sábado, 13 de mayo de 2017

CUBA, JUGUETES Y ENANOS (O LA RELATIVIDAD DE LAS COSAS)



Uno de los recuerdos más antiguos que guardo en mi mente es de unos juguetes que me acompañaron en los primeros años de mi vida. Realmente por muchos años. 
Fueron parte de uno de los últimos cargamentos que entraron en Cuba después que el gobierno americano decidiera comenzar su embargo, o bloqueo, como quieran llamarlo. Todavía la economía cubana no se vinculaba a la economía del campo socialista y navegaba hacia el desastre.
 El último cargamento de cosas para niños fueron juguetes y botitas blancas.
Yo nací un tiempo después y cuando tenía unos 3 años pude tener ambos preciadísimos bienes. Un amigo de mi mamá que trabajaba en una tienda los tenía en el sótano de la tienda, escondidos,  para cuando el amor de su vida (mi mamá) tuviera algún día un bebé.
Ella recuerda que le emocionaron tanto las botitas blancas que no pudo evitar quitarme de los pies mis zapaticos gastados y ponérmelas para ver cómo me quedaban. Y con ese instinto humano de gustar de las cosas bellas y nuevas no hubo dios que pudiera quitármelas. Nos demoramos como media hora en salir de la tienda y solo después de “hacerme comprender” que no podía mencionar a nadie que las botitas eran nuevas.
Yo estaba rojo de la emoción, con zapatos nuevos y los 7 enanitos de Blanca Nieves, llenos de color y alegría que por arte de magia salieron del sótano húmedo de una de las tantas tiendas vacías de la calle Monte, en la Habana Vieja, el centro de las tiendas de polacos (judíos) de antes del 1959
Y tenía solo 3 años, y ciertamente la alegría y las ganas de correr con mis botitas nuevas y jugar con unos juguetes de verdad me sobrepasaron. Y en cuanto salimos de la tienda le señalaba a cuanto habanero me pasaba por al lado mis pies y le decía: “mira tengo zapatos nuevos”
Mi mamá recuerda que tuvo que cargarme y literalmente salir corriendo ante las miradas y preguntas de otros tantos padres que pensaban que habían abastecido las tiendas en algún lugar y las había comprado.
Fueron tiempos difíciles. 
La parte más dura la pasaron las padres tratando de vestirse y alimentarse a ellos y sus hijos, pero lo que yo recuerdo es que por algunos años esos enanitos de Blanca Nieves fueron mis únicos juguetes. Y en recompensa todavía conservo a 5 de ellos. Los otros dos tuvieron destinos muy diferentes. Uno fue una víctima del amor: lo regalé a una niña muy linda que vivía en frente de mi casa y que solo un año después, cuando comenzábamos en la escuela, se mudó y nunca mas la vi.
El otro tiene mucho que ver con mi origen muy humilde. No entrare’ en detalles, solo que teniendo unos 4-5 años me desperté y cerca de mi camita vi a una rata enorme (realmente enorme). Al moverme ella se volteó y sus ojos rojos no se me fueron nunca de la memoria. Junto a mí, en la cama, tenía a mi más preciado tesoro: mis 7 enanos. Sin dejar de mirarla estiré el brazo, agarré uno de los enanos y se lo lancé a la rata. Le picó muy cerca y la disuadió de aproximarse, se iba hacia el hueco de donde había venido cuando de repente se detuvo, regresó y empujando a mi enano se lo llevó. Lo curioso es que mi mamá estaba en la habitación de al lado y solo notó algo raro cuando escucho mis sollozos y me encontró sentado al borde la cama. Había perdido un amigo.
Fueron mis mejores amigos. Se convirtieron en soldados, en barcos, en proyectiles, en boxeadores, y lo más importante: mis confidentes de cada noche. Y al igual que a los héroes de una guerra los conservo como recompensa por haberme dado una niñez.

Ya para entonces teníamos la libreta de racionamiento que las argucias de la política y la semántica oficial era llamaba “Libreta de Abastecimiento”. Una para la comida y otra para la ropa y zapatos. Por algunos años hubo un cupón que nunca pudo ser tachado o arrancado (se cambiaba de modelo de vez en cuando): el de los juguetes.
Un dia llegó la gran sorpresa. A partir de ese año (debió ser a principios de los 1970’s) cada julio todas las tiendas del país se llenaban de juguetes. Por seis días se venderían esos juguetes y cada niño cubano tendría 3 juguetes. A cada familia con niños menores de 14 años se le asignaba una tienda, usualmente en el barrio.

¿ Y cómo evitar el caos?

Se creó un sorteo, una rifa. Al principio eran por llamadas telefónicas y poco a poco se iban llenando las listas. Más o menos 200 turnos por día. Pero claro, eso creaba diferencias entre los que tenían teléfono y los que no, así que un cierto año se determinó que como todas las familias tenían libreta de racionamiento, y ésta tenía un número se haría un sorteo secreto y las listas serian publicadas en las vidrieras de las tiendas dos semanas antes de que comenzaran las ventas.
Se distribuían los niños en seis días. 
En una Cuba atea  todos los niños mirábamos al cielo esperando por el milagro de que nos tocara el primer día y no el sexto cuando ya los mejores juguetes habían sido comprados. A cada niño le correspondían 3 juguetes: Un juguete grande (básico), uno mediano (no básico) y uno pequeño o de poco valor (dirigido).
Comenzaban entonces a dar frutos las “enseñanzas” de los rusos y del mercado negro que aprovechaban al máximo. En otras palabras, había padres que vendían el derecho a juguetes de sus hijos a otros padres que tenían más dinero y le compraban a sus hijos  el doble o el triple de la cantidad que recibían los otros niños.
Yo solo una vez vi algo asi. En mi cuadra, y fue triste, claro está.
 Ahora ya de grande comprendo que gota a gota mis padres me inculcaron unos principios que me hicieron el ser que soy. Fue una cuestión de principios no comprar el derecho de otro niño  para no dejarlo sin juguetes.  Los padres que sí hicieron cosas como esas formaron a esos hombres y mujeres de hoy en día que están apoderándose del país o permitiendo que los esfuerzos de tantas generaciones estén en peligro.
Algo que repito una y otra vez: Los pobres de hoy somos  los hijos de los honestos de ayer.
Hoy las cosas son diferentes. Hay juguetes en las tiendas, en casi todas, pero ya no hay sorteos. Hoy en día los padres, como cualquier padre de un país pequeño, pobre y con problemas políticos como los que tenemos,  deben escoger entre comida, ropa y zapatos o juguetes para sus hijos.
 Regresaron los Reyes Magos el 6 de enero. Nuevamente hay niños con juguetes carísimos y otros con casi nada. Es lo “normal” me dicen. Así es en todas partes.
Cuando les cuento a mis alumnos estas historias  muchos desearían que regresaran al menos esos 3 juguetes seguros cada año. Pero eso, como algunas otras cosas,  se perdieron cuando cayó un muro que dividía a la fría Alemania. Ya saben, el efecto mariposa. Tumbas un muro y el mundo se tambalea y todo un modo de vida desaparece haciendo que nuevas cosas sucedan y regresen algunas del pasado.
Hay algo importante que aún nos queda: compartir lo que tenemos. Ese es por el momento el remedio. La solución está aún por definir.
Desde que me hice maestro esa fue una prioridad para mí, los niños y su alma. Pudiera decir que mi trabajo termina cada día a las 6 pm. Pero no. Hay que ayudar en lo posible. Nunca se puede ayudar a todos, ojalá, pero hay que hacer lo posible. Recuerdo con satisfacción el día que logré conseguir 40 osos de peluche, otras veces fueron pelotas de tela, pelotas de baseball  y guantes de baseball para zurdos (¡todo un milagro!), y en fin, lo que las buenas personas que vienen a Cuba traen con el corazón en la mano.
Hoy cuando llegan a Cuba personas con “diamantes en las suelas de los zapatos”, como dice la canción, quisiera tener la capacidad (llámenla también inteligencia o habilidad) para llegar a ellos y lograr que ayuden, pero no me es posible.

Pero nada, ¡animo!, los niños también agradecen sombras chinescas en una pared o en un patio de recreo lleno de sol. Y me digo:
 NO ESTES DESANIMADO, EN EL MUNDO DONDE VIVIMOS QUE HAY TANTO PARA COMPARTIR Y PARECEMOS TAN PEQUEÑOS, ES MARAVILLOSO QUE DE VEZ EN CUANDO SURGEN GIGANTES QUE NI TAN SIQUIERA SABEN LA FUERZA QUE TIENEN Y CAMBIAN LOS ACONTECIMIENTOS CON UN LINDO JUGUETE, O UNOS LAPICES DE COLORES, CONVIRTIENDO A UN NIÑO TRISTE EN UNO FELIZ, A UN FUTURO SER HUMANO RESENTIDO EN UN BUEN HOMBRE O MUJER.

jueves, 16 de marzo de 2017

La esclavitud

La esclavitud obliga a los hijos a seguir tradiciones muchas veces obsoletas, poniendo muchas veces espiritus ancianos dentro de cuerpos nuevos.


La esclavitud  sofoca el alma y el corazon de muchos hombres y mujeres. Une a un hombre que aborrece a una mujer y coloca el cuerpo de una mujer en el lecho de un hombre odiado.


La esclavitud pone el cuello de los hombres bajo el dominio del tirano y somete a cuerpos fuertes y mentes debiles a los hijos de la codicia para ser usados como instrumentos de su poder.


La esclavitud vive junto a la ignorancia y la humillacion, a la miseria y la desesperacion.


A la esclavitud le gusta que los niños crezcan como criminales y  mueran como despreciados.


A la esclavitud (cualquiera que sea y el país que sea) le gusta nombrar las cosas de otra manera. Llamando inteligencia a la astucia y vacío a la sabiduría, y debilidad a la ternura y cobardía a un firme rechazo

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domingo, 4 de diciembre de 2016

Murio' Fidel (III y final)

Capítulo III

Caravana

Es algo difícil de explicar.

Yo imaginaba que algo así ocurriría, pero vivir en Cuba, escuchar cada día a mis compatriotas quejarse de las duras condiciones de vida, ver cómo internet, la prensa y las televisoras extranjeras repetían hasta casi convencerme de que los cubanos deseaban un cambio radical y que el país ya no era el mismo de los últimos sesenta años… todo eso me había hecho dudar.

También pesaba ver marcharse a tantos amigos y familiares. Y ver cómo algunos, ya en voz baja, dejaban de proclamarse revolucionarios o de decir abiertamente que apoyaban a Fidel Castro.

Y sin embargo…

Mil kilómetros.
Y al menos seis millones de cubanos acompañando las cenizas de Fidel Castro en su viaje de regreso al lugar donde nació la Revolución.

Desde la noche anterior a la salida de La Habana, miles de personas durmieron en las calles para asegurar su lugar en el recorrido. El acto del día anterior, en el que hablaron tantos dirigentes del mundo, había terminado tan tarde que no daba tiempo de regresar a casa. Muchos se quedaron allí mismo, esperando en las calles por donde, en pocas horas, pasaría el armón con las cenizas del líder.

A las 7:10 de la mañana salió la comitiva militar. Y comenzó el misterio.

Cientos de miles de habaneros cubrieron cada milímetro de la ruta. Toda la ruta. Los mismos caminos que sesenta años antes habían visto entrar a La Habana a un Fidel de treinta años. Esta vez lo acompañaban gritando una sola consigna:
¡Yo soy Fidel!

Pero aquello apenas comenzaba.

Día y noche, en un silencio cargado de consignas, la caravana recorrió más de mil kilómetros sin dejar un solo espacio vacío. En los pueblos, las calles abarrotadas. En los campos, los campesinos bajaban de las montañas o caminaban kilómetros para dar el último adiós. En todas partes, la misma consigna:
¡Yo soy Fidel!

Día y noche, por campos y ciudades. Solo una pausa muy breve, de madrugada, en Santa Clara y Camagüey. Hombres, mujeres, niños, ancianos, enfermos, militares, estudiantes.

Aún hoy me sorprende haber visto lo que creía que ya no existía con esa intensidad. Hombres de campo, curtidos por el tiempo y por una pobreza material aún más dura que la de la capital, llorando en silencio, sin esconder las lágrimas.

En Santiago de Cuba parecía que la ciudad entera lloraba. El acto de despedida fue incluso más emotivo que el de La Habana y dejó sin palabras a quienes todavía pensaban que los cubanos acudían obligados por las circunstancias.

Lo siento, pero a seis u ocho millones de personas no se las obliga a movilizarse ni a caminar kilómetros para ver, durante un minuto o menos, las cenizas de un hombre.

El funeral fue privado. Sin cámaras. Desde la distancia solo se pudo ver cómo las cenizas eran colocadas dentro de una roca redonda —o a sus pies— con una sola placa: su nombre.
Nada más.




Escuelas especiales – Mapa genético

En el mundo nacen muchos niños desafortunados. Niños con deformaciones, retraso mental, malformaciones congénitas visibles e invisibles. Muchos son abandonados por sus familias. Cuba no era una excepción.

Entre las cosas que se hicieron en relación con la educación estuvo la creación de más de trescientas escuelas de educación especial. Incluso en las montañas existen escuelas para niños con problemas severos. Los maestros que trabajan allí deben ser, como mínimo, graduados en pedagogía especializada. Estas escuelas tienen mejores condiciones que muchas escuelas regulares.

En La Habana está la más importante: República de Panamá, donde llegan los casos más graves de todo el país. Ciegos y sordos a la vez. Retrasos profundos. Deformaciones terribles. Allí hay un maestro por cada niño o joven.

Pero no bastaba con crear escuelas si el problema seguía naciendo.

Un día Fidel Castro decidió que había que atacar la raíz. Se ordenó realizar un mapa genético de la población cubana. Miles de profesionales recorrieron el país: médicos realizando pruebas de ADN, sociólogos analizando dinámicas familiares, psicólogos ofreciendo herramientas para resistir, terapeutas atendiendo limitaciones físicas. Las familias comenzaron a recibir ayuda económica de por vida.

Un año después, en un congreso de pedagogía, se le presentaron los resultados a un Fidel visiblemente ansioso. Como consecuencia, entre otras medidas, se crearon laboratorios de genética en todas las provincias del país. Desde entonces, todas las mujeres embarazadas en Cuba deben someterse a exámenes de todo tipo, incluidos los genéticos, para tratar de garantizar, en la medida de lo posible, hijos saludables y preparados para la batalla de la vida.

Un año más tarde, ese mismo ejército de especialistas realizó el mismo trabajo en Venezuela, Bolivia, Dominica y Nicaragua.


Testamento político

“Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.”

La frase no es de Fidel. Es de José Martí, el hombre más importante de Cuba. Pero acompañó a Fidel en los momentos cruciales de su vida, como un recordatorio contra la tentación de la gloria y la fama. Y hay que reconocer que no siempre se logra evitarla, porque aun cuando en Cuba no existe una estatua, un busto o un edificio público con su nombre, muchas veces se le acusó de permitir el culto a su personalidad.

En su testamento político, el hombre omnipresente pidió algo muy concreto: que, tras ser cremado, sus cenizas fueran depositadas de manera privada, sin prensa, sin extraños, sin presidentes invitados. Solo la familia.

Y así fue.

Pidió también que su nombre no se pusiera a ninguna calle, fábrica, organización ni edificio.
Y así será.

En pocos días, la Asamblea Nacional de Cuba aprobará como ley su última voluntad.


Estoy seguro de que el asombro se me irá pasando. Pasarán muchas cosas. Volveremos a nuestras batallas diarias, algunos con mejor suerte que otros, en un mundo cada vez más difícil para los pequeños de bolsillo y para los pobres.

Veremos qué sucede en Cuba, rodeada de millones de amigos y miles de enemigos.

Como dijo un famoso poeta-trovador, somos un país de roca que tiene debajo un país de pan: Cuba.


Nota:
Esa noche la televisión cubana transmitió el momento en que las cenizas fueron colocadas en el nicho. No había prensa cercana. Los presidentes invitados estaban presentes, pero a distancia. Su esposa y sus hijos lucían cansados y profundamente tristes. Luego se realizó una ceremonia militar.

Humberto. Guia y Maestro en la Habana.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Murio Fidel (II)

Capítulo II

El silencio de un país

Acabo de regresar de la avenida 23. Por ahí pasó el cortejo fúnebre de Fidel Castro en su recorrido inverso, desandando la ruta del triunfo de 1959. Dentro de unos días llegará a Santiago de Cuba, donde sus cenizas serán depositadas en el cementerio de Santa Ifigenia, el mismo lugar donde descansan los restos de José Martí, el hombre más trascendental de la historia de Cuba.

Anoche, una vez más —quizás la última—, Fidel Castro reunió a un millón de cubanos en la Plaza de la Revolución.

Desde alrededor de las cuatro de la tarde, cubanos, visitantes, turistas, y miles de estudiantes provenientes de África, América Latina, el Caribe anglófono, Medio Oriente y Asia comenzaron a llenar la plaza y todas sus avenidas de acceso. Todo ocurrió en silencio. La luz del día fue cayendo lentamente y las lámparas de la plaza y las avenidas terminaron de darle al lugar un aire aún más solemne.

Vinieron dirigentes de todas partes del mundo. Otros llegarán a Santiago el domingo. Tal vez la idea original fue que hablara un representante por cada región geográfica, pero no pudo ser: todos querían hablar. Lo más curioso para mí fue ver en la tribuna representantes de ideologías tan distintas, de regiones tan alejadas entre sí, y sin embargo unidos por algo común: el bienestar de sus pueblos.

¿Recuerdan el dicho “dime con quién andas…”? Pues si quienes vienen a dar el último adiós son, en su mayoría, personas que se ocupan de los pobres, luchan por ellos o los protegen en sus países, entonces ahí hay un mensaje.

Anoche hablaron presidentes o representantes de Ecuador, Nicaragua, El Salvador, Haití y Dominica, Venezuela, México, Rusia, China, Vietnam, Qatar, Irán y Bielorrusia.
En Santiago de Cuba hablarán otros.

Por el momento, los ricos callan.

¿Se imaginan a Cuba en silencio durante días y noches? Es casi ir contra natura.
La única embajada que no tiene la bandera a media asta es la americana.
Los únicos que no fueron.

Quienes han estado en Cuba pueden imaginar la escena: desde la Plaza de la Revolución, bajando por Paseo, siguiendo por la avenida 23, La Rampa, el Malecón, hasta salir de la capital, y luego por los campos, a ambos lados de la carretera, cordones humanos de tres y cuatro filas en silencio. Algunos despedían con saludo militar, otros con la mano en alto, muchos con pequeñas banderas cubanas.

Y esto es solo el comienzo.

Ahora es cuando empezará a verse por qué la Revolución y Fidel han sobrevivido sesenta años, un embargo estadounidense de cincuenta y cinco, la caída del gigante soviético, “el fin de la Historia” proclamado por filósofos y economistas del Primer Mundo, más de diez presidentes americanos, una invasión y casi una guerra nuclear.

Porque aunque más del cincuenta por ciento de los que viven en La Habana provienen del interior del país, son los campesinos cubanos quienes tienen el mérito de sostener este proceso que tan pocos comprenden.

Como dijo una anciana en la televisión:
“Mis abuelos eran analfabetos. Mis padres tenían seis hermanos y todos eran analfabetos. En 1959 éramos seis hermanos y fuimos alfabetizados por un joven de quince años. Yo tuve seis hijos… y mis seis hijos son profesionales.”

Es posible que las cosas en Cuba cambien con los tiempos que corren. Lo que no sabemos es cómo cambiarán, ni cómo esos cambios terminarán influyendo en el mundo en que vivimos. Cuba puede integrarse al mundo, pero cuidado: los cambios comienzan por una célula, por una partícula, y los cubanos podemos ser muy subversivos.

Si no, basta mirar atrás y preguntarse: ¿qué otro país pequeño, en extensión y población, ha tenido tanta influencia política en el siglo XX y lo que va del XXI?

La sensación de estos días es extraña. Sería tonto pensar que todos están tristes o que ese sea el único sentimiento presente. Algunos salieron a ver pasar el cadáver de su enemigo. Otros están preocupados por perder prebendas si las cosas cambian. Otros, aún más inquietos, piensan en un Trump capaz de hacernos revivir momentos terribles, ahora sin el líder que tantas veces dio el impulso extra, eso que algunos llaman “algo más grande que uno mismo”.

Solo queda esperar. El mundo ya no es el de antes. Es más peligroso, más vacío, más ignorante y más hueco. La juventud del Primer Mundo es, quizás, la peor de los últimos cien años. La del Tercer Mundo, en cambio, sigue siendo consciente. No ha decaído.

Fidel Castro dijo una vez:
“El hombre más peligroso es el hombre consciente de la clase social a la que pertenece, o por la que quiere luchar.”

El mundo está demasiado lleno de pobres como para no pensar que, dentro de ese 99% sin poder ni recursos, la semilla de las ideas —o de la ideología— de un Fidel no termine germinando en algún corazón… o en algún cerebro.
Que no son lo mismo.
Y no se usan igual.

 Humberto. Guia y Maestro.

Tours. Whatssap +5352646921

instagram: humberto_habana





lunes, 28 de noviembre de 2016

Murio' Fidel (I)


Humberto, el material que entregas sí da para un capítulo potente, con identidad propia y una voz testimonial clara. No necesito añadir criterios externos ni corregir el enfoque: el núcleo está ahí. Lo que hago a continuación es convertir tu texto en un capítulo narrativo, ordenándolo, dándole respiración literaria y ritmo memorialista, sin introducir ideas que no estén ya en tu diario.

Si al terminar sientes que “esto es lo que yo quise decir, pero mejor contado”, entonces está bien y lo dejamos así.


Capítulo I

Cuando murió Fidel

Se murió el abuelo.
Se murió el padre.
Se murió el dador.

Murió el guerrillero, el Salvador, el líder mundial, el cubano más sexy de los años sesenta y setenta. Murió el macho-guerrillero que ayudó a fundar la escuela de ballet más importante del Tercer Mundo. Murió el fundador del movimiento de los Países No Alineados. El creador de guerrillas. El impulsor de misiones de alfabetización en el Tercer Mundo… e incluso en el Primero.

Murió el dictador —para algunos cubanos y muchos extranjeros— y también el creador de la Escuela Latinoamericana de Medicina, donde estudian los más pobres entre los pobres de nuestro continente. Murió el hombre que llamó a los soviéticos y a sus misiles a solo noventa millas de Estados Unidos. El que hizo de la escuela y del deporte una obsesión nacional, llevando a Cuba a estar entre los quince países más medallistas en Juegos Olímpicos sin ser una potencia rica.

Murió el que comenzó una guerrilla con solo doce hombres y tres años después había tomado el poder. El que creía que los cubanos no necesitábamos la democracia al estilo capitalista porque, para decidir, ya estaba él. El creador de un sistema de vigilancia perfecto para saber qué podía estar pensando o haciendo cada cubano.

Murió el arquitecto de la campaña de alfabetización que eliminó el analfabetismo en apenas un año. El que llevó a cubanos a guerras en África, Asia y América Latina. Murió el caballo —el número uno en la charada cubana—. El creador de la mayoría de las universidades del país. El fundador del Instituto Superior de Arte.

Murió el político que dividió familias para poder vencer. El que en su primera semana de gobierno prohibió por ley la prostitución y el juego, incluidos los casinos americanos. El que hoy critican y detestan muchos de los que se fueron bien formados hacia un mundo que no forma ni prepara a los pobres, y que gracias a esa ventaja lograron prosperar.

Murió el hombre que no confiaba en los imperialistas porque, según él, eran egoístas y solo deseaban la destrucción de quien no fuera como ellos. El que no nos dejaba viajar a países capitalistas porque pensaba que contaminaban el espíritu. El de los discursos interminables de seis y ocho horas. El que jugaba béisbol, ajedrez y practicaba la caza submarina.

Murió el amigo de Mandela, de Indira Gandhi, de Allende. El cercano a Graham Greene y a Gabriel García Márquez. El hombre rodeado de una lista interminable de lo que el mundo llama “gente progresista y de bien”. Murió el odiado por dos millones de cubanos y sus descendientes en Estados Unidos.

Murió el que decidió dar solo una entrevista al año cuando comprendió que, dijera lo que dijera a un periodista occidental, siempre sería desvirtuado. Por eso tenía sus propios técnicos para grabar. El que dejó de fumar en público porque la Organización Mundial de la Salud se lo pidió, consciente de que era imitado en todo el mundo.

Murió el hombre del que nunca supimos cuántos hijos tuvo realmente ni quién era su esposa hasta mucho después, cuando la enfermedad hizo visible a la mujer que no se separó de su lado. El que cada año, antes de la Asamblea General de la ONU, recibía a los líderes del Tercer Mundo que pasaban primero a saludar antes de seguir hacia Estados Unidos.

Murió el orador que impulsó con sus discursos la entrada de China al Consejo de Seguridad… y que años después la atacó cuando ese gigante invadió Vietnam. El hombre bajo cuyo gobierno se erradicaron enfermedades como la poliomielitis y la tuberculosis. El creador de frases como: “Cuando un pueblo enérgico y viril llora la injusticia, tiembla.”

Murió el líder que llevó a juicio y mandó a fusilar a uno de sus militares más queridos, el único con la medalla de Héroe de la República, por considerar que había puesto en peligro la imagen de la Revolución. El que participaba en todos los congresos de maestros. El que creyó que nacer y crecer después de 1959 bastaba para crear al Hombre Nuevo… hasta las grandes decepciones de 1980 y 1994.

Murió el creador de un sistema de inteligencia tan sólido que los rusos venían cada seis meses a intercambiar información. El ateo que logró que los últimos tres Papas visitaran Cuba. El que envió médicos a Haití mucho antes de que los terremotos y huracanes obligaran al mundo a mirar hacia ese país abandonado.

Murió el hombre que dijo que la universidad era solo para los revolucionarios. Al que no le gustaban los guardaespaldas y al que intentaron matar más de mil veces. El que durmió en un hotel de Harlem cuando Estados Unidos le canceló la reserva oficial como Jefe de Estado.

Murió el que eliminó la Navidad y el Día de Reyes del calendario por considerarlos fechas mercantiles más que religiosas. El que le dijo “no” a Estados Unidos tantas veces que nos bloquearon y vaciaron mesas y tiendas durante casi seis décadas.

Murió el hombre al que muchos emigrados culpan por separarse de sus familias, cuando —según pienso— la mayoría solo obedeció a corazones impulsados por el dinero, sin la dignidad de luchar por lo que aman, sea familia o país, que al final es lo mismo.

Murió el que vetó a Julio Iglesias por cantar en Sun City, el cabaret racista de Sudáfrica. El que las nuevas generaciones solo conocían por los libros de historia. El que nació con un nombre que, traducido al latín, significa “Fiel al Ejército”.

Murió el que resistió la caída de la URSS y desde sus cenizas impulsó una segunda ola de gobiernos de izquierda en América Latina. El que dijo que Cuba sería un país de hombres de ciencia porque no teníamos petróleo, sino cerebros que exportar.

Murió el que reconoció su propia decepción al ver que, cincuenta años después, los negros seguían siendo mayoría en las cárceles y minoría en las universidades. El que las mujeres culpan por la precariedad de las cocinas, pero al que agradecen ser hoy casi el sesenta por ciento de los profesionales del país.

Murió el que abandonó La Habana para construir en el campo. El que puso a Cuba entre los diez países con menor mortalidad infantil del mundo, repitiendo que nada era más importante que un niño. El libertador para Angola y Namibia. El hombre que durante veinte años trajo a Cuba a niños afectados por Chernóbil.

Murió el creador de la libreta de racionamiento para que todos recibieran lo mismo, no solo los que tenían dinero. El que nunca entendió de marcas ni glamour, y por eso cada generación de jóvenes tuvo problemas para aceptarlo… hasta que maduraba y elegía un camino: derecha o izquierda.

Murió el que decía que las únicas comunistas reales que conocía eran las monjas. El que abrió los aeropuertos cubanos el 11 de septiembre para recibir aviones desviados y alojó gratis a los pasajeros. El que para los amigos fue Fidel, y para los enemigos, Castro.


Hoy salí de mi casa como siempre. Antes de abrir la puerta me puse los audífonos y caminé rápido con la música nueva que me habían pasado al teléfono. Al rato noté algo extraño: un silencio que se escuchaba a través de la música.

La ciudad estaba en silencio. Incluso en las casas de quienes no simpatizaban con él hubo respeto. Tres días de silencio. Sé que muchos dirán que fue miedo, pero el pueblo cubano siempre ha sido respetuoso.

Banderas a media asta. Duelo oficial. ¡Cuba sin música durante nueve días! Parecía el fin del mundo, pero sabíamos que no lo era. La vida es más grande que cualquier hombre.

De ser presente, pasó a ser pasado.
Ya está en la Historia.


Humberto, Guia y Maestro en la Habana.

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sábado, 5 de noviembre de 2016

HAVANA: A WONDERFUL CITY

For some people who has recently  visited Cuba, Havana is the loveliest city in the world. The capital’s ability to seduce all never fails to astonish every one, thus they  feel it only right to reflect on its charms.




A defining feature of Havana’s appeal has been its singular mix of ethnicities, beliefs, traditions, smells and contrasting colors since November 16, 1519, when - after having had three different locations - the Villa de San Cristóbal de La Habana was officially established, at the site where the Plaza de Armas, El Templete and its revered ceiba tree, are found today.
However, Havana is currently more popular than ever as confirmed by the third edition of the Seven Wonder Cities of the World competition, organized by the New7Wonders Foundation based in Switzerland, in 2014. Havana placed among the top wonder cities of the world, alongside Beirut (Lebanon), Doha (Qatar), Durban (South Africa), Kuala Lumpur (Malaysia), La Paz (Bolivia) and Vigan (The Philippines).
It is worth highlighting that the competition featured 1,200 cities from 220 countries, while Havana also featured among the 25 most photographed places in the world. According to the President of New7Wonders, Bernard Weber, the title of Wonder City of the World will be awarded to the Cuban capital on June 7, as a symbol of the global diversity of urban society and because everything – tangible or intangible – included within the 726.75 square kilometer area is Cuba.

THE KEY TO A NEW WORLD

Although there are many stories about how the city got its name, the most widely accepted is that relating to the Taíno chief Habaguanex. Boasting an advantageously positioned port and enviable geographic location, Havana became the most prized of Spain’s colonies throughout the Americas during the colonial period, and subsequently became known as the “Key to the New World and Rampart of the West Indies.”
Officially declared a city on December 20, 1592, by King Philip II of Spain, and following the relocation of the Spanish government headquarters to the area in 1593, from Santiago de Cuba, Havana became the island’s capital. The city currently covers 0.7% of the country’s surface area and has, among its extraordinary relics, over 30 National Monuments.
With its unique natural environment, Havana will forever be remembered as the “city of architecture, poetry, rebellions; the conspiring city, of great heroics, and of course, of culture.”
Diría Xonia Beltrán, director of Tourism for the popular city destination of Havana, noted that efforts are underway to further develop varied events and protect cultural, patrimonial and educational treasures; with work focused on cultural and scientific activities, which include the majority of the island’s professionals.
But despite the fact that one fifth of the island’s total population and 30% of its professionals live in Havana, and although the city generates over half of the country’s tourism revenue and Gross Domestic Product, the capital lacks mobility.

A HISTORIC CITY
What is more, as the city celebrates its 490th anniversary, Havana “is rundown in many places, in ruins in others, often the victim of neglect, negligent tendencies and lack of appreciation for the symbolic value of a city that was able to announce a new order which it has maintained for over half a century with the noble character of our own people.” Unlike many places throughout the Americas, Havana has successfully preserved its colonial architectural heritage.
The world famous Old Havana, which includes the city’s historic center and network of forts declared World Heritage sites by UNESCO in 1982, is interwoven among former palaces, mansions, small and large squares, cobblestone streets, churches, saints and lofty balconies filled with a mixture of people, voices, and flavors. Cuba’s oldest square, Plaza de Las Armas; that known as Plaza Vieja; Plaza San Francisco de Asís and Plaza de la Catedral, which were built at the end of the 16th century, have all become important icons of the area.

In addition to the San Carlos de la Cabaña Fort, which protected Spanish forces after the British navy captured Havana in 1762, and which still symbolically guards the bay, the city is home to castles built to ward off corsairs and pirates, while it also boasts some of the oldest forts in the Americas including the Real Fuerza (1577), San Salvador de La Punta (1600) and Tres Reyes Magos del Morro (1630).
One hundred and forty structures dating from the 16th-17th centuries still stand in the historic center, almost all military or religious buildings; as well as some 200 from the 18th century, the majority civil infrastructure spaces; and over 450 from the 19th century, during which urbanization greatly expanded. The city continued to develop rapidly expanding beyond the perimeters of the defensive wall constructed to protect it. Almost 100 years later, around 1863, that wall began to be demolished.

BEYOND THE WALLS
Havana began to grow rapidly during the first half of the 20th century. The city expanded from east to west in a rapid process of addition rather than substitution, over less than six decades. With the triumph of the Revolution the idea was now to focus on investing in the rest of the country in order to reduce the historic disparity between the capital and the rest of the island
Pre-1990s migration figures show that Havana had a sustainable migration rate. However, with the on set of the Special Period, this trend shot up and the city become an even more diverse place.
This is the same city that is home to the stunning Playas del Este beaches; whose Parque Metropolitano represents the enormous green lung of the capital; which today still features the first promenade built in the city; as well as Paula street, along which a young Martí would stroll, and the University of Havana stairway, where the most radical and authentic revolutionary ideals were formulated; which among Daiquirís and other alcoholic beverages guards the memory of visits by Ernest Hemingway to the El Floridita bar and restaurant, and Creole cuisine and wall scribblings at the La Bodeguita del Medio.
Havana also boasts the majestic Colon Cemetery and exquisite Hotel Nacional, which has seen important figures from the arts, culture and politics, parade along its hallways; ancestral Asian culture brought over by the Chinese from 1847; the grand neo-classical buildings which surround the Capitolio, the memorial at the Plaza de la Revolución, or the talented artists who have performed on stages such as that of the Alicia Alonso Grand Theater of Havana, the National Fine Arts Museum and Paseo del Prado.

To the west of the city the streets begin to widen leading to the busy neighborhood of Vedado, then onto the dazzling Tropicana Cabaret and 5th Avenue, whose elegance has seen it become a diplomatic and business center, until the Havana Convention Center, which hosts a wide variety of events.
It was to this Havana that the rebel soldiers entered in 1959, and where almost half of all visitors to the island come every year. Havana is quite simply the sui géneris mother of the social, cultural, economic and political evolution of a country committed to its people’s wellbeing.
Protected to the north by a eight  kilometer-long sea wall (the Malecón), the warm and welcoming city, the inspiration for many poems and songs, greets visitors with the open arms of its Christ, and watched over by the La Giraldilla weathervane. Havana is the traditional melting pot, as described by Fernando Ortiz; a city which belongs to its residents and to all Cubans.







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Humberto Linares

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miércoles, 2 de noviembre de 2016

41 COSAS QUE HACER EN LA HABANA [sugerencias]

La Habana tiene su son, su ron, su ropa vieja, sus mojitos, sus atardeceres en El Malecón... Un paraíso cubano robado al tiempo en el que solo puedes dejarte llevar...




1. Deambular y dejarte llevar sin plano por las coloridas calles del centro y otras más alejadas y descubrir rincones con un encanto indescriptible.


2. Hacer una pausa en la barra del bar La Lluvia de Oro. El barman con su amplia sonrisa te preparará unos mojitos mientras te explica el secreto de su cocktail.

3. Salir de fiesta en La Fábrica de Arte Cubano (F.A.C) un espacio cultural interactivo de lo más vanguardista.

4. Tararear sin parar alguna de las canciones pegadizas que oirás sin cesar como El bodeguero: “Siempre en su casa, presente está… el bodeguero y el cha cha cha, vete a la esquina y lo verás…” y que acabe formando parte de la banda sonora de tu viaje.

5. Ver el atardecer desde El Malecón y no querer marcharte; los pescadores habaneros de fondo, alguna música lejana y la estampa de los niños saltando desde las rocas al mar…

6. Tomar una piña colada en el mítico Hotel Nacional de Cuba de los años 30, declarado Memoria del Mundo por la UNESCO. Mientras la degustas frente al mar Caribe, un grupo toca la maravillosa melodía Yolanda de Pablo Milanés.

7. Malanga todos los días, desde por la mañana hasta por la noche; es un tubérculo parecido al boniato que utilizan a menudo como guarnición.

8. Broncearte en una tumbona de la azotea del bonito Hotel Saratoga y darte un refrescante chapuzón en su piscina desde donde disfrutarás de la magnífica vista del Capitolio.

9. Tomarte una Tukola (la Coca Cola local) en Variedades Obispo (Complejo Comercial Gastronómico), una especie de diner cubano situado en el casco histórico de la Habana Vieja.

10. Tomar una piña colada en el mítico Hotel Nacional de Cuba de los años 30, declarado Memoria del Mundo por la UNESCO. Mientras la degustas frente al mar Caribe, un grupo toca la maravillosa melodía Yolanda de Pablo Milanés.

11. Malanga todos los días, desde por la mañana hasta por la noche; es un tubérculo parecido al boniato que utilizan a menudo como guarnición.

12. Broncearte en una tumbona de la azotea del bonito Hotel Saratoga y darte un refrescante chapuzón en su piscina desde donde disfrutarás de la magnífica vista del Capitolio.

13. Tomarte una Tukola (la Coca Cola local) en Variedades Obispo (Complejo Comercial Gastronómico), una especie de diner cubano situado en el casco histórico de la Habana Vieja.

14. Ojear los libros de la revolución; sobre del Che Guevara, Fidel Castro o Camilo Cienfuegos, en los puestos de la preciosa Plaza de Armas.

15. Las amantes de la moda, recorrerán de arriba abajo a modo de pasarela, el arbolado Paseo del Prado, donde se celebró el último desfile crucero de Chanel.

16. Dejarte impresionar por la Plaza de la Revolución concebida en los años 20 por el arquitecto paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier, en la que se encuentra la sede del Gobierno Cubano.

17. Dormir en un agradable hotel boutique como Casa Vedado del residencial barrio de Vedado y que la encantadora casera te prepare sonriente el desayuno por la mañana.

18. Refrescarse del calorín tomando uno o varios daiquiris en el mítico y agitado Floridita, mientras un grupo de música cubana anima el ambiente.

19. Hospedarse en casas particulares para vivir de cerca la experiencia cubana y poder compartir la estancia con los propietarios y el resto de los viajeros.

20. Tomar un bicitaxi y recorrer la bonita avenida de Carlos III, llena de comercios, carteles, viejos cines… y literalmente no poder para de hacer fotos.

21. Dar una vuelta con el pelo al viento en uno de los preciosos coches americanos de los 50; como un Chevrolet descapotable y que al final del paseo te digan que perteneció al famoso cantante Benny Moré.

22. Enterarte de la diferencia de uso de las dos monedas oficiales, el CUP, peso cubano y elCUC peso convertible, destinado a los extranjeros.

23. Una comida cubana en el balcón del Paladar los Mercaderes, no por sus manjares, aunque te prometan lo contrario, sino por su estilo, en el que parece que no ha pasado el tiempo.

24. Conseguir aprender a tomar un taxi colectivo, como si fueras un local. Compartirás la carrera con otras personas que van en la misma dirección por sólo un CUC. Una vez dentro, solo debes seguir las normas del conductor, que con un gesto te dirá dónde sentarte dependiendo del lugar a donde vayas.

25. Tomar pollo grillé, en todos y cada uno de los restaurantes y casas y que cada vez te vendan que es su especialidad y que está exquisito.

26. Disfrutar de un viaje 100% détox digital (sin una pizca de Internet) y notar lo bien que sienta.

27. Volverte a refrigerar en el rooftop de una de las moradas del Hemingway en el Hotel Ambos Mundos, con una espectacular vista de la Habana Vieja.

28. Intentar bailar salsa con más o menos gracia en algún bar, soltarte la melena y sentir que no lo haces tan mal.

29. Una cena de lo más romántica en La Guarida, un impresionante paladar con un encanto indescriptible al que accedes por un portón desvencijado y una escalinata. Puedes acabar la noche copeando en su espectacular terraza que domina la ciudad.

30. Conseguir esquivar con elegancia a los “jineteros” que te perseguirán con una persistencia infinita por todas las calles de la ciudad para intentar venderte cualquier cosa.

31. Probar la ropa vieja, uno de los platos cubanos más típicos

32. Hacer fotos de cada rincón y no poder parar porque absolutamente todo es “fotografiable”.

33. Tomar unas mariquitas (snack de plátano frito) y una cerveza Cristal al caer la tarde en alguna de las terrazas de la Plaza Mayor.

34. Fumarte un Habano, un Montecristo, un Churchill de Romeo y Julieta o un Lancero de Cohíba frente al Parque Central en el famoso Hotel Inglaterra como en la época dorada de los años 30.

35. Pasear por el barrio residencial de Vedado, entre sus casas coloniales con jardín e impresionantes edificaciones; seguir paseando y no cansarte.

36. Tomar taxis antiguos de colores improbables, rosa chicle, verde manzana, celeste, amarillo crema…

37. Descubrir la arquitectura y vegetación del Vedado con algún experto que te cuente su origen y anécdotas.

38. Tomar un vaso de agua filtrada por los métodos antiguos en la singular Casa del Agua La Tinaja

39. Disfrutar de la arquitectura cubana, como el Edificio Bacardí, el Teatro Fausto o el Teatro América.

40. “Hacer la cola” al estilo cubano, con mucho orden y relax; debajo de un árbol, en un parque, o desde un banco a unos metros del lugar, sabiendo que nadie se va a colar porque has pedido la vez. (Para la organización, la idea es que cada persona memorice la cara del anterior).

41. Terminar la estancia con una impresionante panorámica desde La Torre, el restaurante de la planta 33 del mítico edificio Focsa, una de las 7 maravillas de la ingeniería civil cubana y una gran innovación de los años 50.




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GUIA EN LA HABANA (Recorridos de Ciudad en la Habana Vieja):
Humberto Linares
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viernes, 23 de septiembre de 2016

Enseñanzas




Ayer partió para España un amigo entrañable , parece ser que lo conozco hace décadas, y no, en esta vida  lo conocí en Mayo del 2014. Muchas cosas hemos vivido juntos en solamente unos pocos días. Unas cinco veces en dos años . Me ayudó durante los días en que mi papá murió, ha hecho feliz a mi madre con toneladas de chocolate y muchos quieros, me ha presentado amigos de tan buenos sentimientos como los suyos, me ha traído regalos inalcanzables para un maestro en Cuba, me ha traído libros, me ha hecho enfrentar miedos con el corazón abierto y me ha hecho reir mucho.

Este viaje que culminó ayer fue también importante porque ayudó mucho a alguien muy querido.

Como siempre que se marcha me queda un vacío, pensamientos muy grandes para caber en mi alma o mi cerebro , y entonces me quedo pensando por días , en silencio.
Hoy, en uno de esos momentos pensé en lo que Ismael me ha tratado de enseñar desde su primer viaje. Según él ya lo sabia antes de conocernos, ya lo estaba haciendo bastante bien.

En cuanto  a él lo principal es su amor hacia los demás.

 Solamente desde el corazón podemos tocar el cielo dijo Rumi.

Unas horas antes de irse me enfatizó nuevamente en la meditación.

Y es cierta la importancia del silencio, de la mente en calma. Al estar en calma uno comienza  a escuchar  la sabiduría del  mundo real: las plantas, los animales, los susurros de los sueños  y se aprende el sutil mecanismo por el cual los sueños se manifiestan de forma material.
Acá están algunos de los pensamientos que han generado las visitas de Ismael. ¡pobre de mi y mi espíritu con tanto que hacer y pensar!

Vivimos nuestras vidas buscando la felicidad allá, afuera, como si fuera una mercancía.
Nos hemos convertido en esclavos de nuestros propios deseos y anhelos.  
La felicidad no es algo que pueda ser comprado como auto, un traje, unas zapatillas. Pensar así es vivir una ilusión, el juego interminable del mercado. Es el perseguir el placer , evitar el sufrimiento.  Todo lo que hacemos es con el objetivo de crear placer, para obtener algo que deseamos o para evitar algo que es indeseable.
Incluso los seres unicelulares hacen esto, pero a diferencia de ellos los seres humanos tenemos mas posibilidades de elección. Somos libres para pensar. Pero ahí también hay un problema. Alguien dijo : ‘ aquel que mira hacia afuera sueña , aquel que mira hacia adentro despierta’
No tiene nada de malo soñar , querer ser feliz, lo que está mal es buscar la felicidad afuera cuando solo se puede encontrar en nuestro interior.
Existe un estadística asombrosa: cada dos días creamos la misma cantidad de información que hemos creado desde los albores de la civilización hasta el año 2003. Sin embargo, mientras mas datos, mientras mas usamos nuestra mente hay mas confusión en el planeta. ¿de que sirve tanto desarrollo en la información y la tecnología si no sirve, si no ayuda a la felicidad?
¿somos más felices, más ecuánimes , más alegres como resultado de la modernidad?
 Quizás la modernidad nos desconecta de una experiencia mas profunda, más significativa de la vida.  Ciertamente vivimos mas tiempo, todo está al alcance de la mano. Pensar, actuar y hacer deben estar en equilibrio. Porque somos seres humanos no actos humanos.

Con una fascinación morbosa observamos asesinatos, tsunamis, terremotos y guerras, constantemente tratamos de ocupar nuestra mente llenándola de información y de todas las trivialidades posibles. Y los que pueden tener un momento de reflexión interior su corazón les dice que hay algo mas, pero vivimos en un mundo de espíritus hambrientos  deseando cada vez mas y nunca satisfechos .

Entonces, ¿qué podemos hacer? Nosotros los occidentales hemos desarrollado técnicas y análisis para investigar el mundo exterior, las culturas orientales han desarrollado técnicas igualmente sofisticadas para explorar el espacio interior. Pero  el pensamiento occidental es el que se ha impuesto  y por lo tanto  se ha creado un desequilibrio en nuestro planeta. El antiguo dicho  ‘conocete a ti mismo’  ha sido sustituido por la experimentación en el mundo externo.
Entonces , pensando un poco en esa forma de pensamiento oriental la verdad no yace en encontrar mas respuestas sino en hacernos menos preguntas,  porque parece que no estamos buscando el significado de la vida sino la experiencia de estar vivos.
Entonces, mientras mejor comprendamos esto mas cerca estaremos de estar despiertos y  por lo tanto con menos sufrimiento.
En años recientes se manejan conceptos como la neuro-plasticidad. Literalmente sería algo como si tenemos pensamientos de temor, preocupación, ansiedad y negatividad estamos creando mas conexiones neuronales para esos tipos de pensamientos. Si tenemos pensamientos de compasión, amor , gratitud y la alegría se crean las conexiones para repetir esas experiencias. Pero, ¿cómo hacerlo cuando estamos rodeados de violencia y sufrimiento? ¿no es un auto engaño?
Creo que la diferencia con  la Nueva Era está en que se debe aceptar la realidad como realmente es, y se debe vivirla en el nivel básico, sin prejuicio. La mayor parte de tiempo es de manera contraria:  permitimos que el mundo exterior cree nuestras redes neuronales.

Lei en algun lugar y lo guarde' en una notica dentro de un libro muy especial para mi:

No lo que ojo puede ver, sino mediante lo cual puede ver el ojo. No lo que el oído puede escuchar, sino mediante lo cual puede escuchar el oído. No lo que el habla puede iluminar, sino mediante lo cual el habla puede iluminarse. No lo que la mente puede pensar, sino mediante lo cual la mente puede pensar.
Toma conciencia de todo esto para entender la eternidad y no lo que la gente aquí adora

Desde Cuba, un abrazo fuerte para ti, Ismael.





martes, 20 de septiembre de 2016

Recuerdos, o un diario malogrado III

Durante muchos años toda la vida del piso 10 acababa a las cuatro y media cuando se cerraban las puertas del departamento de ama de llaves y las camareras bajaban esos diez pisos para irse a casa.
Todo un piso del largo y ancho del hotel quedaba vacío cada noche. E incluso por el día solo un tercio era utilizado, y a veces ni eso.

Ventanales y ventanales , entre veinte y veinticinco , mayormente de dos hojas que se abrían unos hacia la ciudad y otros hacia el mar. Otros solo dejaban pasar la luz pues eran de un cristal opaco que en el medio tenia como unos entramado de alambre en forma de colmena que supongo era para en caso de huracanes y posible rotura no se rompiera en mil pedazos que volarían desde una altura increíble como proyectiles sobre la ciudad y caerían sobre las casas vecinas, sus patios, las aceras. Es un edificio de diez pisos que equivaldrían a veinte de los de hoy en día.
En todo ese paraíso de luz y olor a mar , pues el hotel se encuentra a solo dos cuadras del océano y sin obstáculos entre ellos, había un área que siempre estaba oscura y cerrada. Yo le decía el almacén, aunque en verdad no lo era desde el punto de vista del trabajo del hotel en si mismo.
Así que una vez despachado el día comenzaba la magia.
Es decir, las camareras para sus pisos con sus enormes bultos de ropa limpia: sabanas, fundas y toallas  impregnando de olor a nuevo y limpio los elevadores.  Los reportes de habitaciones entregados para poner en pequeñas casillas y mediante números la historia de la noche en cada habitación, en cada piso. Las supervisoras ya buscando los errores de alguna camarera descuidada y ellas mismas tratando de escapar del calor o el frío del día refugiándose en una limonada o un té tempranero en la cocina, donde estaba El guajiro, un cocinero tosco y vulgar, pero con un cuerpo que valía la pena admirar a través de su uniforme blanco como la masa del coco.
Entonces el décimo piso quedaba con solo dos empleadas: el Ama de Llaves y la encargada de la ropería. Y yo. Y los ruidos que solo se podían percibir en el silencio de las alturas.
Durante años ese silencio estuvo interrumpido algunas veces por personajes, o personas que no sabia decir si eran reales o no. Es decir, entraban poco tiempo, hacían algo por allí y se marchaban como habían llegado, desde la nada. Quizás con muchos de esos personajes sucedió como con la lámpara de la historia infantil, cuando uno frotaba alguno de los objetos que pertenecieron a ellos entonces de alguna manera alguien nuevo para mi, pero en cierta forma siempre presente en el hotel se hacia visible e interactuaba quizás por ultima vez con alguien de este mundo, de esta época.
Y es que era muy difícil ignorar todos esos tesoros tirados en el almacén del piso 10. Allí se habían puesto y cada año aumentaban las pertenencias de todos aquellos que habían fallecido en el hotel, o que se habían marchado y dejaban muchas pertenencias detrás sin decir si algún día retornarían por ellas. Y también había muchas cosas del hotel, los recuerdos de un  lujo ya ido para siempre.
Vajillas de porcelana holandesa, con amplios platos llanos y hondos tan blancos que incluso en la semi oscuridad de aquel lugar cuyas ventanas estaban permanentemente cerradas le daban la bienvenida alegremente a cualquier rayo de luz, natural o artificial y respondían con un destello puro, aunque breve. Algunas de ellas tenían paisajes de mar todo en azul y todas tenían un número en el la parte del fondo que se ponía sobre la mesa. Siempre me pregunté como es que los empleados y empleadas no se llevaban esos platos en una época en que ya faltaban en Cuba tantas cosas de las tiendas, para no decir vajillas, ni tan siquiera habían platos. Ya la mayoría de las casa tenían solo los platos exactos de acuerdo a la cantidad de miembros de la familia y se trataban con mucho cuidado para que no se rompieran. Vendrían tiempos peores en que serían sustituidos por platos plásticos. Pero supongo que la carga de honestidad era bien fuerte y en general la gente no tocaba lo que no les pertenecía.
Pero se acercaba una época cuando todo esto cambiaria.
Entonces era difícil escarbar entre tanta losa pesada, cajas y cajas que iba moviendo poco a poco, para que no se dieran cuenta de que yo exploraba y buscaba un posible tesoro.
Aprovechaba cualquier resquicio, cualquier espacio entre caja y caja y metía mi mano de niño de 7 años y sacaba siempre algo interesante. Ajeno por entonces  a palabras como diamante, diadema, perla, terciopelo, satín, rubí, brazalete , tiara,  las cosas eran solo bonitas o feas, brillantes, doradas y plateadas.

Así que poco a poco  se iba formando en mi mente un mejor cuadro del ambiente de ese hotel. Ese hotel que fue construido para una gente muy diferente a la que me rodeaba, no solo por el tiempo, sino también por muchas otras cosas. Sus pertenencias me remitían  a una época en que el hotel estaba lleno d personas elegantes, que comían con cubiertos de plata y en porcelana holandesa sobre manteles de hilo. Sus muebles eran de caoba y ébano, sus amplios baños estaban cubiertos de azulejos blancos como la luna en primavera y que venían de tierras distantes. En el bar del hotel escuchaban de seguro esa música que muchos años después estaría prohibida no solo allí mismo sino en toda Cuba.  Y aunque como alguna gente dice el pecado siempre ha existido de seguro las relaciones entre los seres humanos eran menos directas. Habían otras prohibiciones y otras maneras de escabullirse entre las reglas y la moralidad de aquel momento.
Aquellos pasillos largos y luminosos en la época del socialismo por la falta de cortinajes fueron de seguro atemperados  y mas reservados en las primeras décadas del siglo. Las alfombras no permitían que el taconeo de los zapatos de una mujer infiel o liberada de las ataduras la denunciara en su camino al elevador o de allí a la habitación.
Todavía habían restos de pétalos de flores secos en algún que otro jarrón que en cada habitación estaba sobre la mesita que siempre frente a la ventana permitía llenar el aire con aroma de rosas o violetas, o una mezcla de ellos al entrar el aire e impulsarlo hacia adentro. Siempre se prefería eso a los aun toscos y fuertes aromas químicos que olían a pino. Los búcaros que más me gustaban eran los de un cristal verde y transparente. Brillan particularmente en la penumbra, dándole un aire esmeralda a la habitación. Los había altos y esbeltos que supongo por los golpes de viento y lo delicado de su porte solo quedaban dos en aquel almacén oscuro, y los había mas bajos que siempre me parecían como sombreros de ala ancha puestos al revés. De esos había 3 tamaños, medianos, pequeños y grandes. Para pétalos de flores y bombones, para las esencias y pequeños jabones, y para arreglos florales o memorabilia.

Aun recuerdo, cuando ya tenia unos 15 años,  y ya era hora de cerrar el hotel para una reparación total, que el administrador socialista le daba a los trabajadores la posibilidad de llevarse los restos de aquella época que aun quedaban en el hotel porque los consideraba sin valor. Fue como un zafarrancho y toda aquella gente con ya mas de 20 años de necesidades y hogares escasamente montados la emprendieron a martillazos sobre los azulejos de los baños y los pasillos, arrancaban de las paredes adornos de porcelana que se desmoronaban en aquellas manos que para nada comprendían la delicadeza de aquellas piezas que fueron hechas y transportadas con cuidados esmerados para deleitar los sentidos de personas que debían sentirse como en casa, e incluso lograr que convirtieran el hotel en su casa y no se fueran en mucho tiempo. . .o nunca mas.
Aquellos trabajadores de los servicios que ya no eran escogidos por un Ama de Llaves exigente, ni tenían que presentar una hoja de servicio o una recomendación de empleadores anteriores sino mas bien estaban en la escala mas baja del socialismo de los 1980’s se abalanzaban sobre lo que era mas importante para ellos: azulejos, piezas de los baños, herrajes, picaportes de puertas hechos de cristal, espejos enormes que había en cada puerta de cada closet de cada habitación. Y en esa locura de trabajadores recorriendo piso tras piso, desmantelando en un fin de semana el trabajo de años de cientos o quizás miles de hombres y mujeres  iban destrozando los detalles que hacían del hotel un lugar especial aun tantos años después y el abandono de un sistema que quería ignorar y denigrar al mundo burgués de antaño.
Entré en una de las pocas habitaciones que había estado cerrada y solo atiné a tomar entre mis brazos los tres búcaros verdes, uno dentro del otro encajaban perfectamente, y apartarme a una esquina de la habitación cerca de la puerta. Pegado a la pared, para no ser atropellado, iba acercándome a la puerta y cuando ya estaba a un paso sentí una mirada posándose sobre mí. Sonriendo de manera condescendiente me pasó su brazo sobre los hombros y me llevó hasta el pasillo. “Llévatelos, no te preocupes, y esto también” me dijo mientras arrancaba un picaporte color lila.
Mi mirada le hizo mil preguntas , e inclinándose me respondió mis mil porqués: ‘ si esto te parece horrible, es preferible que sea así. Me costó mucho lograr que le dieran a los trabajadores esta posibilidad. Las bestias de la demolición de interiores llegaran en unos días. De todos modos es bueno saber que alguien tendrá una cosa linda en una casa (dijo esto mirando los búcaros entre mis brazos), o tendrán un baño azulejado, o podrán hacer sus necesidades en una taza decente sin peligro de rajarse de arriba abajo’ 

Recuerdos I:  http://habana-havana.blogspot.com/2016/09/recuerdos-o-un-diario-malogrado-i.html


Recuerdos II:  http://habana-havana.blogspot.com/2016/09/recuerdos-o-un-diario-malogrado-ii.html



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