembre de 2024

HISTORIAS DE CUBANOS: LA OSTENTACION

Las Placas W y P: El Nuevo Símbolo de Poder en La Habana y la Cruda Verdad de la Brecha Social en Cuba


De Cuentas Bancarias a Mercedes Benz: La Fascinante y Dolorosa Evolución de los Símbolos de Estatus en la Cuba Post-Revolucionaria


La Paradoja de La Habana: Cómo los "Hijos de los Corruptos" y la Diáspora Están Redefiniendo la Riqueza en la Isla, Mientras la Mayoría Espera Bajo el Sol

 

Estas líneas para algunos puede ser solo anecdótico. Para otros son tonos de gris, entre el color blanco absoluto inexistente y el color  negro maldito

En las calles de La Habana, un Mercedes Benz con placa que comienza con "W" o "P" es hoy el símbolo más visible del nuevo poder. Mientras miles de habaneros esperan durante horas en las paradas de guaguas bajo el intenso sol del Caribe, estos vehículos de lujo circulan con sus ventanillas cerradas y el aire acondicionado funcionando, como testimonio silencioso de una nueva casta emergente. Pero la historia de los símbolos de poder en Cuba es mucho más compleja y ha experimentado profundas transformaciones a lo largo de las décadas.

Antes de 1959, la riqueza se manifestaba de manera tradicional del capitalismo: la posesión de centrales azucareros, extensas cabezas de ganado, y cadenas de tiendas marcaban claramente quiénes eran los poderosos. La Revolución transformó radicalmente este panorama. Con la nacionalización de propiedades y la salida de las familias adineradas, los indicadores de estatus cambiaron drásticamente.

Durante la segunda mitad de los años sesenta, al comienzo del bloqueo estadounidense y antes de consolidarse los vínculos con la Unión Soviética, los símbolos de distinción se volvieron sorprendentemente modestos: poder estrenar zapatos nuevos o tener varios pares para diferentes ocasiones se convirtió en un privilegio notable. Realizar una fiesta de cumpleaños con todos los elementos tradicionales, sin necesidad de "inventos", era ya un signo de posición privilegiada.

La década de los setenta trajo nuevos marcadores de estatus. El poder viajar fuera de Cuba se convirtió en el privilegio máximo, reservado casi exclusivamente para funcionarios gubernamentales y sus familias. Sus hijos se distinguían por pequeños detalles: un maletín escolar de calidad, plumas de colores, juguetes importados con características especiales como "autitos" con puertas que se abrían. Mientras tanto, la mayoría de los cubanos vestían ropas desgastadas y descoloridas, situación que llevó a la importación de telas -mayormente chinas- que, aunque de colores llamativos y diseños repetitivos, transformaron las calles habaneras en un desfile de vestuarios idénticos. Incluso esa “forma de vestir” , no vamos a llamarla moda, se le decía “24 x segundo” parafraseado la cantidad de cuadros por segundo de una película.

Los años ochenta marcaron un punto de inflexión. Tras el éxodo del Mariel, y con el fortalecimiento de las relaciones con el campo socialista, aparecieron nuevas formas de distinción social. Las tiendas comenzaron a ofrecer muebles, electrodomésticos e incluso algunas prendas de marcas internacionales. Una nueva generación de profesionales accedió a ciertos privilegios: créditos para automóviles, acceso a bienes de consumo especiales y, sobre todo, la posibilidad de viajar.

La década de los noventa, tras la caída de la URSS, vio emerger una nueva élite. Los hijos de la clase dirigente, criados con privilegios y contactos internacionales, heredaron propiedades estratégicamente ubicadas que transformaron en negocios lucrativos: casas de renta, restaurantes privados (paladares) y conexiones con el turismo emergente. Esta generación, conocida popularmente como "los hijos de los dirigentes", desarrolló una visión híbrida: ni contrarrevolucionaria ni ideológicamente comprometida, sino pragmática y orientada a los negocios.

Llega la década de los dos mil. Obama por unos meses levanta la prohibición de viajes a Cuba y hasta el mas pinto de las palomas hizo dinero, siempre y cuando tuviera propiedades o cierto capital. Lo que era privilegio se convirtió en algo común para mas personas: viajar, conocer extranjeros poderosos, residir en el extranjero. Los privilegios se transformaron. Ya habían grandes privilegio, medianos privilegios, pequeños privilegios y . . .nosotros, los que no tenemos ninguno.

Concentrémonos en los grandes. Hoy en día se han ampliado las posibilidades de negocios, sobre todo con la importación de alimentos. Y para colmo, hasta este momento en que escribo estas líneas, casi sin pagar impuestos.

¿Quiénes son los nuevos privilegiados?

Fácilmente los detectas con los nuevos signos del poder: autos lujosos, grandes, fuertes que se pasean por el país ostentando, sí, ostentando su posición económica. Al principio se les autorizó solamente vehículos de carga, después, como siempre alguien gana con el rio revuelto, en un país donde falta la gasolina, las energías, la electricidad, proliferan todos esos autos con placas que comienzan con W y P. Es la cara notable de la nueva casta.

 Pero, ¿Quiénes son esos?

Comencemos por lo más difícil de tragar y digerir: los cubanos pobres de hoy son los hijos de los honestos de ayer.

 Los pobres de hoy no es que no tengamos inteligencia, talento o ganas, es que no tenemos capital, y por lo tanto no somos esos que podamos aspirar a tener esos permisos que da el Estado para tener negocios y como consecuencia esos autos de lujos, que como dije es lo visible, la punta del iceberg, y que como una bofetada la sentimos en el rostro. Segundo, la respuesta: ellos son por un lado los hijos y nietos de los corruptos de ayer, de los hijos de los que fueron gerentes o trabajaron en empresas extranjeras, de los que fueron funcionarios del gobierno y que incluso traicionando sus obligaciones y siendo depuestos de sus cargos conservaron sus casas que pudieron rentar y sus contactos en el extranjero. También los hijos de aquello oficiales del gobierno que hicieron buenos trabajos y que por el ambiente en que crecieron, estudiaron y mantuvieron las relaciones con gente importante en otros países y viviendo en el extranjero hacen negocios en Cuba y disfrutan en el capitalismo luminoso dinero que extraen en la Cuba pobre.

Los otros, y aun más delicado desde el punto de vista político: quienes tienen familia en Estados Unidos. Los hay quienes se fueron de Cuba al principio de la revolución, pero ya son muy mayores, la mayoría son emigrados en la década del 1980 que han hecho algo de dinero, no suficiente  para Miami, pero mucho para La Habana y han visto la oportunidad de oro de aprovecharse de casi 10 millones de cubanos con grandes necesidades, sobre todo de alimentos. Usualmente traen mercancías desde Méjico o Panamá, hasta ahora los impuestos muy bajos, abren negocios mayoristas y minoristas, llenan las calles con sus productos de tres a diez veces su valor original, lo venden en la moneda cubana con la que después compran dólares que regresan a Estados Unidos. El noventa por ciento están en contra del gobierno y la revolución misma, y ni tan siquiera lo esconden, solo hay que quedarse un rato en sus negocios y oírlos hablar, pues en su ostentación se creen intocables.

Todo esto hace que al menos algunos del pueblo puedan resolver alimentos y demás. Ha sido por otro lado un salvavidas para el gobierno que cada día más va renunciando a sus funciones como Estado en situación de emergencia alimentaria para que nos vayamos acostumbrando a la selva financiera.

¿Negativo?

Uno, es obvio que se lava dinero, y por otro lado el enorme coste ideológico que genera todo esto. Porque el mensaje es bien claro: los hijos o nietos de personas que se fueron del país, no porque andaban buscando mejores oportunidades para vivir, sino porque eran abiertamente contrarrevolucionarios, llegaron a Estados Unidos y lo que decían que no era posible se hizo posible aunque fuera un poquito y son los que están manteniendo hace rato con remesas a sus familias, y ahora con estas posibilidades. Y los trabajadores, las personas que han estado en las menos malas y las malas, que han echado pie en tierra por la revolución,o sencillamente están atrapados en la Historia y son las que están dando su dinero para que ellos se enriquezcan y vivan en condiciones que un obrero no puede soñar.

La Habana en el verano es un horno, sobre todo en las tardes. Estar dos o tres horas esperando una guagua (autobús) para llegar a casa extenuado y enfrentarse a una despensa vacía, o casi, es duro. Pero mas duro es ver pasar por esa parada de guagua un auto del año con aire acondicionado con placa W, y ni tan siquiera ofrecer un alivio a esos que posiblemente enseñen a sus hijos o sanen a sus padres en los hospitales.

La ironía histórica no escapa a nadie: muchos de los que hoy ostentan el poder económico son descendientes de quienes abandonaron Cuba por oponerse a la Revolución. Mientras tanto, los hijos de quienes permanecieron leales al proyecto revolucionario o fueron victimas pasivas de la voragine historica frecuentemente se encuentran entre los sectores más vulnerables de la sociedad.


Humberto Guia & Maestro en la Habana Whatsapp +5352646921 






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jueves, 3 de octubre de 2024

ESPARTA - CUBA

 Esparta y Cuba: Dos Historias de Resistencia Inquebrantable Frente a la Adversidad

 Tanto Esparta como Cuba han demostrado una notable capacidad de resistencia y perseverancia frente a desafíos significativos y a la presión de potencias más grandes. Hay algunas características que ayudaran a comprender lo que muchos tratan de no ver.


Esparta era conocida por su sociedad altamente militarizada. Los espartanos eran famosos por su resistencia y disposición a sacrificarse por su ciudad-estado. La vida en Esparta era austera y enfocada en la autosuficiencia. Los espartanos valoraban la simplicidad y la fortaleza física y mental.


Cuba ha enfrentado décadas de embargo económico y presión política, especialmente por parte de Estados Unidos. A pesar de esto, ha mantenido su soberanía y ha desarrollado sistemas de salud y educación reconocidos internacionalmente. Al igual que los espartanos, los cubanos han mostrado un fuerte espíritu de sacrificio y resistencia. La Revolución Cubana es un ejemplo de cómo un grupo relativamente pequeño pudo desafiar y derrocar a un régimen apoyado por una potencia extranjera.
La vida en Cuba ha requerido una gran dosis de creatividad y autosuficiencia debido a las limitaciones económicas y de todo tipo. Los cubanos han aprendido a hacer mucho con poco, desarrollando soluciones ingeniosas para superar las dificultades diarias.


Similitudes; tanto Esparta como Cuba han resistido la influencia y la presión de potencias más grandes, manteniendo su identidad y autonomía. Ambas sociedades valoran el sacrificio personal por el bien común y han demostrado una notable valentía en tiempos de crisis. La austeridad y la autosuficiencia son características compartidas, con un enfoque en la fortaleza interna y la capacidad de superar adversidades con recursos limitados.


Diferencias Clave

 Mientras que Esparta se centraba en la formación militar y la guerra, Cuba ha puesto un fuerte énfasis en la educación y la salud pública. La Revolución Cubana llevó a una serie de reformas sociales que priorizaron el bienestar civil sobre el militar.

Esparta existió en un contexto de ciudades-estado griegas en constante conflicto, mientras que Cuba ha navegado las complejidades de la política global moderna, especialmente durante la Guerra Fría, y hoy en dia resistiendo hasta la clasificación como Estado que promueve o apoya el terrorismo, con todo lo que esto implica.

Legado y Cultura

 El legado de Esparta se encuentra en su cultura de disciplina y sacrificio, que ha sido inmortalizada en la literatura y el cine. La frase "Vuelve con tu escudo o sobre él" sigue siendo un símbolo de valentía y lealtad.
El legado de Cuba se refleja en su resistencia cultural y su capacidad para mantener su identidad a pesar de las presiones externas. La música, el arte y la literatura cubana son reconocidos mundialmente y celebran la resiliencia y la creatividad del pueblo cubano.
Ambas sociedades, aunque separadas por milenios y contextos muy diferentes, comparten una admirable capacidad de resistencia y un fuerte sentido de identidad. Esparta y Cuba han demostrado que la determinación y el sacrificio pueden permitir a una nación pequeña resistir la influencia de potencias mayores y mantener su autonomía y cultura.

HUMBERTO . GUIA Y MAESTRO EN LA HABANA

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viernes, 20 de septiembre de 2024

ZONA DE CONFORT (I)

 

La Zona de Confort: Un Concepto Reinterpretado Desde La Habana — No es Complacencia, es Supervivencia


¿Conformismo o Resiliencia? Por Qué la "Zona de Confort" Tiene un Significado Radicalmente Distinto en Países Ricos y Países Pobres


Redefiniendo el Éxito: La Lucha Diaria en el Tercer Mundo y la Victoria Monumental de una Nueva Nevera en La Habana

La vida en una zona de confort puede parecer una burbuja de estabilidad, pero las interpretaciones pueden variar drásticamente dependiendo de si uno vive en un país rico o en uno pobre. Mientras que en el primer caso, la zona de confort puede parecer una prisión dorada construida por el confort económico y social, en el segundo, puede parecer un refugio frágil en medio de una tormenta implacable.



 En los países pobres, la zona de confort es a menudo una construcción precaria, sostenida por un equilibrio frágil entre la supervivencia y la estabilidad. La lucha diaria contra la adversidad, desde la inseguridad económica hasta los conflictos sociales, convierte cualquier logro, por pequeño que sea, en una victoria monumental. La falta de recursos y la constante batalla por la supervivencia crean un entorno donde el cambio puede ser una amenaza más que una oportunidad. La zona de confort en estas regiones está marcada por la necesidad de adaptarse a condiciones adversas, donde los esfuerzos por salir de la rutina pueden ser peligrosos o incluso imposibles sin riesgos significativos. En este contexto, el miedo al cambio no es solo una cuestión de desinterés, sino una estrategia de supervivencia.



Las críticas que llegan desde el mundo rico hacia los habitantes de países en desarrollo, a menudo, parecen ignorar la feroz batalla que se libra día a día por la mera existencia. La inmovilidad en estos contextos no es un signo de pereza o falta de ambición, sino una respuesta a un entorno donde el riesgo de desafiar el statu quo puede ser desastroso. Enfrentarse a una realidad dura no siempre deja espacio para el lujo de la autoexploración o el emprendimiento audaz; cada paso en falso puede tener consecuencias graves.

El contraste entre estas realidades muestra que la zona de confort no es un fenómeno uniforme. Mientras que en los países ricos, la comodidad puede llevar a una complacencia peligrosa, en los países en desarrollo, la comodidad puede ser un logro extraordinario en sí mismo. La inmovilidad no siempre es una elección; a menudo es una estrategia de adaptación en un entorno donde la supervivencia misma ya exige una lucha constante.



En el corazón de La Habana, alguien sonríe mientras muestra con orgullo su nueva nevera. Para muchos en el mundo desarrollado, esto podría parecer un acontecimiento trivial. Sin embargo, para esa persona, representa el culminar de años de ahorro y sacrificio.

Este es solo un ejemplo de lo que significa la "zona de confort" para millones de personas en el mundo en desarrollo. Un concepto que, visto desde afuera, a menudo se malinterpreta como conformismo o falta de ambición.



Redefiniendo el éxito

En países como Cuba, cada pequeño paso adelante es una victoria contra adversidades que muchos en el primer mundo ni siquiera pueden imaginar. Lo que para algunos es rutina, para nosotros puede ser el resultado de una lucha de años".

Esta perspectiva desafía la noción occidental de "salir de la zona de confort". Para muchos en el tercer mundo, alcanzar cierto nivel de estabilidad y seguridad es en sí mismo un logro extraordinario.

Es crucial reconocer que el progreso y el éxito tienen diferentes significados en diferentes contextos. Para muchos en el tercer mundo, mantener un techo sobre sus cabezas, proporcionar educación básica a sus hijos o tener acceso a atención médica son logros monumentales.

No se trata de conformismo. Se trata de resiliencia, de la capacidad de encontrar dignidad y satisfacción en circunstancias que muchos considerarían insoportables.

La próxima vez que se hable de "salir de la zona de confort", vale la pena reflexionar: para millones de personas en el mundo, llegar a esa zona es ya un viaje heroico.


Humberto. Maestro y guia local en la Habana.

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