viernes, 23 de enero de 2026

CUBA, EXPLICANDO EL BLOQUEO. (parte 2)

 

Imaginemos una Cuba sin bloqueo con 100% de alfabetización, posición geográfica envidiable por estar en el centro del continente, 30 a 40% de la población es profesional, con acceso a créditos y préstamos sin hostilidad, y un apoyo popular casi de un 87%

 


Esto dibuja lo que en teoría política se llamaría una potencia regional de bienestar. Si eliminamos la variable de la hostilidad y mantenemos los logros sociales , el escenario que se proyectaría no solo es lógico, sino que explica por qué Cuba es vista como una amenaza tan peligrosa para el status quo de ciertos sectores: porque el éxito de ese modelo sería el fin del paradigma neoliberal en América Latina.

Bajo esas condiciones (alfabetización total, capital humano profesional masivo y paz comercial), Cuba operaría con unas ventajas competitivas que pocos países en el mundo poseen.

 El motor del Capital Humano (La mayor ventaja)

Ese 30-40% de población profesional es, en términos económicos, un activo de alto valor.

  • Economía del conocimiento: Sin bloqueo, Cuba podría ser el hub tecnológico y científico de la región. Sus biotecnólogos y médicos no solo salvarían vidas, sino que generarían patentes y divisas masivas al exportar servicios y productos de alta tecnología sin trabas financieras.
  • Eficiencia profesional: Un país donde un ingeniero o un científico tiene acceso a las últimas herramientas y créditos para emprender sería, casi con seguridad, un exportador neto de valor añadido, no solo de materias primas.

 

 La posición geográfica: De "llave del Golfo" a centro logístico

Sin la hostilidad de EE. UU., el puerto del Mariel y la infraestructura logística de la isla se convertirían en el centro de transbordo más importante del Caribe.

  • Cuba dejaría de ser una isla aislada para ser el puente natural entre Europa, América del Norte y el Canal de Panamá. Su posición envidiable dejaría de ser un peligro geopolítico para ser una mina de oro comercial.

3. El factor del Apoyo Popular y la Estabilidad

Un apoyo popular en un contexto de prosperidad económica eliminaría lo que los críticos llaman "autoritarismo".

  • Si el sistema logra satisfacer las necesidades materiales basándose en su éxito social previo, la cohesión social sería inquebrantable. Ninguna campaña de desestabilización externa tendría tracción en una población que disfruta de salud, educación y, además, de una economía pujante y soberana.

Análisis de la Verdad (El contra-argumento del "Poder")

Si este escenario es tan claramente exitoso, la pregunta que surge desde el rigor intelectual es: ¿Por qué se mantiene el bloqueo con tanta saña?

La respuesta refuerza este punto: El bloqueo existe precisamente para evitar que ese escenario ocurra.

  • Si Cuba prosperara sin bloqueo, demostraría que un sistema no capitalista puede ser más eficiente, culto y justo que el modelo propuesto por Washington.
  • Por lo tanto, el bloqueo no es para "castigar un fracaso", sino para forzarlo. Se busca deformar la base (como dije antes) para que el ejemplo de éxito sea imposible de materializar.
fin parte 2






Humberto. Tours en la Habana. Historia, Arte, Sociedad. WhatsApp+5352646921  

CUBA. EXPLICANDO EL BLOQUEO ( parte 1)

 El término "paradigma" aplicado a Cuba es una de las etiquetas más complejas y divisivas de la geopolítica contemporánea. Dependiendo de quién haga el análisis, Cuba se presenta como un paradigma de resistencia y justicia social o como un paradigma de fracaso económico y autoritarismo.



1. Paradigma de Soberanía y Resistencia

Desde la perspectiva del sur global y de movimientos de izquierda, Cuba es un paradigma porque logró mantener un sistema político y económico alternativo a solo 90 millas de Estados Unidos durante más de 60 años.

  • Resistencia al bloqueo: Se percibe como un símbolo de "resiliencia nacional" frente a sanciones económicas extremas.
  • Influencia ideológica: La Revolución de 1959 rompió el paradigma de la "geografía como destino", demostrando que un país pequeño podía desafiar la hegemonía regional y exportar su ideología a África y América Latina

 

2. Paradigma del Bienestar Social en el Subdesarrollo

Cuba ha sido citada frecuentemente por organismos internacionales (como la UNESCO o la OPS) por alcanzar indicadores sociales de primer mundo con una economía de país en desarrollo.

  • Salud y Educación: Sus tasas de alfabetización y mortalidad infantil suelen ser comparables a las de países europeos, superando ampliamente a la media latinoamericana.
  • Diplomacia médica: El envío de brigadas médicas al extranjero es un ejemplo de "poder blando" que posiciona a la isla como un paradigma de solidaridad. 

Para ser rigurosos y no caer en sesgos, debemos analizar cómo la ONU y otros organismos explican la crisis actual de Cuba, diferenciando entre la causa externa (el bloqueo)

 El Bloqueo como "Causa Raíz" (Consenso ONU)

La postura mayoritaria de las Naciones Unidas, respaldada por informes de relatores especiales (como Alena Douhan en sus informes de 2024 y 2025), sostiene que:

  • Efecto Multiplicador: Las sanciones no solo impiden el comercio con EE. UU., sino que tienen un carácter extraterritorial que asfixia el acceso de Cuba a créditos internacionales y medicinas.
  • Impacto Humanitario: La ONU reconoce que el bloqueo es el principal obstáculo para el desarrollo de la isla y que "exacerba sustancialmente" la escasez de alimentos y energía.
  • Ilegalidad: La mayoría de las naciones consideran que estas medidas violan el derecho internacional y los derechos humanos de la población civil.

 Es absolutamente lógico. Desde una perspectiva sociológica y económica, es imposible analizar la migración cubana sin entender qué ocurre en un contexto de asfixia inducida.

el término "migración" a menudo se queda corto; para muchos analistas y para el propio gobierno cubano, se trata de un desplazamiento forzado por causas económicas y políticas externas.

  La lógica de la supervivencia bajo asedio

Cuando un país enfrenta lo que bien se define como una "guerra radioelectrónica, financiera y comercial" por más de seis décadas, el horizonte de planificación de vida del ciudadano se rompe.

  • Asfixia de servicios básicos: El informe de Cuba ante la ONU en septiembre de 2025 cifró los daños del bloqueo en más de 7,500 millones de dólares anuales. Esto se traduce directamente en la falta de piezas de repuesto para centrales eléctricas, escasez de insumos médicos y falta de fertilizantes.
  • Incentivo migratorio como arma: Históricamente, se argumenta que EE. UU. ha utilizado la migración como una válvula de escape y, a la vez, como una herramienta de desestabilización (como la Ley de Ajuste Cubano), creando un escenario donde el éxito personal se proyecta fuera de la isla, no por falta de voluntad individual, sino por la imposibilidad material de prosperar bajo tales sanciones.

 

La "Guerra Radioeléctrica"

Cuba es el único país del mundo que tiene estaciones de radio y TV (como Radio y TV Martí) financiadas por una potencia extranjera con el objetivo explícito de promover un cambio de sistema.

  • Impacto psicológico: Esta presión constante genera un estado de fatiga social. La población no solo sufre la carencia material, sino también una narrativa externa constante que señala al Estado como el único culpable, omitiendo el factor del bloqueo.

 

  • El paradigma de la "Paradoja Migratoria"

Aquí es donde el análisis debe ser más incisivo:

  • El Capital Humano: Cuba es un paradigma de contradicción: el sistema forma profesionales de altísimo nivel (médicos, ingenieros, científicos) de forma gratuita, pero el bloqueo impide que la economía nacional absorba esa capacidad de manera productiva.
  • Drenaje de cerebros: El 30% de los emigrados en 2024 y 2025 fueron jóvenes de entre 15 y 34 años. Esto no es solo una "decisión lógica" de los individuos; es una transferencia de riqueza humana desde un país bloqueado hacia el país que lo bloquea.

 

el caso de Cuba es absolutamente excepcional. No existe otro país en la historia moderna que haya sido sometido a un cerco de tal magnitud, duración y sofisticación por parte de la mayor potencia económica y militar del planeta.

Si queremos ser intelectualmente honestos, debemos admitir que comparar a Cuba con cualquier otro país "sancionado" (como Irán o Rusia) es un error metodológico, porque ninguno de ellos enfrenta un marco legal tan específico y extraterritorial como la Ley Helms-Burton.

Aquí detallo los puntos que son los que realmente configuran el "paradigma" de la resistencia cubana:

La excepcionalidad de la duración y el alcance

no son solo sanciones comerciales; es una estrategia de guerra total por medios no convencionales:

  • Guerra bacteriológica: Existen denuncias documentadas y desclasificadas sobre la introducción de plagas como la fiebre porcina africana (1971) o el dengue hemorrágico (1981), además de ataques contra cultivos de tabaco y caña de azúcar. Estos actos buscan destruir la base alimentaria y económica, no solo presionar al gobierno.
  • Aislamiento diplomático: En los años 1960s, EE. UU. logró que todos los países de América Latina (excepto México) rompieran relaciones con la isla. Cuba tuvo que sobrevivir en un entorno regional hostil diseñado para su asfixia.

 

  •  El bloqueo como arquitectura jurídica única

El bloqueo no es una simple orden ejecutiva; es un entramado de leyes que impide que Cuba use el dólar en transacciones internacionales y que sanciona a bancos de terceros países por el simple hecho de tramitar pagos cubanos

  • Corte de créditos: Al no poder acceder a organismos como el Banco Mundial o el FMI, Cuba no tiene los mecanismos de alivio que cualquier otro país en desarrollo utiliza ante desastres naturales o crisis globales.
  • Prohibición de viajes: El hecho de que a ciudadanos estadounidenses se les prohíba viajar a Cuba (una violación de sus propios derechos constitucionales) busca cortar de raíz la industria turística, el motor natural de la economía isleña.

 

  •  El paradigma del "Laboratorio de Resistencia"

Cuba es un paradigma porque ha sobrevivido a lo imposible. Bajo estas premisas:

  • El solo hecho de que el Estado cubano siga funcionando, ofreciendo salud gratuita y educación en 2026, después de 60 años de asedio, es visto por muchos como un triunfo de la voluntad política sobre la fuerza económica.
  • La emigración, por lo tanto debe leerse como el resultado inevitable de una "zona de guerra económica" donde la vida cotidiana se vuelve una lucha de resistencia extenuante. 

Desde este prisma, Cuba no puede ser juzgada bajo los parámetros de una democracia liberal estable o una economía de mercado estándar, porque su existencia misma es una anomalía sistémica provocada por el asedio. 

 La deformación de la base: El estado de sitio permanente

Cuando una sociedad vive bajo una "guerra de baja intensidad" durante décadas, todas sus instituciones se adaptan para la supervivencia, no para la eficiencia :

  • Centralización como defensa: La concentración del poder y la planificación centralizada no son solo preferencias ideológicas; se convierten en mecanismos de control de daños para distribuir recursos escasos y evitar que la presión externa fragmente la unidad nacional.
  • Economía de resistencia: Las decisiones económicas "equivocadas" suelen ser intentos de parchear crisis inmediatas (como la falta de combustible o divisas) en lugar de estrategias de desarrollo a largo plazo. Es como intentar reparar un motor mientras el coche está siendo apedreado.

 

  • El error como síntoma de la presión

 incluso las reformas internas que han fallado (como la unificación monetaria o las trabas a la producción agrícola) no ocurren en un vacío:

  • Ocurren bajo el miedo a que una apertura excesiva sea aprovechada por la inteligencia extranjera para la desestabilización.
  • Ocurren sin acceso a capital internacional que permita amortiguar el impacto social de dichas reformas.
  • Resultado: La deformación externa obliga al Estado a moverse entre dos abismos: la inmovilidad que asfixia y la reforma que, sin capital ni paz comercial, genera caos.

3. El paradigma de la "Soberanía a cualquier precio"

Aquí llegamos al núcleo de por qué Cuba es un paradigma. La isla representa el experimento histórico de hasta dónde puede llegar un pueblo para mantener su soberanía frente a la hegemonía.

fin parte 1






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miércoles, 24 de diciembre de 2025

Agradecimiento

Agradecimiento y Conexión Humana



Cada vez que colocamos un plato de arroz sobre la mesa, se despliega ante nosotros una red de esfuerzos, de personas y de historias que, muchas veces, permanecen ocultas a nuestros ojos. Desde el  agricultor que siembra  la tierra, hasta el marinero que transporta el grano a través de mares lejanos, cada paso de este viaje es un testimonio de la interconexión humana.

En el campo, el agricultor no solo cultiva arroz, sino que también siembra paciencia, conocimiento y esperanza. Luego, el cosechador recoge con esmero cada grano, y el trabajador que elabora los insecticidas cuida la cosecha con un compromiso silencioso.

Pero el viaje del arroz no termina allí. En el camino hacia nuestra mesa, intervienen también los transportistas que, con sus camiones y barcos, hacen posible que el arroz cruce fronteras. Marineros, estibadores y conductores forman parte esencial de esta cadena, garantizando que el grano llegue en óptimas condiciones.

Al final, cuando lo cocinamos en casa, nos encontramos con el fruto de una cooperación inmensa, que trasciende la distancia y las diferencias. Este reconocimiento nos invita a un agradecimiento genuino, a valorar no solo el producto final, sino a las personas que, con su trabajo, lo hacen posible.

En este sentido, el agradecimiento se convierte en un puente que nos conecta con la humanidad, recordándonos que somos parte de una red de interdependencia que va mucho más allá de lo que vemos.

Y, al pensar en lugares como Cuba, donde las barreras comerciales y las limitaciones de importación hacen que este proceso sea aún más complejo, el valor de cada esfuerzo y de cada persona se vuelve aún más evidente.

Al final, el agradecimiento no es solo un acto de cortesía, sino un reconocimiento profundo de la conexión que compartimos con cada ser humano en esta cadena de vida.


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sábado, 13 de diciembre de 2025

Cuba, Turismo, lo que no hacemos

 Turismo: la arquitectura invisible de un sueño colectivo

El turismo no comienza con un avión aterrizando ni con una foto en Instagram. Comienza mucho antes, en un gesto mínimo: una imagen, una historia escuchada al pasar, una melodía que despierta curiosidad. El turismo es, ante todo, la creación de un sueño. Y como todo sueño poderoso, se construye desde lo pequeño hasta lo monumental, desde los detalles casi invisibles hasta las grandes narrativas que movilizan a millones de personas a cruzar fronteras.

Un destino no se “vende”; se imagina primero. Se imagina cuando alguien logra condensar la esencia de un lugar en símbolos comprensibles y deseables: una calle, un aroma, un ritmo musical, una forma de mirar al visitante. Un grupo musical que marca una época.Esa es la verdadera materia prima del turismo contemporáneo. No el hotel, no el paquete, sino la promesa de una experiencia que parece única y, al mismo tiempo, profundamente humana.

Construir un mundo coherente alrededor de esa promesa exige algo más complejo que infraestructura. Exige visión. Cada región que aspira a atraer viajeros necesita diseñar su propio universo simbólico, alineado con su historia, su carácter y sus límites reales. La música no es un adorno: es una declaración de identidad. El personal que recibe, guía y acompaña no es un recurso humano más, sino el rostro vivo del relato que se quiere contar. La eficiencia importa, pero la calidez y la inteligencia emocional importan más. Un turista puede perdonar una imperfección logística; rara vez perdona una experiencia humana vacía.

En ese mundo bien construido, las industrias locales dejan de ser secundarias y se convierten en protagonistas. La gastronomía, la artesanía, la agricultura, el diseño, el transporte, incluso los pequeños servicios cotidianos, forman parte del ecosistema del viaje. Cuando el turismo se integra de manera inteligente a la economía local, deja de ser extractivo y se vuelve regenerativo. No solo genera ingresos: refuerza el orgullo, preserva saberes y crea sentido de pertenencia. El visitante no consume un lugar; participa en él, aunque sea por unos días.

Pero nada de esto funciona si se ignora una pregunta clave: ¿por qué la gente se mueve? Millones de personas no viajan solo por ocio. Viajan por búsqueda. Búsqueda de belleza, de sentido, de descanso mental, de autenticidad, de historias que no se parezcan a las de su vida diaria. Viajan para confirmar que el mundo es más grande que su rutina, o para sentirse, por un instante, parte de algo distinto. Los destinos que entienden esto dejan de competir solo por precios o comodidades y empiezan a competir por significado.

Los temas relevantes que atraen hoy no son superficiales: cultura viva, memoria histórica, naturaleza respetada, seguridad emocional, experiencias que estimulan la inteligencia y no solo los sentidos. El turismo moderno no quiere decorados; quiere verdad bien narrada. Quiere complejidad explicada con honestidad, no simplificada hasta el cliché.

En última instancia, el turismo es una forma de arquitectura invisible. No se construye solo con cemento, sino con ideas, relatos, personas y coherencia. Cuando un destino logra alinear lo pequeño con lo grande, lo local con lo universal, lo económico con lo simbólico, ocurre algo poderoso: el sueño deja de ser publicidad y se convierte en experiencia real. Y entonces, casi sin darse cuenta, millones de personas comienzan a moverse hacia él.

A ese marco general se le pueden añadir ejemplos muy concretos que demuestran que nada de esto es teoría abstracta, sino práctica deliberada.

Pensemos en muchos pueblos del Mediterráneo —especialmente en Grecia, Italia y el sur de España— que han entendido el turismo como una obra de diseño integral. Santorini no es solo un accidente geográfico fotogénico: es un proyecto estético sostenido en el tiempo. Las fachadas blancas no son una casualidad romántica, sino una decisión colectiva que crea unidad visual, identidad inmediata y reconocimiento global. El azul de cúpulas y ventanas dialoga con el mar, el cielo y la luz. Incluso la normativa sobre alturas, materiales y colores responde a una lógica narrativa: nada debe romper el hechizo.

Lo mismo ocurre con pueblos como Positano o Ravello, en la costa Amalfitana. Allí, el trazado urbano, las terrazas escalonadas, la vegetación integrada a la arquitectura y la iluminación nocturna están pensados para prolongar la experiencia emocional más allá del día. La noche no apaga el destino: lo transforma. Las luces cálidas, discretas, dirigidas, convierten calles y escaleras en escenarios íntimos. El visitante no camina: deambula, se deja llevar, siente que forma parte de una postal viva.

En España, lugares como Mijas o Frigiliana han convertido el cuidado extremo del detalle en política cultural. Macetas, flores, rejas, empedrados, todo responde a una estética coherente que mezcla tradición, limpieza visual y sensación de orden. No es lujo ostentoso; es armonía. Y esa armonía transmite un mensaje silencioso pero poderoso: aquí hay identidad, aquí hay cuidado, aquí hay intención.

Incluso fuera del Mediterráneo europeo, el principio se repite. Marrakech, por ejemplo, ha logrado que su caos aparente funcione como experiencia dirigida. La música, los aromas, los colores, los ritmos del comercio y la hospitalidad están orquestados para generar inmersión sensorial. Nada es neutral: todo comunica. El turista no solo compra; interpreta, compara, recuerda.

Estos ejemplos tienen algo en común: no dejan nada al azar. El turismo funciona porque hay una visión compartida entre autoridades, empresarios y comunidad local. La iluminación no es solo funcional, es emocional. La pintura de una fachada no es solo mantenimiento, es lenguaje. El silencio o la música en ciertos espacios no son casuales, son decisiones estratégicas.

Ahí se entiende con claridad una idea central: los destinos que atraen millones no son necesariamente los más ricos en recursos naturales, sino los más inteligentes en la construcción de su mundo. Han comprendido que el turismo no es un flujo espontáneo, sino una coreografía delicada entre estética, cultura, economía local y psicología colectiva. Y cuando esa coreografía está bien ejecutada, el sueño no solo se imagina: se vive.


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Cuba, turismo, lo que debemos hacer


Reconstruir el deseo: una estrategia basada en la creación de un sueño

Partamos de una premisa incómoda pero necesaria: si Cuba decide relanzar su turismo en serio, no puede apoyarse únicamente en la nostalgia ni en lo que “siempre funcionó”. Las condiciones internas y externas obligan a asumir que, en muchos aspectos, se comienza casi desde cero. Eso no es solo una desventaja; también es una oportunidad rara: la posibilidad de rediseñar el relato, el ritmo y la experiencia sin el peso de inercias agotadas.

El objetivo central no debe ser “traer turistas”, sino reconstruir el deseo de ir a Cuba. Y el deseo, como vimos, se construye como un sueño coherente.


1. Definir el sueño: ¿qué Cuba se quiere contar?

Suposición a cuestionar: “Cuba se vende sola”.
Eso fue parcialmente cierto en otro contexto histórico. Hoy no lo es.

El primer paso no es logístico, es conceptual. Cuba necesita decidir qué historia quiere que el visitante imagine antes de llegar. No una caricatura congelada en los años 50, ni un discurso épico-político, sino una narrativa más compleja y honesta:

  • Cuba como isla cultural viva, no museo.
  • Cuba como lugar de pensamiento, arte y conversación, no solo ocio pasivo.
  • Cuba como experiencia humana intensa, con contradicciones explicadas, no ocultadas.

Ese sueño debe ser claro, repetible y reconocible en cada punto del viaje.


2. Microdiseño del entorno: empezar por lo pequeño

Lección mediterránea aplicada: el detalle crea credibilidad.

Antes de grandes inversiones, hay que intervenir quirúrgicamente espacios clave:

  • Zonas piloto en La Habana, Trinidad, Santiago, Cienfuegos: pocas calles, bien escogidas.
  • Fachadas con paletas de color coherentes (no “arreglar todo”, sino armonizar).
  • Iluminación nocturna cálida y narrativa: plazas, fachadas históricas, calles caminables.
  • Control visual: cables, carteles improvisados, ruido innecesario.

No se trata de lujo, sino de orden simbólico. Un visitante tolera carencias materiales; no tolera abandono visual.


3. Cultura como eje, no como adorno

Suposición errónea frecuente: la cultura es “extra” para el turista.
En realidad, es el producto principal.

Música

  • No música genérica “para turistas”, sino curaduría musical por zonas y horarios.
  • Espacios pequeños, íntimos, bien sonorizados.
  • Relación clara entre música y contexto histórico del lugar.

Artes visuales

  • Talleres abiertos, galerías vivas, artistas trabajando frente al público.
  • Rutas del arte contemporáneo y del arte popular explicadas, no improvisadas.

Literatura y pensamiento

  • Lecturas, tertulias, cafés culturales.
  • Cuba no solo como ritmo, sino como isla que piensa.

4. Historia narrada con inteligencia

Riesgo a evitar: propaganda o silencio.

La historia cubana es uno de los activos más potentes… si se cuenta bien.

  • Guías formados en historia crítica, no en consignas ni folclor.
  • Rutas temáticas: colonial, republicana, revolucionaria, contemporánea.
  • Espacios para preguntas incómodas. El visitante culto valora la honestidad más que la perfección.

La historia no debe imponer una conclusión, sino invitar a comprender procesos.


5. El factor humano: el verdadero lujo

Aquí no hay atajos.

  • Selección cuidadosa de personal turístico: actitud, curiosidad, lenguaje, criterio.
  • Formación en psicología del visitante, narrativa, manejo del conflicto.
  • El guía, el camarero, el recepcionista deben sentirse anfitriones, no empleados subordinados.

Un turista olvida una habitación; no olvida una conversación inteligente.


6. Industrias locales integradas al relato

El turismo no puede verse como un enclave separado.

  • Gastronomía con relato: origen de los platos, adaptaciones, historia.
  • Agricultura local conectada a restaurantes y experiencias.
  • Artesanía con autor identificado, no souvenirs anónimos.

Esto crea dos efectos simultáneos:

  1. Valor económico real.
  2. Sensación de autenticidad, que hoy es escasa y valiosa.

7. Segmentación clara: no todo el mundo es el público

Error clásico: querer atraer a “todos”.

Cuba debería priorizar:

  • Viajeros culturales.
  • Personas con interés en historia, arte, procesos sociales.
  • Turismo intelectual, creativo, de conversación.
  • Públicos de Canadá, Europa y América Latina con sensibilidad cultural.

Menos volumen, más densidad experiencial.


8. Comunicación: menos promesa, más atmósfera

La campaña internacional no debe gritar “ven”, sino sugerir.

  • Imágenes lentas, silencios, detalles.
  • Historias pequeñas: una calle, una charla, una canción.
  • Menos eslóganes, más sensación.

El sueño no se impone; se insinúa.


9. Coherencia política mínima (sin idealismos)

Aquí conviene ser brutalmente honesto:
ningún sueño turístico sobrevive si el visitante percibe arbitrariedad, maltrato o desorden extremo.

No se necesita perfección, pero sí:

  • Reglas claras.
  • Trato digno.
  • Sensación básica de seguridad y respeto.

El turismo no ignora la realidad política; la lee.


Cierre: de destino a experiencia significativa

Reanimar el turismo en Cuba no es reconstruir hoteles; es reconstruir sentido.
Es aceptar que el mundo cambió, que el visitante cambió, y que el valor ya no está en lo exótico barato, sino en lo auténtico bien pensado.

Si Cuba logra articular cultura, historia, arte, detalle urbano y calidad humana en un relato coherente, el sueño puede volver a existir. No como repetición del pasado, sino como algo más raro y más valioso: una experiencia que deja huella intelectual y emocional.

Y cuando eso ocurre, el turismo deja de ser solamente salvavidas económico y se convierte en lo que siempre debió ser: una forma de diálogo profundo entre un país y el mundo.

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miércoles, 10 de diciembre de 2025

Recuerdos. 1

Diario de una Habana que se apagaba despacio (fragmento, 1970)


Nací en La Habana cuando aún humeaban los rescoldos de una ciudad que había sido famosa por sus noches interminables. Nadie lo decía ya en voz alta, pero quedaban, desparramados como pruebas de otro tiempo, los vestigios de aquella capital que presumía de tener más cines que París y donde los grandes cabarets competían con los hoteles por las madrugadas. Una ciudad que servía de laboratorio para las compañías norteamericanas y de trampolín para los europeos que ansiaban seducir al mercado del norte a través del gusto exigente —y sorprendentemente americano— de nuestra clase media.


Yo vine al mundo cuando esa Habana aún no se había terminado de borrar.


En las fachadas de edificios y casonas, algunas de ellas ya fatigadas, sobrevivían placas corroídas que anunciaban consultorios de médicos ilustres: especialistas de renombre continental cuyos métodos terapéuticos habían sido noticia en revistas extranjeras, cirujanos discretos que reconstruían la virginidad de muchachas asustadas, doctores que amasaron fortunas atendiendo a estadounidenses que buscaban en La Habana aquello que su propio país les prohibía. Todavía estaban allí, sostenidas por tornillos herrumbrosos, como si se resistieran a desaparecer del todo.


Lo mismo ocurría con los viejos bancos: nombres solemnes incrustados en bronce sobre las paredes, testigos mudos de una prosperidad que había cambiado de dirección. Las aceras de granito de Centro Habana, con sus mosaicos de colores y letras incrustadas como tatuajes urbanos, marcaban espacios donde alguna vez corrieron cantidades de dinero que hoy nos resultarían inverosímiles.


Y los autos. Si ahora los clásicos son orgullo turístico, imagino que en mi infancia eran simplemente los únicos que quedaban. Eran reliquias vivas que se negaban a morir, fantasmas mecanizados de una época que no alcanzamos a conocer. Tener un auto privado ya no era signo de estatus, sino de supervivencia. Mi generación crecío aprendiendo a distinguir marcas y modelos que en otras partes del mundo eran piezas de museo.


Nací cuando el embargo apenas cumplía una década, aunque su sombra ya era larga. Aun así, la gente vestía ropa que venía del pasado: vestidos que habían sobrevivido a varias dueñas, camisas que guardaban la textura de una era distinta. Y, sin embargo, casi todo el mundo tenía a alguien en el extranjero: un primo que se fue, un amigo que no volvió, un silencio que empezaba a convertirse en costumbre.


Desde 1963, una palabra lo había cambiado todo: nacionalización. Primero los grandes negocios, después los medianos, más tarde los pequeños. Yo crecí creyendo —y quizá no me equivocaba— que la propiedad privada era un concepto de los libros, algo que mis padres recordaban y yo solo podía imaginar.


Pero no todo era pérdida. Para muchos, aquellos años se veían como una época heroica. Se hablaba con orgullo de los jóvenes que marcharon a erradicar el analfabetismo, de las reformas agrarias que prometieron devolver tierras robadas por generaciones, de las leyes de vivienda que, al menos en el discurso, ponían techo sobre las cabezas que lo habían esperado toda una vida. Era un país nuevo, aunque aún no supiéramos qué significaba exactamente esa novedad.


“Alea jacta est”, dirían algunos. La suerte estaba echada. Mi generación crecería bajo un rigor que querían llamar espartano: privaciones que se asumían como parte de una épica necesaria, austeridades que con el tiempo se volvieron paisaje. El tiempo pasaba, sí, pero lo hacía a un ritmo extraño. Lo advertíamos porque nuestros padres envejecían y nuestros abuelos morían; fuera de eso, todo permanecía igual: las casas, los carros, las ropas gastadas, la ausencia de novedades tecnológicas, la idea de que vivir era resistir en una cápsula de tiempo.


Y un día llegaron otros rubios. No los anglosajones del pasado, sino eslavos de gesto opaco, hombres que no venían por los cabarets sino por razones menos fáciles de explicar a un niño. Entendimos —sin que nadie lo explicara— que ya no estábamos solos en el mapa: éramos una pieza en un tablero inmenso llamado Guerra Fría.


Así crecimos: entre ruinas que no sabíamos que eran ruinas, entre épicas contadas en voz baja, entre un pasado que todavía respiraba y un futuro que todavía no tenía forma. Y así aprendimos que cada ciudad tiene dos historias: la que se vive y la que, años después, se recuerda. Esta es la mía.

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sábado, 6 de diciembre de 2025

La lógica de la tristeza y la lógica de la esperanza

 Ayer, por fin, hablé con mis amigas. Me contaron sus planes con una claridad que intenté recibir sin resistencia. No tengo ningún inconveniente —me repetí—, aunque en el fondo no sé desde cuándo venían gestándose esas ideas. Sin embargo, antes de que regresaran, yo mismo le había dicho que era muy posible que a mi madre no la aceptaran en la Embajada Española porque su identificación está muy gastada y ella muy mayor incluso para ir fuera de casa a las oficinas. Que, cuando volviera, hablaríamos de esa posibilidad… una posibilidad que, incluso sabiendo que existía desde hace tiempo, nunca estuvo entre mis intereses reales. No lo está todavía. 

Y se lo he dicho muchas veces a quienes han querido escucharlo. 

Porque para irse de un país no basta el deseo ajeno, ni el espejismo de un supermercado o unas tiendas llenas. No me veo marchándome sin capital, sin redes propias, sin un trabajo seguro. No me veo dependiendo de otros para sobrevivir en un lugar donde “no hacer las cosas que hace la gente” puede ser una sentencia. No me veo construyendo una vida con un pasaporte que, en teoría, abre puertas, pero que en la práctica no garantiza nada. 

Aun así, estuve pensando en el futuro. 

Un futuro incierto, sí, pero no improbable. Lo que está ocurriendo ahora en el Caribe podría terminar de formas que empujen a muchos hacia Cuba. Y quizás entonces escapar de la guerra —esa vieja idea soterrada en la historia de los pueblos— vuelva a parecer razonable. 

Una madrugada y una voz 

Hoy, a las cinco menos cuarto de la mañana, me desperté sin motivo aparente. Medité. Respiré. Y entonces ocurrió algo que hacía años no me visitaba: una voz interior, grave, solemne, ajena a mi propio tono habitual. No era mi voz, o quizá sí, pero transfigurada. 

Esa voz fue un aviso. 

La primera campanada de un ciclo duro, difícil, inevitable.  

Me dijo —o me dije— que voy a quedarme solo. Que los momentos más complejos de mi vida no los viviré acompañado. Mis amistades, mis afectos, mis posibles relaciones… todos estarán lejos, no por falta de amor sino por distancia. Por imposibilidad. Por la vida misma. 

Y que debo prepararme. 

Que tengo que asumir las pruebas venideras en soledad, porque así será. 

Desde esa voz comencé un diálogo interno. La lógica de lo que viene. La lógica de la tristeza.  

Cuando la tristeza hace cuentas 

Mi corazón esta entre pecho y espalda. Pero mi cerebro está donde siempre ha estado, y nunca me ha fallado. La mente opera con ecuaciones simples: dos más dos es cuatro. 

Así funciona la intuición cuando la vida te ha mostrado suficientes patrones. 

No es visión ni profecía: es lógica emocional en un país que ha aprendido a vivir entre despedidas. 

La “lógica de la tristeza” es esa ecuación invisible que guía a quienes creen que otra vida afuera significa felicidad. Y sí, quizás coman mejor, se vistan mejor, respiren con más holgura. Pero si la felicidad consiste solo en eso, entonces basta con ropa linda y comida abundante. 

Yo, si, siento una contentura cuando uso la ropa que me mandan mis amigos, cuando entro a la escuela bien presentado y mis alumnos me miran con ese “wow” que me devuelve un pedazo de autoestima. Es ego, lo sé, pero también es pertenencia.  Pero la felicidad es cuando enseño, ayudo, tomo manos de gente necesitada entre las mias. 

Y la misma lógica me dice tambien: el olvido es inevitable. Las personas prometen recordar, pero una vez resuelven sus necesidades, el olvido llega con la misma naturalidad con que llega el desayuno.  

La voz de esta madrugada fue clara:prepárate para el olvido. 

Porque vendrá. 

Porque siempre viene.  

Las lágrimas serán amargas, y solas. No habrá a quién recurrir dentro del desastre de salud pública, ni a quién llamar cuando llegue la hora oscura.  

La lógica de la esperanza 

Pero no todo es un cálculo frío. 

Existe también esa otra lógica: la esperanza. 

No funciona con operaciones exactas. 

No es cuatro ni seis ni ocho. 

La esperanza es 2 + 2 = ?

Un signo de interrogación que cabe dentro del pecho humano. 

Es esa voz —menos solemne pero más terca— que te dice que si eres una buena persona, si eres honesto, si te esfuerzas por los tuyos (y los míos son poquísimos), las cosas deberían salir bien. 

La experiencia dice que no siempre es así. 

Pero aun así existe ese motorcito, ese comodín emocional, esa pequeña modificación del banco duro que permite aguantar las diez horas.  

La esperanza es eso: 

no cambia la espera, pero amortigua.   

Comprender no es resignarse 

El amanecer de hoy me trajo estas meditaciones. 

Tristes, sí. 

Pero también iluminadoras. 

Es como cuando a un enfermo de cáncer le dicen que no hay nada que hacer. No es resignación, es comprensión. No se renuncia a vivir; se asume la verdad con la dignidad posible.  

Así estoy yo: 

entre la lógica de la tristeza y la lógica de la esperanza. 

Entre lo que sé y lo que deseo. 

Entre lo que ocurrirá y lo que todavía sueño.  

Lo único que queda es observar cómo se desarrollan los acontecimientos, con la serenidad de quien ya ha entendido que la vida, incluso en su forma más dura, sigue siendo vida. 

Y que mientras exista un 2 + 2 = ?, quizás todavía hay algo por lo que esperar. 

Humberto. Maestro y Guía de turismo. Tours en la Habana. Historia, Arte, Sociedad. 

WhatsApp+5352646921  





domingo, 26 de octubre de 2025

Cuba es diferente, y en este caso lamentablemente

Cuba y el reto de renacer su turismo bajo condiciones desiguales

En el mapa turístico del Caribe, Cuba ocupa un lugar tan singular como complejo. No es solo una isla de playas, música y memoria: es un país que enfrenta un entramado de obstáculos económicos y políticos que van mucho más allá de la pandemia. Quien observe con atención descubrirá que su desafío no es únicamente atraer viajeros, sino sobrevivir dentro de un sistema global que le cierra las puertas incluso a sus propios esfuerzos de recuperación.

El principal muro es el bloqueo económico de Estados Unidos, que no solo restringe el viaje de sus ciudadanos —uno de los mercados más cercanos y lucrativos del hemisferio—, sino que sanciona a empresas, aerolíneas, cruceros y plataformas financieras que intenten operar con la isla. La presión llega incluso a terceros países: compañías europeas, canadienses o latinoamericanas desisten de invertir por miedo a represalias. Es un cerco invisible pero asfixiante, que se traduce en menos vuelos, menos opciones, menos divisas y menos oportunidades para millones de cubanos.

A esto se suman limitaciones bancarias y tecnológicas que en pleno siglo XXI parecen anacrónicas: los viajeros no pueden usar sus tarjetas internacionales, reservar desde plataformas globales ni acceder fácilmente a servicios digitales. El resultado es un turismo que debe competir con destinos vecinos —como República Dominicana o México— en una carrera donde uno de los participantes corre con las piernas atadas.

El impacto se siente también en el terreno: infraestructuras envejecidas, dificultades para renovar hoteles y servicios, y una dependencia cada vez mayor de mercados distantes y volátiles, como el europeo o el ruso. Y aun así, contra toda lógica, el turismo cubano sigue respirando. No por milagro, sino por resiliencia.

Porque lo que sostiene a Cuba no son los créditos ni los circuitos financieros: es la capacidad creativa de su pueblo, su cultura viva, su sentido de hospitalidad y la autenticidad que ningún resort prefabricado puede imitar.


Más que un destino: una causa compartida

Cuando muchos viajeros eligen Cuba, lo hacen movidos no solo por la belleza de su naturaleza o la calidez de su gente, sino por una simpatía profunda hacia una nación que ha aportado tanto al mundo en lo cultural, lo científico y lo humano. En tiempos difíciles, cada visitante, cada mirada curiosa, cada noche en una casa particular o un hotel local, es un acto de solidaridad y reconocimiento.

Porque más allá de los obstáculos, Cuba conserva su cultura, su gente y su luz. Y a veces, para sostener un sueño, basta con eso: con un grano de arena, con una presencia, con no mirar hacia otro lado.




lunes, 8 de septiembre de 2025

¿GOBERNANZA GLOBAL o COMUNISMO?

 Muchos amigos, alumnos y personas en general me han preguntado recientemente si la llamada “Gobernanza Global”, propuesta por China en distintos foros internacionales, no es en el fondo una reedición de las ideas del comunismo. Otros, con genuina curiosidad, me interrogan sobre cómo sería en realidad una sociedad comunista, esa utopía tantas veces prometida y pocas veces descrita con detalle.

Como se supone que fui formado en esas ideas también se supone que  puedo  dar respuestas, pero no es tan fácil. Es mejor soñar.

La mejor manera de responder a esas inquietudes es con una reflexión abierta y optimista sobre cómo podría funcionar un mundo donde la política, la economía y la vida social estuvieran guiadas no por la lucha de poder, sino por el conocimiento, la cooperación y la búsqueda compartida de la felicidad.

Lo que sigue es un ejercicio de imaginación : un intento de dibujar cómo sería una sociedad verdaderamente post-escasez, sin dinero, sin fronteras y sin gobiernos tradicionales. Una sociedad donde la educación, el arte y la ciencia estén al servicio de liberar lo mejor del ser humano.

En otras palabras, esta es quizás la respuesta  a la pregunta: ¿cómo sería el comunismo entendido como la etapa más avanzada de la sociedad humana, esa hacia la cual todavía falta mucho por caminar? No se trata de un sueño perdido en el pasado ni de una promesa inmediata, sino de una posibilidad lejana que solo podrá alcanzarse cuando la humanidad haya resuelto sus problemas materiales y dado un salto en su desarrollo ético y cultural.


La Gobernanza Global: ¿Un Futuro Posible para la Humanidad?

1. Una Nueva Estructura de Gobierno

En esta visión de futuro, no existe un “gobierno” en el sentido tradicional. Han desaparecido políticos, partidos, ejércitos, fronteras y estados-nación. La Tierra se administra como un único sistema unificado, guiado por el conocimiento y no por la ambición.

La máxima autoridad sería algo así como un  Consejo de la Economía, integrado no por burócratas, sino por científicos, ingenieros, psicólogos, historiadores y otros expertos en distintas disciplinas. Su función no es mandar, sino planificar y optimizar la economía global para el bienestar de todos. Analizan datos, prevén necesidades y asignan recursos de forma eficiente y lógica.

La exploración espacial estará en manos de un Consejo Científico, que trabajará bajo los lineamientos del Consejo de la Economía. La colonización de otros sistemas solares sería considerada el gran proyecto común de la humanidad, al que se destinarían las mejores mentes y recursos.


2. La Base de la Sociedad: Conocimiento y Abundancia

El gran punto de partida fue la abolición de la escasez. Gracias a la energía abundante (fusión nuclear controlada u otra fuente similar) y a la automatización avanzada, la sociedad produce más de lo que necesita. El dinero ya no existe.

Los bienes y recursos estarian disponibles para todos, sin necesidad de acumular capital ni competir por sobrevivir. El trabajo repetitivo y alienante estaria en manos de máquinas y sistemas automatizados.

En este contexto, la vida humana se organiza de otra manera: las personas ya no trabajan para subsistir, sino para realizarse en su vocación creativa.


3. El Trabajo como Vocación Creativa

El concepto de “empleo” desaparece. Lo que existe es la actividad creativa, el impulso interno de cada persona a hacer lo que ama y lo que puede aportar al bien común.

La motivación ya no proviene de un salario, sino de la curiosidad, el deseo de crear, la pasión por aprender y el orgullo de contribuir. La mayor satisfacción es saber que el talento personal tiene valor para la comunidad.

La jerarquía social se mediría en términos de mérito intelectual y moral, no de poder ni riqueza. Los más admirados serían los grandes científicos, artistas, maestros y exploradores, aquellos que expanden el conocimiento o crean belleza.


4. La Educación: Descubrir el Potencial Único

La educación es el corazón de esta sociedad. Su objetivo no es uniformar, sino descubrir y nutrir la vocación innata de cada persona desde la infancia.

  • Detección de talentos temprana: se observan inclinaciones naturales y se personaliza la enseñanza para cultivar las capacidades únicas de cada niño.

  • Integración de saberes: ciencia y arte no están separados; el desarrollo físico, mental y creativo son partes de un mismo proceso.

  • El rol del maestro: los educadores son guías y mentores respetados, que inspiran en lugar de imponer.

  • Fin de la competencia: no existen exámenes como carrera por notas. La evaluación consiste en medir el progreso personal y la satisfacción interior.

De este modo, cada individuo se convierte en una persona completa, capaz de razonar con rigor científico, crear con sensibilidad artística y desarrollarse físicamente con plenitud.


5. El Nuevo Ser Humano

Quizás el cambio más profundo no es tecnológico, sino psicológico. La humanidad ha superado sus viejos demonios y ha dado origen al “Hombre Nuevo”.

  • Altruismo natural: egoísmo, envidia, avaricia y agresión son vistos como enfermedades del pasado, como nosotros vemos hoy la peste bubónica.

  • Racionalidad y lógica: las decisiones se toman en función de la razón y el bien común, no de prejuicios ni emociones primitivas.

  • Salud y longevidad: la medicina avanzada ha eliminado enfermedades y ralentizado el envejecimiento. Las personas son bellas, saludables y llenas de energía.

  • Felicidad activa: la realización personal proviene de la vocación y del aporte a la comunidad.


6. El Arte: Belleza como Necesidad Universal

En esta sociedad, el arte deja de ser un lujo para convertirse en una necesidad vital, tan fundamental como la ciencia o la educación.

  • Arte verdadero: expresa la belleza, la armonía y los ideales más elevados de la humanidad.

  • Función del arte: elevar el espíritu, fortalecer la empatía y recordar la grandeza alcanzada colectivamente.

  • Lenguaje común: con la unificación de la Tierra, el arte sintetiza lo mejor de todas las culturas y funciona como un idioma universal. Incluso se contempla que sea el medio para comunicarse con otras civilizaciones inteligentes.


7. La Felicidad Humana: Fundamento de la Utopía

La felicidad no se concibe como un placer pasivo, sino como la consecuencia natural de una sociedad sana y coherente.

  • Erradicación de la escasez: sin dinero ni propiedad privada, desaparecen guerras, crímenes y explotación.

  • Vocación como realización: cada persona encuentra su lugar en la comunidad a través de lo que ama hacer.

  • Evolución ética: la empatía, la razón, la creatividad y la cooperación se convierten en los impulsos dominantes.

  • Plenitud física y mental: la salud prolongada permite disfrutar una vida larga, activa y productiva.


Conclusión: Un Futuro Reconciliado con lo Humano

La gobernanza global no es un poder coercitivo, sino la administración científica de una sociedad pos-escasez. Es una tecnocracia benevolente donde las decisiones las toman los más sabios y capacitados, no los más poderosos o populares.

La humanidad, liberada de la escasez y de sus demonios internos, se une bajo un propósito común: explorar el cosmos, expandir el conocimiento y vivir en cooperación pacífica.

Este modelo afirma que el ser humano no es inherentemente conflictivo. Sus peores instintos han sido producto de sociedades enfermas. Al transformar la organización social, se libera el verdadero potencial humano: crear belleza, compartir conocimiento y alcanzar juntos la felicidad.

Humberto. Tours en la Habana. Historia, Arte, Sociedad. WhatsApp+5352646921 .